- Yo no he mencionado los nombres de mis padres desde el día en que fallecieron... Fue duro para mamá y para mí, luego... fue duro solo para mí... - Kiyotaka se puso alerta para acudir a su lado en cualquier momento, su madre y Kento seguían tomados de las manos - Papá amó mucho a mi madre, ellos también se conocieron en el restaurante del abuelo. Él era el chef principal y mi madre era la nueva chef pastelera; se conocieron cuando papá regresó de uno de sus viajes a Londres, a la sede que tenían allí. Estaba un poco molesto porque el abuelo había contratado a la nueva chef, sin su aprobación. Así que pretendía dar una primera probada a sus preparaciones y muy probablemente echarla. Pero padre se tuvo que tragar sus palabras porque las preparaciones de mamá eran simplemente exquisitas. Aún no la conocía en persona porque aquel día ella tuvo una emergencia y se retiró a medio día. Pero al día siguiente, padre quedó deslumbrado; mamá me dijo que en cuanto vio a papá sintió que su mundo se paralizaba. Él no pudo rechazarla como chef pastelera, porque era excelente y tampoco pudo rechazarla como pareja porque había quedado prendado. - Kento sonrió hacía Kiyotaka - Ellos eran destinados.
Casi terminaban su segunda ronda de comida y ya solo quedaba el postre, Kento se tomó un breve momento para contestar una llamada.
- Nanami... parece haber sufrido de soledad. - Comentó la madre de Ijichi, él asintió. - Hoy lo vi bastante contento y un tanto nervioso. Se ve radiante a tu lado, mi niño. Y tú, luces más confiado junto a él.
- Así es mamá. Kento me hace muy feliz y me llena de confianza. Y yo estoy feliz de poder ser su apoyo.
Nanami regresó a la mesa, disculpándose por haberse retirado hace un momento. Las mujeres y Kiyotaka esperaban continuase con su relato.
- Aprecio mucho que reciban a bien mi historia y agradezco su apoyo e interés. Bien, pues mis padres... tuvieron un lindo matrimonio y me tuvieron solo a mi. Mamá siempre preparaba pasteles en casa y desde pequeño me enseñó a hacerlos, me explicó pacientemente como hacer el croissant. Papá me enseñó a preparar pastas y caldos. Ambos me enseñaron sobre la comida japonesa, ya que papá era mestizo y mamá japonesa, querían que tuviera bastante cultura culinaria y que aprendiera de todo lo que ellos sabían. Creo que fui un niño muy querido y veía cada cierto tiempo a mis primos en Londres. Pero tristemente papá enfermó, cuando yo tenía catorce años y estuvo en tratamiento por un largo tiempo; los médicos dijeron que era una afección por la edad, pero él no era muy mayor, estaba en sus cincuentas, su sistema inmunológico era el que estaba enfermo. Él abuelo y la abuela ya habían partido hace unos dos años, así que mamá se hizo cargo del restaurante en Dinamarca, ella iba y venía muy seguido a Japón y mi padre la acompañaba cada que podía, aun siguiendo su tratamiento. Papá había insistido en que nosotros viviéramos aquí. Él quería que yo me acercara más a la cultura de mamá y de la abuela. Desde que papá enfermara, yo me convertí en un adolescente bastante serio y callado y para cuando ingresé a la escuela en Tokio, mi personalidad se terminó de amoldar. Tuve un amigo muy querido en la escuela, que falleció en un accidente, yo sobreviví y fui enviado a terapia, pero no lo hice como debería. - El tono de su voz ensombreció un poco al recordar a Haibara - Para cuando cumplí los dieciocho años, era un estudiante modelo pero bastante carente de expresión. Luego cuando terminé la escuela me alejé de todos aquellos a los que conocí en ese lugar, y empecé a trabajar. Al poco tiempo mi padre falleció y unos meses más tarde mi mamá que no soportó estar mucho sin mi padre, se fue con él. - Kiyotaka se sentó al lado de Kento y tomó una de sus manos, mientras que su mamá acariciaba su otra mano y lo veía sumamente acongojada - Lo lamento... yo... yo. - Carraspeó y continuó, debía terminar de contarlo todo, eso le servía mucho - Mi tío y mis primos vinieron a la ceremonia de mi madre e insistieron en que vaya con ellos. Yo sabía que estaba pasando por lo mismo que mamá, estaba en depresión. Pero fui irracionalmente terco. Aquí estaban mis dos padres, aquí estaba mi mejor amigo. Jamás me iba a ir. - Suspiró - Prometí hacer las terapias, pero no las hice... Así que terminé aislándome de la poca familia que me quedaba, cuando venían a visitarme fingía estar bien o simplemente me tapaba de trabajo para no verlos, luego ya no quise siquiera responder sus llamadas; me aislé en mi trabajo, era agotador, pero me mantenía distraído de pensamientos aterradores. Así viví durante ocho años, hasta que el año pasado Kiyotaka llegó a mi vida. - Su mirada apagada y triste, volvió a brillar, su sonrisa se volvió a alzar. El amor y la devoción hacia ese pequeño omega, era tan grande que Kento creía que no le alcanzaría la vida terrenal para amarlo. - Sé que era solo su trabajo el traerme de vuelta a la escuela, pero fue él quien me sacó de ese hoyo en el que estaba. Su lealtad a la vida, me llenó por completo. Fue tan insistente conmigo, estaba con una coraza tan fuerte y perdido en mi autocompasión, pero él me salvó. - La señora Ijichi lloraba silenciosamente y Katsuki se limpiaba la nariz intentando pasar desapercibida. - Ijichi... no pasó por buenos momentos en su salud. Y creo que no se lo dijo. - La sorpresa en ambas mujeres era evidente y Kiyotaka solo podía mirar al suelo, sonrojado. - Tuve bastante que ver con eso. Aunque no fue intencionado. Mis feromonas alteraron a Kiyotaka y yo ni siquiera lo sabía. Él tampoco lo sabía. Señora Ijichi, le pido disculpas por haber puesto en peligro la vida de su hijo. - Kento se puso en pie de pronto e hizo una reverencia. - Le prometo que él está bien ahora, los doctores así lo dijeron y estoy bastante feliz de que así sea.
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El Estoico y El Leal
FanfictionKento es un hombre recto, amable y testarudo, que se ha quedado estancado en los dolorosos recuerdos de un acontecimiento trágico. Aunque a ojos de los demás sea una persona poco expresiva y menos emotiva, en lo profundo de su ser, su alma llora por...