Mi niña comenzó a moverse para lloriquear un poco, pero yo la abracé para que supiera que estaba junto a ella. Mía se volvió a dormir y yo busqué a Tom cuando no lo vi junto a nosotros. Tomé una camisa y me la coloqué para ir a la planta baja. Mientras lo buscaba el teléfono, sonó vi que era una llamada de Gustav, así que contesté cuando abría la puerta de la cocina donde salía un olor delicioso.—Hola, Gusti — dije cuando me senté frente al mesón. Tom giró y me lanzó un beso para seguir revolviendo unos huevos.
—Bill, sé que es muy temprano, pero estoy a diez minutos de llegar a tu casa— fruncí el ceño porque qué no teníamos nada pendiente en la agencia. —Espero que estés con Tom, necesitamos hablar con los dos.
—Pero es grave, no me asustes Gus.
— Espérate a que lleguemos, ¿vale?
—Está bien y sí, Tom está aquí en casa.
—De acuerdo— me colgó la llamada, dejándome intrigado. De verdad que no quería más problemas y menos ahora que estaba mejor con Tom. Lo miré y aún estaba en su labor de preparar un desayuno. Ver sus rasguños en la espalda me hizo recordar la excelente noche que pasamos en el jacuzzi.
—Prueba— Comí de lo que me ofrecía en una cuchara y gemí de gusto. sabía delicioso. Comió el resto y se aprobó a sí mismo con una sonrisa. Una que provocó que mi entrepierna palpitara, lo tomé de las mejillas para acercarme juntando nuestras frentes. Mi respiración comenzaba a hacer irregular y él lo notó. —¿Qué sucede?— susurró sin apartarse de mí.
—Es que...
—¿Qué? — rozó sus labios, pero sin tener mayor contacto con los míos, solo para provocarme. —Dime Bill — su aliento cálido llegó a mi olfato. Entrecerré los ojos por qué sinceramente yo ya estaba muy caliente. Su cuerpo estaba entre mis piernas mientras que yo permanecía aún sentado. Sus manos traviesas comenzaron a rozar mis muslos hasta el interior de mi entrepierna que ya estaba demasiado dura.
—Para— supliqué.
—¿porque?— sentí su lengua en mi cuello, lamiendo y chupando mi piel. Tomó mis manos y me hizo levantar para apoyar sus manos al mesón y dejarme en medio aprisionando mi dolorosa erección con la suya. —¿No quieres?— volvimos a quedar frente a frente. Su rostro era de lujuria pura.
Lo tomé de su nuca y cambié los papeles; ahora el aprisionado contra el mesón era él. Su gesto de asombro por mi acción me hizo sonreír ladino, pero continué, solo quería demostrarle que ahora todo era diferente y más en el sexo.
Tom tenía un pantalón corto, así que metí mis dedos para bajarlos y dejarlo completamente desnudo frente a mí. —¿Y si baja, Mía?— mis manos tomaron su erección y jadeó un poco al hablar.
—Despertara más tarde y yo creo que no dure mucho.
Sonreímos y mis rodillas tocaron el piso. Coloqué el pantalón para no sentirme incómodo. Tom me miró y trató de levantarme, pero yo negué. De verdad que quería hacérselo. Ahora sería él quien iba a sentir el placer que tantas veces me dio con su boca.
—Bill, no es necesario, a ti…
—Shhh... cállate.
Le pedí entre susurros roncos. Tomé su erección y me la engullí sin respirar. Tom soltó un gruñido demasiado erótico tomando mis cabellos con una mano. No lo voy a negar, me dolió bastante, pero lo dejaría pasar para que tuviera el control.
—Me gusta cuando eres dominante — él no dijo nada, solo tomó su erección y la metió a mi boca, pero quería jugar porque yo no soy el típico sumiso, así que la solté para decir —eres tan grande, me gusta.
Él sonrió, pero de nuevo me calló con su erección en mi boca. Mientras más aceleraba mi ardua labor de chupar y lamer, más gemidos y gruñidos salían de su boca.
—Sabes delicioso — volví a dejar su erección, para mirarlo desde abajo.
—No hables tanto y continúa — demandó.
Me encanta cuando es tan dominante.
Seguí chupando y lamiendo. Mis dedos hurgaban su entrada. Ya no podía más, necesitaba metérselo, así que dejé su erección y me levanté para voltearlo contra el mesón.
Aparté sus nalgas y mi lengua pasó por su entrada, lubricando para menos dolor. Solo fue cuestión de segundo que estuve dentro de él. En un vaivén demasiado rudo, pero eran casi tres años sin sexo y bueno, mi cuerpo exigía que fuera fuerte y rápido. El orgasmo llegó al mismo tiempo para ambos y también al mismo tiempo que sonó el timbre de mi casa. Donde maldije cuando recordé que Gustav estaba en la puerta. Quería un segundo round, pero por el momento teníamos que esperar. Salí con cuidado de su agujero y tomé el pantalón para limpiarnos.
—Yo abro— le di un beso en los labios y, mientras yo iba para abrir, él subió para cambiarse.
—¿Por qué tardaste? — Gustav pasó por mi lado y entró a mi casa seguido de Geo. —No me digas, ¿estaban cogiendo?
—Sí, en la cocina — dije desinteresadamente.
—iug qué asco— me contestó y puse los ojos en blanco.
—Viniste solo a preguntar si estábamos cogiendo o qué.
—Claro que no, disculpa a este tonto— Geo intervino dándome unos papeles.
—Mi divorcio— ¿Qué rayos? Hicieron semejante viaje hasta acá para restregarme de que ya era un divorciado más —No se fueran molestado en venir hasta aquí para enseñarme esto— tiré la carpeta en la mesita de centro.
—¿Qué sucede?— Tom vio mi expresión cuando bajaba y tomó los documentos. —Vinieron solo para traer esto — él también los tiró en la mesa, igual de incómodo y triste.
—No— expresó Geo muy alto en su tono debo agregar —Es lo contrario.
—¿lo contrario?— Indagó Tom sentándose en unos de los sillones.
—Esos papeles dicen que su divorcio es nulo.— Geo hizo una pausa y continuó cuando ambos no dijimos nada. —ustedes no están divorciados.
—Como que no lo estamos si yo los firme ese día— miré a Tom. Por qué hablar de ese momento era doloroso.
—Sí, los firmaste, pero lo hiciste abordo del crucero y este aún no estaba anclado.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—es como en Las Vegas, todo se queda allí.
—Dios hablen claro— Tom ya estaba más que irritado.
—En pocas palabras, casarse o divorciarse en un crucero es un trámite nulo. Solo es efectivo cuando lo legalizan en su país de origen y cómo pasaron tres años y nunca lo hicieron. Lo anularon definitivamente.
—¿y ustedes no sabían?— negaron con la cabeza. —¿y como se enteraron?
—Cuando pedí la cita para registrar a Mía.
—saben— los señalé con el dedo acusador —ustedes dos son los peores abogados que he visto.
Georg río bajito y Gustav puso los ojos en blanco.
—Pues creo que ya no hay necesidad de un divorcio o ¿me equivoco?—
Claro que no se equivocaba mi amigo. ¡Por Dios! Aún estaba casado con Tom, con el hombre que amó. Era una locura, pero bueno, estaba agradecido por las leyes territoriales del estado.

ESTÁS LEYENDO
𝑵𝒐 𝑷𝒖𝒆𝒅𝒐 𝑫𝒆𝒋𝒂𝒓𝒕𝒆 𝑰𝒓 ⟬ᵗʷᶜⁿʳ⟭
Romancesιᥱmρrᥱ hᥲbrá υᥒᥲ sᥱgυᥒdᥲ oρortυᥒιdᥲd ᥱᥒ ᥱᥣ ᥲmor. ¿tom ᥣᥲ dᥲrá.? ¿bιᥣᥣ ᥣᥲ ᥲρrovᥱᥴhᥲrá? ⟥𝙵𝚎𝚌𝙷𝙰 𝙳𝚎 𝚒𝚗𝙸𝙲𝚒𝙾: 10-junio-2024. ⟥𝚏𝚎𝙲𝙷𝙰 𝙵𝚒𝙽𝚊𝙻 :