CAPITULO 20

42 8 4
                                    

Hoseok.

Aún podía sentir sus manos aferradas a mis hombros.

Habían pasado dos días, pero la sensación seguía ahí, grabada en mi piel como un ardor imposible de ignorar. Su voz, su aliento tan cerca, el temblor de sus dedos cuando me tocó. Todo volvía a mí en oleadas que me dejaban sin aire.

Lo había sentido antes de que hablara, antes de que su voz rompiera la calma frágil que intentaba mantener. Su presencia era abrumadora.

Hobi... por Dios, Hobi. Eres tú.

Mi pecho se encogió con fuerza.

Pronunció mi nombre con una mezcla de incredulidad y alivio, como si hubiera estado perdido en un desierto y acabara de encontrar agua. Como si yo fuera su salvación.

Pero yo no lo era.

Mi respiración se volvió errática. No podía verlo, pero podía sentir cada detalle de ese momento con una claridad aterradora.

Su voz, llena de emoción y ansiedad.

Su aliento, inestable, demasiado cerca.

El calor de su cuerpo, invadiendo el espacio entre nosotros.

Mi mente gritaba que corriera, que hiciera algo, pero mi cuerpo se congeló.

No. No podía ser él. No aquí. No ahora.

Pero lo era.

Cuando di un paso atrás, mis piernas casi no me sostuvieron. No podía ver su rostro, pero podía escucharlo todo en su respiración, en la manera en que el aire entre nosotros se cargó de algo denso e ineludible.

Taeyong. O mas bien. Kim Taehyung.

Había cambiado. Se notaba en la fuerza de su agarre, en la gravedad de su tono. Su presencia era más grande, más pesada. Más peligrosa.

Hobi, soy yo.

Sentí su mano en mi hombro, su contacto encendió todas mis alarmas. El miedo explotó en mi pecho y mi reacción fue instantánea. Lo aparté de golpe.

¡No me toques!

Mi respiración era errática, mi cuerpo temblaba. No podía ver su expresión, pero podía imaginarla. El no debía estar ahí.

Hoseok, yo...

Me obligue a no dejarlo a hablar. No dejar que se hiciera real.

Yo no me llamo Hoseok —solté con la voz temblorosa, pero firme—Mi nombre es Jung Hong Seok.

Silencio.

Lo sentí.

La manera en que su respiración cambió, en que su cuerpo se tensó.

Él no lo creyó.

Y entonces me sujetó con firmeza.

Hobi... soy yo.

Su tono fue más suave, pero el temblor en su voz lo delató.

No tienes que tener miedo. Escúchame bien... Te voy a sacar de aquí y te voy a llevar conmigo.

Mi corazón se detuvo.

¿Por qué él estaba haciéndome eso?

El enojo se apodero de mí y lo empujé con más fuerza esta vez.

¡Que no me toques!

Escuché el golpe sordo de sus pasos tambaleantes hacia atrás. Pero no terminé ahí. Tenía que alejarlo. Tenía que hacerlo de una vez por todas.

EL DONCEL Y LA BESTIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora