CAPÍTULO IV

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—Vete… te lo ruego —pidió Kagome con la voz quebrada.

Sesshomaru se deleitó por unos instantes con la visión de esos ojos azules, ahora nublados por el miedo y las lágrimas.

A pesar de la satisfacción que le producía tenerla a su merced, y que el deseo le hervía la sangre, una punzada lo asaltó de pronto; era una sensación desconocida, parecida a la compasión, que lo obligó a apartar la mirada. No pudo evitar sentir debilidad hacia ella. Verla tan vulnerable, despertó en él una sombra de remordimiento que amenazaba con desbaratar sus planes.

Ella era su dulce veneno, y él no era un monstruo, al menos no del todo.

—Con una condición —dijo con voz ronca, obligándose a recuperar el control. Acarició la mejilla de Kagome con un dedo que descendió lentamente, trazando un camino de fuego sobre esa exquisita piel hasta rozar la curva de los jugosos senos, donde se detuvo, sintiendo cómo se tensaba bajo su toque.

Kagome estaba a punto de protestar, pero se contuvo con la esperanza de que él continuara con su discurso.

—Debes prometer… —dijo deleitándose con el poder que ejercía sobre ella y la forma en que temblaba con el tacto de sus dedos. —Que te portarás bien conmigo.

Confundida, Kagome replicó. —¿Qué quieres decir?

—Que cuando yo lo desee tendremos sexo. Sin negativas, sin protestas y exclusividad. Es todo lo que pido, Kagome.

Ella cerró los ojos con fuerza, aprisionando un gemido cuando Sesshomaru le pellizcó un pezón con rudeza. Un calor abrasador comenzó a extenderse por su cuerpo, despertando una mezcla de terror y excitación que la dejó sin aliento. La humillación la quemaba por dentro, pero también una chispa perversa emergió.

—¿Exclusividad? —susurró temblorosa, presa de una lucha interna que la desgarraba. —Pero… ¿Hojo?

El nombre de ese idiota le provocó tal molestia a Sesshomaru que apretó la mandíbula. Con los dientes casi rechinando, dijo: —Esa es la condición para que me vaya.

Por un momento, Kagome no respondió, hasta que miró el reloj, su madre llegaría muy pronto. —Te lo juro, pero por favor… vete ya.

Sesshomaru sonrió, satisfecho. La obediencia de Kagome y su sumisión forzada, alimentaba su oscuro placer. Se levantó lentamente sin apartar la mirada de ella, grabando en su memoria cada detalle de su rostro y cuerpo, y simplemente la desató.

Kagome lo observó alejarse, con la sensación de que acababa de pactar con el mismo diablo. Un escalofrío recorrió su espina dorsal, era una mezcla entre miedo y excitación.

Aquella sensación, le causó un terrible llanto.  Se estaba volviendo loca, ¿quien en su sano juicio disfrutaría de estar con un hombre que la chantajeaba?

Tenía que encontrar una manera de detener todo eso. Pero… ¿cómo librarse de las garras de un hombre que la encadenaba con placer?

*+*+*+*+

Desde que tenía memoria, Hojo la esperaba en la entrada de la escuela, y esa mañana no fue la excepción. Ver su porte delgado y frágil, le dió cierta ternura, sobre todo por el detalle que llevaba en sus manos, un ramo grande de hermosas flores amarillas.

Él la miró y le sonrió con tristeza.

Kagome detuvo su andar. Un torbellino de dudas y emociones la asaltó. Por una parte, había creído que Hojo se escondería de ella al menos hasta que el asunto quedará olvidado, pero ahí estaba, con la cara de arrepentimiento. Y por otra, estaba el juramento que le hizo a Sesshomaru.

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⏰ Última actualización: Feb 08 ⏰

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