Naruto caminaba por el vecindario, con las manos en los bolsillos y la mente aún revuelta por la promesa que le había hecho a su madre. Las calles eran un laberinto de sonidos y colores que poco a poco comenzaban a resultarle familiares, pero seguían siendo un recordatorio constante de cuán lejos estaba de casa.
Al doblar una esquina, se encontró con una plaza donde un grupo de niños jugaba y corrían sin preocuparse por nada. Naruto parece ligeramente ante la escena despreocupada. A unos metros de distancia, una chica de cabello oscuro estaba sentada en un banco, sus audífonos puestos mientras movía la cabeza al ritmo de una música que Naruto no podía escuchar.
Sin pensarlo demasiado, caminó hacia ella. Había algo en su energía tranquila que le resultaba intrigante.
—Hola —saludó en mandarín, esforzándose por pronunciar cada palabra correctamente.
La chica levantó la vista, claramente sorprendida.
—Hola —respondió, quitándose los audífonos.
Naruto señaló sus propios oídos.
—¿Qué escuchas?
—Música clásica —respondió ella, su tono curioso al notar su acento extranjero—. ¿Eres nuevo aquí?
Naruto asintió.
—Acabo de mudarme desde Japón. Soy Naruto.
—Meiying —dijo ella, ofreciéndole una sonrisa cortés antes de volver a ajustar sus audífonos.
Naruto dudó por un momento, pero no quería dejar que la conversación terminara tan pronto.
—La música clásica es genial. Aunque yo suelo escuchar algo diferente.
Meiying arqueó una ceja, interesada pese a sí misma.
—¿Qué tipo de música?
—Todo tipo, pero algo más... movido.
Meiying soltó una pequeña risa.
—Entonces deberías mostrarme algo de esa música algún día —sugirió, con una chispa de desafío en su voz—. Pero solo si me enseñas un poco de ese karate del que hablan los japoneses.
Naruto la miró, divertido.
—Eso suena justo. Pero primero tendrás que mostrarme más de este lugar.
—Trato hecho.
El sonido de la campana de un templo cercano marcó el final de la tarde, pero la conversación entre ellos no se detuvo. Naruto se dio cuenta de que, a pesar de las diferencias culturales y del idioma, había encontrado a alguien con quien conectarse en esta ciudad que empezaba a parecerle menos desconocido.
Mientras regresaba a casa, sonriendo ante la perspectiva de una nueva amistad, supo que su historia en Beijing apenas comenzaba.
El sol comenzaba a descender sobre Beijing, tiñendo el cielo de naranjas y rojos mientras el parque se llenaba de murmullos y risas dispersas. Naruto se había acostumbrado a visitar ese lugar después de las clases, disfrutando de la tranquilidad que ofrecía entre los árboles y el sonido del viento. Pero aquella tarde, el aire parecía distinto, cargado de una tensión silenciosa que no podía ignorar.
Meiying lo esperaba cerca de una fuente, con una sonrisa cálida al verlo acercarse.
—Llegas justo a tiempo —dijo mientras guardaba sus audífonos—. Pensé que ya no vendrías.
Naruto le devolvió la sonrisa.
—No me perdería esto. Dijiste que querías aprender algo de karate, ¿no?
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The Karate Fox
FanfictionNaruto es un chico de 12 años que se muda con su madre a una nueva ciudad en China. Aunque tiene algunas habilidades en artes marciales, su vida cambia cuando se convierte en el blanco de los abusos de Cheng y su pandilla en la escuela. A pesar de l...