El tiempo parecía haberse detenido en aquel instante, mientras los hombres de confianza de Osman Bey cargaban con cuidado el cuerpo de mi padre hacia la tienda. Cada paso que daban resonaba como un eco en mi mente, marcando un compás de despedida que no quería aceptar.
Malhun Hatun se acercó a mí y, sin decir palabra, me envolvió en un abrazo firme. Su fortaleza, tan característica, me ofreció un pequeño consuelo en medio de mi tormento. Bala, a su lado, colocó una mano sobre mi brazo, transmitiéndome una silenciosa solidaridad.
—Debes ser fuerte, Elçim —dijo Malhun finalmente, con una serenidad que contrastaba con el dolor en sus ojos—. Tu padre no querría verte así.
Mi respiración seguía entrecortada, pero asentí, aunque no estaba segura de cómo seguir adelante. Sus palabras eran ciertas, pero el vacío que sentía parecía insuperable.
Dentro de la tienda, un silencio solemne envolvía el ambiente. El cuerpo de mi padre fue colocado con cuidado sobre un lecho cubierto de telas finas, rodeado de velas que proyectaban sombras danzantes en las paredes. La luz tenue acentuaba la gravedad del momento.
Orhan permanecía a mi lado, su presencia inquebrantable.
—No lloraré hasta que los que le hicieron esto a mi padre sean arrestados y juzgados —dije, mientras tocaba el rostro frío e inerte de mi padre, tratando de grabar en mi memoria cada línea de su rostro.
—No llores más, te lo prometo, hatun. Estos traidores serán castigados. Es hora de que nuestras espadas hagan el trabajo —dijo Orhan Bey, su voz cargada de determinación, mientras colocaba una mano firme sobre mi hombro.
En ese momento, una voz fuera de la puerta interrumpió el momento solemne, anunciando con respeto la llegada de Osman Bey.
—¡Destur, Osman Bey! —anunció Boran Alp, su tono solemne y reverente al entrar en la tienda.
Sin pensarlo, junto a Orhan nos levantamos para recibir a Osman Bey, que venía acompañado de Malhun Hatun y Bala Hatun. Su mirada recorrió la habitación y finalmente se posó en mí, suave pero firme, como si buscara fortalecerme en mi momento de mayor debilidad.
—Hija mía, ¿te sientes mejor? —me preguntó Osman Bey, con una mezcla de preocupación y ternura en su voz.
—Estoy bien —respondí, intentando mantenerme firme, aunque mi voz temblaba ligeramente.
—Resiste, hija mía. Que Allah te dé paciencia —dijo Bala Hatun, acercándose con su habitual calidez.
—Gracias, Bala Hatun —dije, inclinando ligeramente la cabeza en señal de gratitud.
—Osman Bey, los que mataron a mi padre... —comencé a decir, pero Osman Bey me interrumpió con autoridad.
—No te preocupes por eso, serán castigados —dijo, su voz firme como una espada.
—¿Cuándo tendremos el funeral, mi Bey? —preguntó Malhun Hatun, con respeto pero con un tono que reflejaba su preocupación.
—Antes de que la sangre de Gunduz Bey se seque, ese cobarde de Ulcay morirá. Cumpliremos con nuestro deber —respondió Osman Bey con determinación, su mirada reflejando una mezcla de dolor y justicia.
—Déjame ir contigo —dije, dando un paso al frente, mi corazón ardiendo con el deseo de venganza.
—Cumplirás con tu último deber, hija. No te preocupes, a partir de ahora, nos encargaremos del resto —contestó Osman Bey, con una firmeza que no permitía discusión.
—Vengaremos a Gunduz Bey, Elçim. No te preocupes por eso —añadió Orhan, tomando mi mano con cuidado. Sus palabras eran una promesa que cargaba con la misma determinación que brillaba en sus ojos.
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Entre el deber y el corazón
FanfictionHistoria Basada en Elçim Hatun y su historia en Kurulus Osman