EPÍLOGO

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OCHO AÑOS DESPUÉS

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OCHO AÑOS DESPUÉS...

Nuestra boda, hace unos años, fue bastante improvisada debido al peligro que corríamos.

Bajo la Torre Eiffel, a la luz de la luna y una no tan fría ni tan acalorada noche. Junto a mi madre, los Thomas, "las ratas bandidas", un cura y por supuesto nuestra pequeña Lia junto a nuestros sobrinos.

No era lo que anhelábamos y lo que proyectamos en algún momento de nuestras vidas, pero fue original a mi parecer, como también para BamBam y Jisoo, excepto para con quien me casé y el resto de los invitados. Aunque le prometí que, en algún momento de nuestras vidas, le daría la boda que esperaba.

Recuerdo todo a la perfección. Al dar el sí, un inolvidable y tierno beso reunió nuestros labios para sellar el matrimonio, siendo interrumpido por los oficiales, quienes, en ese momento, nos buscaban hace aproximadamente dos meses de la muerte de Joon-ho Minatozaki.

Con la novia aún vestida con el vestido blanco, con un corseé de encaje y una larga cola de una tela llamada mikado, con un soñado corte princesa. Esa misma noche, nos llevaron al esperado juicio, con Paul como nuestro abogado oficial, dándonos la ventaja de salir ilesas, y así fue.

Por nuestra suerte, las pruebas contra nosotras eran inútiles pero suficientes para solamente pagar una mínima fianza y ya no tener problemas con la ley, debido a los crímenes que mi antiguo jefe había cometido hacia su familia, la mía y a mí misma.

Hace unos pocos años, fundé una escribanía, la cual, actualmente es una de las más famosas del país sobre la Avenida de Champs Elysée, bajo el nombre de mi apellido. Jennie, al fin pudo ejercer como fiscal en una de las fiscalías cerca de mi trabajo y de nuestro restaurante.

—¡Lia!—elevé mi mano intentando llamar su atención para que se acerque—. ¿Cómo estás? ¿has estado con Rora en los recreos?—tomé su pequeña mano para dirigirnos a mi auto.

— ¡Sí!—dijo con un tono alegre mientras caminaba haciendo que la pollera de su uniforme vuele—. Y con Ji-min.

—Oh, no—negué con mi cabeza mientras le abría la puerta trasera—. A ese ni me lo menciones.

Actualmente, mi no tan pequeña hija ya tenía ocho años recién cumplidos, siendo la menor entre los hijos de mis amigos. Felix, ya contaba con unos meses más que los demás, por ende, estaba un año adelantado de ellos. Mientras que los dos mellizos de un mes mayores que ella, no se separaban por nada de la rubia, en especial Ji-min, quien desde que tienen memoria, han fingido una supuesta relación según los dibujos animados que veían por la televisión y, por otro lado, Rora, quien era su fiel mejor amiga.

—Ji-min me ha regalado esto—extendió su corto brazo desde su asiento, mostrándome unas trufas de chocolate que aún estaba guardado cuidadosamente en su empaque—.  No lo abrí para que lo comamos juntas.

—¿De chocolate?—pregunté y afirmó—. ¡Bien! Mis favoritas, no le vayas a decir a tu madre ni a tu hermano, voy a estacionar en una estación de servicio y las comeremos, ¿de acuerdo?

Tu Misterioso Amor - JENLISA G!PDonde viven las historias. Descúbrelo ahora