No sé describir con palabras la emoción que me produce volver.
Ha sido un mes muy largo y muy loco, loquísimo, y me ha costado encontrar el equilibrio y poder retomar la escritura, pero qué grandísimo placer haber podido volver a esta historia que me hace tan inmensamente feliz. Me da un poco de miedo que tanto tiempo provoque que haya decaído un poco el interés, no me escondo, pero ojalá que sigáis encontrando por aquí el refugio que yo he querido construir en el amor de estas dos.
Capítulo 13 (13, ya, no queda ná!): Luna de miel.
Nos vamos con Marta y Fina a recordar el momento en el que se prometieron amor eterno? Creo que no puede venirnos mejor, aunque vuelvo a asegurar que la coincidencia del timing ha sido completamente casual.
Gracias siempre por todo el apoyo y las cosas tan bonitas que me decís siempre sobre esta historia que para mí es tan especial. Y gracias especialmente también a las que me habéis ayudado a reconstruir Venecia para que Marta y Fina puedan pasear su amor por sus calles!
Nos leemos pronto!
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BANDA SONORA: Luna de miel - Gloria Lasso (1959)
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Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche,
nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti.
Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,
nunca sabré en qué viento llegó este querer.
Nunca sabré qué misterio nos trae esta noche,
nunca sabré cómo vino esta luna de miel.
Mi vida llama a tu vida y busca tus ojos,
besa tu suelo, reza en tu cielo, late en tu sien.
Ya siempre unidos, ya siempre, mi corazón con tu amor.
Venecia, 15 de abril de 1964
Los rayos del sol se colaban tímidamente a través de las cortinas que custodiaban el pequeño balcón, arrancando en cada recoveco de la habitación suaves destellos dorados inundados de alguna que otra mota de polvo que convertía el momento en una estampa digna de postal. O al menos eso era lo que le parecía a Marta de la Reina, que todavía con los ojos entrecerrados trataba de desprenderse de los últimos coletazos de sueño. No le estaba poniendo demasiado empeño, porque los elementos que completaban la imagen le parecían lo suficientemente idílicos como para dudar de su estado de vigilia.
Junto a ella, sobre el colchón, el cuerpo de Serafina Valero boca abajo, completamente desnudo y apenas cubierto por una sábana tan blanca que dolía mirarla, reposaba con una calma extasiante, su espalda íntegramente expuesta y expandiéndose periódicamente al ritmo de su acompasada respiración. Ella también estaba desnuda -aunque el simple hecho de ser consciente de ello la hiciera ruborizarse-, siguiendo esa insólita tradición que Fina había instaurado de encuentro en encuentro, que establecía que cuando la piel se ha propuesto hablar de calor, cualquier prenda de ropa que dificultara el camino estaba de más.
Marta se incorporó, apoyándose en su codo, para poder recrearse en su figura. Desde su posición no alcanzaba a ver su rostro, pero no le hacía falta, porque estaba grabado al milímetro en su retina. Sí que pudo perderse en la firmeza de sus hombros, cubiertos por su melena alborotada, y en sus brazos acomodados bajo su cabeza, y en cómo su piel tersa tenía un brillo único a lo largo de toda su espalda y hasta el lugar donde perdía su buen nombre, que por desgracia ya no podía ver por culpa de la sábana. Un poco más abajo reaparecían sus piernas, enredadas entre la tela, con esa longitud y esa belleza que la dejaban sin aliento.
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Canciones para Fina
FanfictionToledo, 3 de julio de 2005. Unos pasos azarosos resuenan sobre la grava del camposanto. Junto al pecho de quien camina, apretada con fuerza, una caja de contenido todavía desconocido, que tal vez aporte algo de consuelo al dolor que ha destrozado su...