Desenmascarando la Verdad

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Pasaron casi dos semanas desde que me mudé a mi nuevo departamento. Aunque aún estaba adaptándome, empezaba a sentirme más cómodo con mi independencia. Sin embargo, cada mañana Zac seguía pasando por mí para llevarme a la escuela. Al principio, traté de persuadirlo de que no era necesario, pero él siempre encontraba la forma de justificarlo: que era más práctico, que de esa manera podía asegurarse de que llegara a tiempo, o que simplemente disfrutaba de mi compañía. Su insistencia me dejaba una sensación ambigua, entre agradecimiento y desconfianza.

En la escuela, por suerte, todo marchaba bien. Poco a poco me adapté de nuevo a la rutina y empecé a sentirme nuevamente parte del grupo, aunque mantenía una cierta distancia con mis compañeros, sin atreverme a confiar plenamente en nadie. Había algo en el aire que no podía ignorar, como si todo lo que me rodeaba fuera un telón de fondo, esperando a desmoronarse en el momento menos esperado.

Empecé a ser más cuidadoso a la hora de ir por inhibidores de feromonas y a comprar de mejor calidad, ya que me lo podía permitir con mi paga. Mi nuevo trabajo también había resultado ser un cambio positivo. La paga era mucho mejor, y eso me permitió dejar de preocuparme tanto por el dinero que enviaba a mi madre y a mis hermanos, a los cuales Zac me llevaba a visitar cada fin de semana.

Sabía que Zac seguía ayudándolos económicamente, pero ya no sentía que dependiera tanto de él. Podía contribuir con un poco más, especialmente para las terapias de Mark. Según Matt, Mark había mejorado considerablemente en las últimas semanas y había avanzado bastante desde que Zac comenzó a visitarlos. Esto había comenzado cuando yo estaba con Jackson, y Zac seguía pasando una o dos veces a la semana. Supongo que le gustaba que de nuevo hubiera una figura de respeto e importancia en la casa, y eso me llenaba de alivio.

Pero, aunque mi familia parecía querer a Zac, por más que intentara no darle vueltas al asunto, mi mente volvía constantemente a la conversación que había escuchado aquella noche en su casa. Desde que me mudé, no tuve la oportunidad de averiguar qué pasó en esa supuesta reunión que Zac había planeado con Jack y aquella persona del teléfono. Recordaba claramente cómo salió temprano ese sábado, diciendo que tenía algo urgente. Todo apuntaba a que la reunión había ocurrido, pero una parte de mí prefería no saber los detalles.

Había noches en las que me reprochaba haberme mudado antes de tiempo, pensando que, si me hubiera quedado, tal vez habría descubierto más. Pero también había días en los que me alegraba de haber tomado distancia, convencido de que no quería involucrarme más en algo que no entendía del todo. Ahora, lo único que podía hacer era seguir adelante con mi vida y esperar que todo se mantuviera en calma.

Sin embargo, la calma era algo que parecía eludirme últimamente.

A la mañana siguiente, mientras caminábamos hacia la universidad, Zac trató de iniciar una conversación, pero yo apenas respondía con monosílabos. La tensión que sentía era imposible de ocultar. Finalmente, él rompió el silencio.

—Demian, ¿estás bien? Te he notado distraído estas últimas semanas.

Me detuve en seco, mirando al suelo. No quería confrontarlo, pero sabía que si seguía guardándome todo, la relación entre nosotros se deterioraría más.

—Sí, estoy bien. Solo he tenido muchas cosas en mente —mentí, intentando sonar convincente.

Él frunció ligeramente el ceño, claramente sin creerme del todo. Pero en lugar de insistir, cambió el tema.

—Por cierto, ¿has pensado en lo que te dije sobre quedarte conmigo algunos días? Mi casa siempre está abierta para ti.

—Gracias, Zac, pero creo que estoy bien en mi departamento. Es cómodo y me gusta tener mi propio espacio.

Dentro de tres mundosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora