Naruto caminaba por las calles de Beijing con las manos en los bolsillos, sintiendo cómo la brisa fresca de la tarde acariciaba su rostro. Mei había insistido en llevarlo a un lugar especial ese día, y aunque estaba algo cansado por el entrenamiento matutino con el Sr. Han, no pudo negarse. Había algo en Mei que lo intrigaba, una mezcla de determinación y calidez que hacía que cualquier cansancio valiera la pena.
—¿Estás seguro de que puedes caminar? —preguntó Mei con una sonrisa burlona mientras avanzaba un par de pasos por delante de él.
Naruto se encogió de hombros y sonrió.
—Después de las sesiones del Sr. Han, caminar es lo único que puedo hacer sin que duela.
Mei soltó una risa suave, pero no dijo nada más mientras doblaban una esquina y llegaban a un pequeño rincón apartado de la ciudad. Era un jardín con un banco de madera desgastado, rodeado de árboles cuyas hojas caían suavemente al suelo. Un pequeño reproductor de música descansaba sobre el banco.
—Aquí es —dijo Mei mientras se sentaba y encendía la música.
Sonaron las primeras notas de una pieza clásica. Naruto se sentó junto a ella, curioso.
—Es hermoso —comentó, dejando que la música lo envolviera.
—Este lugar me calma —admitió Mei—. A veces, cuando siento que las cosas se me escapan, vengo aquí y dejo que la música hable por mí.
Naruto ladeó la cabeza, intrigado por la melancolía en su voz.
—¿Qué cosas se te escapan?
Mei dudó por un momento antes de responder.
—Mi familia espera mucho de mí. Quieren que sea perfecta, que toque en los mejores escenarios. Pero... a veces siento que no soy lo suficientemente buena.
Naruto sintió un nudo en el estómago. Podía ver el peso que Mei llevaba sobre sus hombros, un peso que no era diferente al suyo.
—No tienes que ser perfecta —dijo con voz suave—. Solo necesitas ser tú misma. Si la música te hace feliz, eso es lo que importa.
Mei lo miró, sorprendida por su sinceridad.
—Gracias, Naruto. Eso significa mucho.
Por un momento, el silencio los envolvió, roto solo por la música. Naruto pensó en cómo había llegado hasta ahí, en su propio camino lleno de obstáculos y en cómo Mei había comenzado a formar parte de él.
Días después, Naruto estaba solo en el patio trasero del Sr. Han, practicando movimientos que había repetido cientos de veces. A pesar de su progreso, no podía sacudirse la sensación de duda que lo atormentaba.
Mei lo observaba desde la entrada. Finalmente, decidió acercarse.
—¿Por qué haces esto? —preguntó, cruzándose de brazos.
Naruto se detuvo y bajó la mirada.
—Para demostrar que puedo. Para demostrar que no soy un cobarde.
Mei frunció el ceño y dio un paso hacia él.
—Eso no es suficiente. Si solo luchas para probar algo a los demás, nunca serás feliz.
Naruto se quedó en silencio. Mei colocó una mano en su hombro.
—Tú no eres como Cheng. No luchas por poder ni por impresionar a nadie. Eres diferente, Naruto. Y esa es la razón por la que creo en ti.
Sus palabras lo hicieron reflexionar. Quizás Mei tenía razón; quizás luchar no se trataba solo de ganar, sino de encontrar paz consigo mismo.
Esa noche, Mei llevó a Naruto a un festival local. Las luces brillaban como estrellas sobre las calles abarrotadas, y los sonidos de risas y música llenaban el aire. Naruto observaba con fascinación mientras Mei lo guiaba por los puestos de comida y las exhibiciones de artesanías.
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The Karate Fox
FanfictionNaruto es un chico de 12 años que se muda con su madre a una nueva ciudad en China. Aunque tiene algunas habilidades en artes marciales, su vida cambia cuando se convierte en el blanco de los abusos de Cheng y su pandilla en la escuela. A pesar de l...