Mi respiración era lenta, pero sentía el ardor en mi pecho como una llama que se negaba a apagarse. No quería seguir en ese lugar, pero tampoco podía irme. Algo me mantenía anclada, como si ese intercambio silencioso con Holofira fuera apenas el inicio de una batalla que ambas sabíamos que libraríamos tarde o temprano.
Giré sobre mis talones y caminé hacia el centro de la tribu, buscando claridad, buscando escapar del peso de sus palabras y de las mías. Pero no había avanzado mucho cuando distinguí a mi padre, Gündüz Bey, conversando con Alaeddin Bey. Su presencia siempre había sido un ancla para mí, un recordatorio de la fortaleza y la sabiduría que necesitaba en momentos como este. Sin embargo, esta vez no sentí consuelo al verlos, sino un torbellino de emociones que me arrastraba más hacia el desconcierto.
Me acerqué despacio, intentando no interrumpir su conversación, pero lo que escuché al acercarme captó toda mi atención.
—¿Qué es esto, Aykurt? —preguntó Alaeddin Bey a su alp, mientras señalaba unas jarras que preparaban cerca.
—My Shehzade —respondió el alp, inclinando la cabeza con respeto.
—¿No les dije que estas jarras no fueran tan grandes? —continuó Alaeddin, su tono cargado de reproche.
—¿Quién te dijo que las hicieras así? —preguntó, mientras inspeccionaba las jarras con detenimiento.
—Yo lo hice, Alaeddin Bey —intervino mi padre con firmeza.
—Cuanto más grande sea la llama voladora, más fuerte será el impacto —añadió Gündüz Bey, su voz segura, aunque con un toque de cautela.
Pero Alaeddin no pareció impresionado. Frunció el ceño y replicó con firmeza:
—No hagas esto, Gündüz Bey. Nos avergonzarás frente al enemigo.
Su tono era cortante, casi despectivo, y sentí un nudo formarse en mi pecho. Alaeddin continuó, gesticulando hacia las jarras:
—He calculado las distancias con álgebra. Si la llama voladora es tan grande, las catapultas no podrán arrojarlas muy lejos.
Mi padre intentó explicar:
—Pensé que...
—No, Gündüz Bey —lo interrumpió Alaeddin, alzando una mano—. Esto requiere cálculos finos. Por favor, déjamelo a mí.
La tensión en el aire era palpable. Las palabras de Alaeddin no solo desestimaban la experiencia de mi padre, sino que parecían dirigidas a humillarlo delante de todos. Sentí que mi sangre hervía, y antes de darme cuenta, mi voz rompió el silencio:
—Alaeddin Bey.
Ambos hombres giraron hacia mí, sorprendidos por mi intervención. Di un paso al frente, con el corazón latiendo con fuerza, pero mi mirada fija en Alaeddin.
—Todo el mundo está haciendo lo mejor que puede, Alaeddin Bey. No hay necesidad de enojarse —dije, con firmeza, manteniendo mi mirada fija en la suya.
Alaeddin apretó los labios y frunció el ceño, claramente molesto por mi comentario.
—Elçim Hatun... —comenzó a decir, pero su respuesta fue interrumpida por Orhan, quien apareció con paso rápido y decidido.
—Alaeddin —dijo Orhan, su tono calmado pero autoritario, mientras se colocaba frente a mí, como si estuviera protegiéndome de alguna manera.
—Todos estamos aquí por el mismo propósito, hermano. Corregiremos los errores, pero es importante recordar que todos tienen la misma intención. No necesitamos más tensión —añadió, mirando a Alaeddin con un gesto de calma, pero también de firmeza.
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Entre el deber y el corazón
FanficHistoria Basada en Elçim Hatun y su historia en Kurulus Osman