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Los meses pasaron en una tranquilidad inesperada. La Tierra, poco a poco, se fue acostumbrando a la presencia de Iris, a su forma de cuidarlo, de hablarle con devoción y de aferrarse a él como si fuera lo único en su universo. Al principio, había intentado resistirse, recordar que no pertenecía a ese lugar, pero cada gesto de Iris, cada caricia y palabra dulce, empezaron a colarse en su mente.

Había algo en la forma en la que Iris lo miraba, con esos ojos brillantes llenos de amor y posesión, que hacía que su corazón latiera más rápido sin que pudiera evitarlo.

Esa mañana, Iris estaba como siempre, preparando el desayuno con dedicación. Sus manos se movían con delicadeza mientras cortaba las frutas y organizaba los platos.

La Tierra — (mirándolo en silencio)

Sentía algo cálido en su pecho. Era extraño cómo la presencia de Iris se había convertido en una parte importante de su día, cómo cada pequeña acción suya le traía una sensación de calma que no entendía del todo.

Cuando Iris le sirvió el plato con una sonrisa satisfecha, la Tierra lo tomó entre sus manos y miró la comida antes de levantar la vista hacia él.

La Tierra — Iris…

Iris — (sin levantar la vista) Hmm?

Iris respondió distraídamente mientras colocaba la bebida en la mesa, sin darse cuenta del tono distinto en la voz de la Tierra.

El silencio se extendió unos segundos, y la Tierra sintió su corazón acelerarse. Sus dedos apretaron ligeramente los cubiertos antes de soltar un suspiro.

La Tierra — Yo también te amo.

El sonido de la comida cayendo al suelo resonó en la cabaña.

Iris — (completamente congelado, con los ojos abiertos de par en par) …¿Q-qué…?

Su voz tembló, como si temiera que hubiera oído mal.

La Tierra desvió la mirada, sintiéndose torpe, pero no se retractó. En lugar de eso, dejó los cubiertos a un lado y se acercó lentamente a Iris.

La Tierra — Dije que… también te amo.

Su rostro estaba encendido en un profundo rubor, pero no apartó la vista de él.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Iris mientras su respiración se volvía errática. Sin poder contenerse, se lanzó sobre la Tierra, abrazándolo con tanta fuerza que casi lo tumbó al suelo.

Iris — ¡Te amo, te amo, te amo!

Iris sollozó, aferrándose desesperadamente a él.

Iris — ¡Pero yo te amo más! Mucho más… muchísimo más…

𝐎𝐛𝐬𝐞𝐬𝐢ó𝐧 (Iris x Tierra)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora