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𝐾𝑒𝑣𝑖𝑛

-Eres un maldito idiota, Ke... -jadeo, en cuanto introduje mis dedos dentro de ella.

-¿Qué decías? -pregunte, mi voz ronca por deseo.

-Mmm... -fue todo lo que pudo articular, un gemido ahogado en el placer que comenzaba a apoderarse de ella.

-No te escuché bien, Astrisita -bromeé, la ironía en mi tono contrastando con la intensidad del momento.

Observé cómo su cuerpo temblaba, cómo sus caderas se movían inconscientemente, buscando una fricción más profunda, una satisfacción que solo mis dedos podía darle.

Sin esperar una respuesta, acerqué mi boca a su intimidad. El aroma de su excitación me embriagó, un perfume embriagador que me hacía perder el control.

𝐶𝑜𝑚𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑢𝑛 𝑝𝑜𝑐𝑜 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠...

Mi lengua trazó lentamente el contorno de su sexo, empapado de excitación. Un gemido de ansiedad, un sonido gutural y desesperado, me confirmó que estaba a punto de explotar. Había llegado el momento de hacerle pagar por todos los días que me había hecho sufrir, por su terquedad, por su resistencia. Y lo haría disfrutando cada segundo.

Jugué con su jugosa vagina, saboreando su desesperación, su necesidad. Intentaba acercarse a mí, jadeando por aire entre cada movimiento, un reflejo de su creciente excitación. Sus uñas se clavaron en mis hombros, dejando marcas que me recordaron su intensidad.

𝐴𝑠𝑡𝑟𝑖𝑑 𝑚𝑒 𝑣𝑎𝑠 𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟.

-Ke... Kevin -gimio, entrecortada-. Mmm...

La llevé al límite, explorando cada centímetro de su cuerpo con una precisión casi quirúrgica, la probé, la besé, la devoré con la boca, la hice mía. Y me detuve, justo en el límite, en el instante en que su cuerpo estaba a punto de estallar en un orgasmo incontrolable.

Mmm, era deliciosa.

𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑎 𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙𝑖𝑐𝑖𝑜𝑠𝑎 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑡𝑢𝑦𝑎.

Es mía, aunque ella no lo sepa... Aún.

𝑌 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑙𝑜 𝑠𝑎𝑏𝑟𝑎... 𝑁𝑜 𝑙𝑜 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑟.

Eso ya lo veremos.

-¡¡¡ERES UN MALDITO IDIOTA!!! -gritó, propinándome una patada que apenas sentí, tan absorbido estaba por el torbellino de sensaciones que me producía-. ¡¿Cómo vas a...?! Mmm, aaa...

-¿Cómo voy a qué, perdón? Te recuerdo que solo tienes que decir dos palabras. Nada más... Y te haré correrte como nunca antes, preciosa.

-¡EN TUS SUEÑOS! ¡MALDITO IDIOTA!

Pase mi lengua por encima de su intimidad, ella gimió, fue solo un toque pero al parecer estaba tan desesperada por correrse que eso le bastaba para gemir.

Mi lengua trazó círculos sobre su clítoris, provocando gemidos cada vez más intensos, más desesperados. Moría por follarla, pero no me permitiría ese privilegio... aún. El placer de su sometimiento era demasiado dulce para apresurarlo.

-Dilo -ordené, mi voz firme, autoritaria, mientras mi lengua continuaba su danza sobre su clítoris.

-Quiero más... Necesito más... Mmm.

Suplico.

-A eso no me refería preciosa, y lo sabes. Dilo.

-Mmm -levantó la mirada, sudando, con una expresión de agonía y placer mezclados. Sus ojos estaban vidriosos, llenos de una intensidad que me hacía perder el control.

No iba a conseguir nada así. Sabía que era testaruda, pero... ¿En estas circunstancias lo diría? La apuesta era arriesgada, pero el premio valía la pena.

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⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

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