CAPITULO 19

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Tres años después...

Taehyung.

El departamento estaba en penumbra, iluminado únicamente por el brillo azulado de la pantalla de mi computadora. No tenía idea de qué hora era, ni siquiera me importaba. Sabía que era sábado porque mi calendario lo indica en la esquina inferior derecha, pero más allá de eso, los días no tenían sentido. Todos se sentían igual desde hacía tres años. Tres años desde que Hoseok desapareció.

El sonido insistente de mi teléfono rompió el silencio que llenaba el lugar. Al principio lo ignore, frunciendo el ceño mientras mis dedos tecleaban con rapidez. Estaba revisando una base de datos, buscando algo, cualquier pista, cualquier hilo suelto que me llevara a él. Pero el tono del teléfono continúo, implacable, como una aguja perforando mi concentración.

Finalmente, resople con frustración y tome el aparato. Ni siquiera mire quién llama; asumiendo que era Jungkook, insistiendo en algún tema trivial, como siempre.

— ¿Qué? mi voz sale seca, cortante.

— Taehyung.

Reconocí la voz al instante. No era Jungkook. Era Jimin. Su tono era ligero, pero había un dejo de reproche que no pasa desapercibido.

— Hey, Tae. Estamos todos aquí en la casa de Seokjin celebrando su cumpleaños. ¿Por qué no has venido?

Seokjin. Su cumpleaños. Lo había olvidado por completo. Aprete los ojos, molesto conmigo mismo, aunque sabía que incluso si lo hubiera recordado, no habría ido.

— No puedo ir, Jimin. Estoy ocupado. —Negue con la cabeza como si pudiera verme, aunque mi tono era definitivo.

Al otro lado de la línea, Jimin suspira, y puedo imaginarlo perfectamente rodando los ojos, esa expresión de paciencia agotada que tantas veces había visto en él.

— Otra vez estás investigando, ¿verdad?

Aprete la mandíbula. Claro que lo sabía. Habían sido tres años de la misma excusa. Tres años repitiendo el mismo patrón.

— Nunca dejaré de hacerlo, Jimin.

Mi voz era baja, apenas un susurro, pero llevaba todo el peso de mi determinación. Antes de que pueda replicar, añadí rápidamente.

— Ahora debo colgar. Por favor, discúlpame con Seokjin y dile que lo felicito de mi parte.

Colgué antes de que pudiera intentar convencerme de lo contrario. Dejé el teléfono a un lado y volví mi atención al monitor.

Habían pasado tres años. Tres malditos años desde que Hoseok había desaparecido. Desde esa noche en la villa, cuando todo colapsó y él se esfumó como si nunca hubiera existido. No había pasado un solo día en el que no lo haya buscado.

Al principio investigue por mi propia parte, siguiendo cada pista, cada sospecha. Pero no había nada. Ni en la villa, ni en el casino, ni siquiera en la multinacional. Jackson había vendido la empresa y había desaparecido, llevándose consigo cualquier rastro que pudiera haberme conducido a Hoseok.

Con el tiempo, el general Kim me dejo volver a las investigaciones del cártel, pero ni siquiera eso me acercó más a él. Mi apartamento se había convertido en un caos organizado, lleno de mapas, documentos, nombres y lugares que analizaba una y otra vez.

El trabajo me mantenía ocupado, pero el vacío seguía ahí, persistente, un hueco que no podía llenar. Sabía que, si no me concentraba en encontrar algo, cualquier cosa, caería en la desesperación. Así que me sumergí en las investigaciones, dejando que mi mente se ahogara en la búsqueda de pistas, en los datos que no llevaban a ninguna parte. Porque en el fondo, sabía que la única manera de seguir adelante era mantenerme ocupado, mantenerme en movimiento. No podía darme el lujo de quedarme quieto, pensando en lo que había perdido.

EL DONCEL Y LA BESTIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora