Capítulo 5: Preparándose para el Torneo

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Los días posteriores a la conmovedora revelación del Sr. Han marcaron un cambio significativo en la dinámica entre él y Naruto. Ahora, sus sesiones de entrenamiento eran más intensas y llenas de significado. No solo se trataba de enseñar movimientos; el Sr. Han quería que Naruto entendiera la esencia del kung-fu y la disciplina que representaba.

Un mañana temprano, el Sr. Han llevó a Naruto a una montaña cercana. El sol apenas asomaba en el horizonte, pintando el cielo de tonos naranjas y rosas. La brisa fría acariciaba sus rostros mientras caminaban hasta llegar a un lago cristalino rodeado de imponentes árboles.

—Hoy aprenderás sobre el equilibrio —dijo el Sr. Han, señalando un tronco flotante en el lago.

Naruto miró el tronco y luego al Sr. Han, arqueando una ceja.

—¿Equilibrio? Eso ya lo tengo dominado.

El Sr. Han sonrió ligeramente, sin responder. Con un gesto, indicó a Naruto que se subiera al tronco. Al principio, Naruto se sintió confiado, pero pronto descubrió que mantenerse de pie en la superficie resbalosa era más difícil de lo que esperaba. Tropezó y cayó al agua varias veces, empapándose de pies a cabeza.

—¡Esto es imposible! —protestó, escupiendo agua mientras regresaba a la orilla.

El Sr. Han cruzó los brazos, con una expresión serena.

—Equilibrio no es solo mantenerse de pie. Es estar en paz contigo mismo, no importa lo que pase alrededor.

Naruto, aunque frustrado, entendió el mensaje. Volvió a intentarlo una y otra vez, cayendo menos con cada intento, hasta que finalmente logró mantenerse firme sobre el tronco.

Con el paso de los días, los entrenamientos se diversificaron. El Sr. Han llevó a Naruto a un templo antiguo donde practicaron formas de kung-fu en los escalones de piedra. También lo hizo cargar cubos llenos de agua por un sendero empinado, un ejercicio que no solo fortalecía su cuerpo, sino también su determinación.

Una tarde, mientras practicaban movimientos de ataque y defensa en el taller, Naruto se detuvo, jadeando.

—¿Cuándo podré usar todo esto en una pelea de verdad? —preguntó, limpiándose el sudor de la frente.

El Sr. Han lo miró fijamente.

—El kung-fu no es para pelear, Naruto. Es para vivir. Lo que aprendas aquí te servirá no solo en el torneo, sino en cada momento de tu vida.

Naruto asintió, aunque no estaba completamente convencido. Sabía que las palabras del Sr. Han tenían peso, pero el torneo estaba cada vez más cerca, y la presión comenzaba a acumularse.

Una tarde, el Sr. Han llevó a Naruto a un santuario en la cima de una colina. La brisa era fresca y el sonido de los pájaros llenaba el aire. Frente a ellos había una mujer practicando en silencio. Estaba en una posición de equilibrio impresionante, con una pierna levantada y sus manos imitando los movimientos de una cobra al acecho.

Naruto observó fascinado.

—¿Qué está haciendo? —susurró.

—La Posición de la Cobra —respondía el Sr. Han—. Es un ejercicio de equilibrio y concentración. Mira cómo sigue el movimiento de la cobra con su mirada. Su mente y su cuerpo son uno solo.

Naruto intentó imitar la posición, pero perdió el equilibrio casi de inmediato. El Sr. Han soltó una leve risa.

—Primero necesitas entender la calma antes de intentarlo.

Naruto frunció el ceño, determinado a aprender.

En una de sus últimas sesiones de entrenamiento antes del torneo, el Sr. Han llevó a Naruto a una sala con un enorme mural que representaba un dragón y un tigre enfrentados. Frente al mural, había un pedestal con un pequeño recipiente de agua.

The Karate FoxDonde viven las historias. Descúbrelo ahora