Capítulo 11: Cayendo en una rutina

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Después de ese breve encuentro la vida volvió a ser monótona, una rutina que empezaba y acababa en mi pequeño apartamento, en donde las horas pasaban más o menos rápido y mi mente en ciertos puntos se quedaba en piloto automático

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Después de ese breve encuentro la vida volvió a ser monótona, una rutina que empezaba y acababa en mi pequeño apartamento, en donde las horas pasaban más o menos rápido y mi mente en ciertos puntos se quedaba en piloto automático.

No lo veía precisamente como algo negativo, aunque el adjetivo "Aburrido" podía definir bastante bien como se sentía mi vida en esos momentos. Ningún interés amoroso a la vista, ningún vecino ruidoso y egocéntrico despertándome a altas horas de la noche, solo yo, mis alumnos y una cantidad algo alarmante de té.

El agudo timbre resonó por las paredes del apartamento, y de mi boca salió un pequeño bufido irritado, mi ceño frunciéndose ante las pocas ganas que tenía de levantarme. Me llamó la atención como el timbre que había sonado era el de la puerta y no el del portal, ¿Sería algún vecino que necesitaba algún favor?

Desde que me mudé hará poco más de un mes he intentado tener una relación cordial con cada vecino que conocía en los rellanos o en los buzones, intentando ser una vecina respetuosa y amable. Supongo que esos ideales me venían de mi madre, quién siempre vi siendo una vecina ejemplar y quien me enseñó a corta edad que el universo devolvía cada acción que realizabas, por lo que era siempre importante actuar de buena fe.

No sé hasta qué punto eso era algo que realmente creía o si solo se trataba de una pequeña mentira blanca para inculcar buenos valores a su hija pequeña; El caso es que, independientemente de la razón, hoy en día y siendo una adulta funcional seguía con esas palabras marcadas con fuego en la memoria.

Mis pies se arrastraron por el frío parquet, preguntándome quién podría estar al otro lado de la puerta. Lo único que pedía era que no fuera el único vecino que no soportaba, y que sabía a ciencia cierta que era mutuo.

Ese hombre... Algún día me iba a sacar de las casillas, lo tenía claro. Hacía bastante que no lo veía, y siendo sincera desde que le demostré qué tan molesto e inservible su sistema de aislamiento acústico era no había vuelto a escucharle poner su rock a volúmenes tan desmesurados ni en horarios que jugaban con su cordura. No obstante, esas pocas veces que había interactuado con él habían sido más que suficientes para tacharlo completamente y no querer cruzárselo más de lo necesario, es decir, nunca.

Miré curiosa por la mirilla y al ver esa mata de pelo repeinada y esa prominente nariz apoyé mi frente en la puerta con un golpe seco. Pues claro que tenía que ser él.

El timbre volvió a sonar, esta vez de manera más prolongada, y solo pude chasquear la puerta molesta y respirar hondo antes de abrir la puerta de par en par.

Al otro lado se encontraba ese mismo vecino que momentos atrás había jurado y afirmado que no quería ver en toda su vida. Ese mismo que se encontraba mirándola desde arriba con esa ceja alzada mostrando una superioridad y egocentrismos que hacían que su sangre ardiera.

— Que — Aunque impedí que mis ojos rodaran nada más conectar con los suyos me fue imposible retener a mi lengua.

Dante alzó ambas cejas, una pequeña sonrisa incrédula asomándose brevemente antes de ser borrada de su rostro.

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⏰ Última actualización: Jan 18 ⏰

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