Taehyung.
El sudor cubría mi frente, frío y pegajoso, empapando la camiseta que llevaba puesta. Mi pecho subía y bajaba de forma errática, y mi corazón latía como si quisiera escapar de mi cuerpo. Me incorporé de golpe, los ojos abiertos de par en par mientras un grito perforaba la oscuridad.
— ¡Taeyong, ayúdame!
La voz resonaba en mi mente, nítida y aterradora, pero no podía ubicarla. Miré a mi alrededor, tratando de enfocar mi visión y entender dónde estaba. La habitación no era la misma en la que Jimin y Jungkook me habían dejado, y definitivamente no era mi habitación. La oscuridad se extendía por las esquinas, envolviéndome como una niebla espesa que dificultaba mi respiración.
Intenté calmarme, pero no podía ignorar la sensación de que algo estaba terriblemente mal. Me levanté con movimientos torpes, tambaleándome mientras buscaba un interruptor en la pared. Pasé mis manos por la superficie rugosa, pero no encontré nada. Ni un destello de luz. Todo era oscuridad.
Mis pies descalzos rozaban el suelo frío mientras avanzaba hacia lo desconocido. Abrí la puerta con un movimiento lento, casi temeroso, y lo que encontré al otro lado me dejó helado. Un pasillo largo y oscuro se extendía ante mí, como si no tuviera fin. La sensación de vacío era abrumadora, como si el aire en mis pulmones se hubiera transformado en plomo.
A pesar del miedo que atenazaba mi pecho, avancé. Cada paso resonaba en mis oídos, los ecos rebotando contra las paredes invisibles. No podía decir cuánto tiempo caminé; cada segundo parecía alargarse eternamente. Justo cuando empezaba a pensar que el pasillo no tenía fin, apareció una puerta al final. La abrí con cuidado, encontrándome con algo inesperado.
Otra habitación.
Sacudí la cabeza, intentando aclarar mi mente. Nada de esto tenía sentido. La habitación parecía idéntica a la anterior, con las mismas sombras alargadas y la misma opresión en el aire. Pero entonces, una voz rompió el silencio, suave pero cargada de desesperación.
— Taeyong... Taeyong...
Mi cuerpo se tensó. La voz venía de una esquina oscura de la habitación, un rincón donde las sombras eran más densas. Me acerqué con cautela, mi respiración cada vez más entrecortada.
Cuando llegué lo suficientemente cerca, vi una figura acurrucada, temblando. Mi corazón dio un vuelco al reconocer la silueta, incluso en la penumbra.
— Hoseok —susurré, arrodillándome frente a él.
Me incliné hacia adelante, con las manos temblorosas, tratando de tocarlo para asegurarme de que era real. Lo envolví en un abrazo desesperado, sintiendo su cuerpo cálido contra el mío.
— Por Dios, Hoseok... Eres tú.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras tomaba su rostro entre mis manos, recorriéndolo con los dedos como si temiera que desapareciera de nuevo. Besé su frente, sus mejillas, su nariz, dejando que mi alivio se desbordara en forma de caricias y sollozos.
— Jackson... Jackson dijo que estabas muerto. Pero no es cierto. Estás aquí. Dios, estás aquí...
La euforia se rompió como un cristal cuando Hoseok retiró mis manos de su rostro con firmeza. Sus ojos, llenos de algo que no podía descifrar, me miraron con una mezcla de tristeza y reproche que cortó el aire a mi alrededor.
— No me salvaste, Taeyong. Me dejaste solo.
Sus palabras cayeron sobre mí como un golpe físico, robándome el aliento. Negué con la cabeza, incapaz de aceptar lo que decía.

ESTÁS LEYENDO
EL DONCEL Y LA BESTIA
FanfictionLos cuentos de hadas no existen. Solamente existe la crueldad y la asfixiante realidad. Por lo menos así, lo veía Jung Hoseok. El chico cuyo destino, fue marcado por las infidelidades y el constante maltrato de su esposo. Quería huir y perseguir...