Capítulo 26

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Alejandra era una mujer muy sensata. Pero cuando te enamoras, a veces la sensatez se esfuma. Y justo fue eso lo que le pasó al pensar en ir a la casa de Fernando. Pero la curiosidad la estaba matando. En el trabajo, Aldo Dos santos le dijo que Fernando había pedido sus vacaciones, así que ella pensó que muy probablemente estaba con Leticia, su ex. Pero quería salir de dudas, quería comprobar por ella misma que había perdido toda esperanza con ese hombre del que estaba tan enamorada. Solo así podía descansar y cerrar ese capítulo, o bien, en el mejor de los casos, reavivar su esperanza. Pero no quería quedarse más con la duda. Por eso se decidió y lo fue a visitar, aunque estaba consciente de que probablemente saldría de ahí con lágrimas en los ojos y las ilusiones rotas en mil pedazos.

Tocó la puerta y esperó un poco. Entonces salió el. Se veía extraordinariamente guapo. Tenía ropa muy cómoda, bastante cómoda en realidad, un pans tipo pijama en color café oscuro, y una playera de tirante ancho blanca, que dejaba ver perfectamente sus músculos. Pero tenía cara de desvelo. Parecía que no había dormido bien, quizás estaba a punto de meterse a la cama. Alejandra sintió escalofríos. Pero pensó fugazmente que si Fernando tenía cara de desvelo quizás era porque no había dormido y si no había dormido quizás era porque estaba preocupado y si estaba preocupado, muy probablemente era porque no se había reconciliado con Leticia. Él puso cara de sorprendido cuando la vio. Pero era extraño, porque era una expresión que también evidenciaba como angustia. Eso la hizo dudar.

A: Hola Fernando. ¿Interrumpo? (Preguntó ella tratando de mostrar una sonrisa, aunque bastante nerviosa)

F: Ale... Eh, bueno, en realidad... (Si interrumpía, y vaya forma de interrumpir, si Fernando estaba en su primer día de luna de miel, en su prácticamente noche de bodas)

A: Discúlpame, se que no debí venir sin avisarte, pero me extrañó mucho no verte en el trabajo y sobre todo cuando Aldo me dijo que habías pedido vacaciones. Me preocupé mucho y quise venir a ver si estabas bien.

F: Ah, estoy bien, muy bien Ale, gracias por preocuparte (Fernando no sabía qué hacer. No invitarla a pasar le parecía una descortesía, Pero invitarla le parecía una catástrofe. Su esposa estaba adentro, y Fernando estaba consciente de los celos que Leticia sentía por Alejandra, y si algo no quería, era enfrentar a Leticia Padilla de Mendiola, celosa). Te agradezco por haber venido. La verdad es que yo...

Entonces pasó lo inevitable, lo que tanto temía.

A: ¿Puedo pasar? (Preguntó ella, prácticamente entrando a la sala)

F: Eh, ss... Si, eh, adelante (dijo resignado).

Alejandra ya estaba a mitad de la sala, con esa sonrisa que la caracterizaba. Fernando se sentía sumamente incómodo.

A: Fernando, ¿de verdad estás bien? (Ella lo veía tan nervioso y tenso, que no sabía cómo descifrarlo, pero ya temía lo peor)

F: Estoy bien Ale. Es solo que mi vida ha cambiado mucho.

La tempestad. Fue lo primero que pensó Fernando cuando vio aparecerse en la puerta de la cocina a aquella mujer que ahora era su esposa. Leticia salió, se veía extrañada.

L: ¿Quién era, mi amor? (Preguntó mientras salía de la cocina. Pero su expresión cambió en cuanto se dió cuenta de quién se trataba)

Leticia miró a una mujer de espaldas. Al principio no la reconoció, pero cuando la vió voltear, no quedaba lugar a dudas, era la mismísima Alejandra.

Alejandra volteó al escuchar esa voz femenina a sus espaldas. En el fondo sabía que podía encontrarse con la presencia de Leticia ahí, pero de todos modos le extrañó mucho ver la apariencia que ella llevaba: un shorts bastante cómodo, de color beige, que se ajustaba a su cuerpo, y una blusita de tirantes en color blanca, bastante reveladora. Llevaba unas pantuflas cafés y tenía el cabello suelto, libre, peinado pero lo suficientemente alborotado como para descifrar que había estado acostada. Además, el maquillaje muy tenue, casi imperceptible. Era más que evidente, Leticia había dormido con Fernando, muy seguramente. Eso quería decir que se habían reconciliado. Aún así, no entendía cómo Leticia podía tener tan poca vergüenza para estar ahí en la casa de un hombre soltero, en esas fachas, y pasando la noche con él. Le pareció indignante. Aunque en ese momento ella recordó que prácticamente ella había hecho lo mismo al visitar a Fernando, un hombre solo y soltero en su casa, de día, y de noche incluso. Pero ella jamás se habría atrevido a andar con esa vestimenta tan reveladora delante de él. Le pareció muy poco decente. Aún así, no tenía derecho a reclamar nada.

"Otoño" "Goodbye my love"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora