Capítulo 17

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La mañana amaneció con un cielo despejado y el aire cargado de esa energía eléctrica que acompaña los días importantes. Las calles alrededor del complejo deportivo estaban más llenas de lo habitual. Coches buscaban sitio entre las filas interminables, mientras familias avanzaban cargadas con pancartas y banderas ondeando al viento.

Al llegar, el ambiente era un hervidero. Voces emocionadas, risas y gritos se mezclaban con el ocasional bocinazo que resonaba a lo lejos. Me dirigí al campo de fútbol, donde Johnny y Gabo ya estaban preparando todo para el primer partido del torneo.

—¿Nervioso? —preguntó Gabo, ajustándose los guantes de portero.

—Para nada —mentí, aunque el nudo de ansiedad en mi estómago decía otra cosa.

—Pues a Johnny ya le tiemblan las piernas —bromeó, señalándolo con la barbilla.

Johnny, distraído mientras terminaba de atarse las zapatillas, levantó la mirada al oír su nombre.

—Tiemblan de emoción, amigo. Hoy estamos imparables —replicó, mostrando una sonrisa tan grande como su confianza.

—Sí, claro, emoción —murmuré, rodando los ojos.

Johnny levantó un pie, orgulloso, para mostrarnos sus zapatillas negras con detalles dorados.

—La suerte está en los detalles, caballeros. Estas son las armas secretas.

—Alguien quítele esas cosas antes de que intente volar —remató Gabo, y los tres estallamos en risas.

De repente, sentí unos brazos rodeándome por la espalda. La fragancia ligera que ya conocía me hizo sonreír incluso antes de girarme. Alison se apoyó en mí con esa mezcla de entusiasmo y ternura que siempre tenía en los días clave.

—¿Listo, campeón? —susurró, su voz tan cálida que parecía calmar mi nerviosismo al instante.

Me giré un poco para devolverle el abrazo, fingiendo más confianza de la que sentía.

—Obvio. Tengo un golazo reservado para ti, ¿recuerdas?

—¿Así que tú tienes goles reservados? —intervino Carolina, que llegó abrazando a Johnny—. Espero que este chico también tenga dedicatorias, porque si no, ya sabe lo que le espera.

Johnny la miró con una mezcla de culpa y diversión.

—Tres dedicatorias mínimo. Palabra de honor.

Carolina arqueó una ceja, evaluándolo.

—Más te vale, Jonathan —sentenció, sellando el trato con un beso en la mejilla.

La conversación fue interrumpida por dos figuras familiares abriéndose paso entre la multitud: mis padres. Papá, con su clásica camisa polo y jeans, y mamá, deslumbrando con un vestido coral y un sombrero de ala ancha.

—¡Hoy también llegaste temprano! —exclamó mamá al alcanzarnos.

—No empieces, mamá —dije, adelantándome para saludarla.

En cuanto mamá divisó a Johnny y Gabo, su rostro se iluminó aún más.

—¡Ahí están ustedes! —exclamó, caminando hacia ellos con los brazos abiertos.

—¡Señora Montalvo! —saludó Johnny, inclinándose en una reverencia exagerada—. Como siempre, un placer verla.

Ella rió mientras lo abrazaba.

—Siempre tan payaso. ¿Y tú, Gabriel?

—Todo bien, señora —respondió Gabo, tranquilo como siempre, mientras saludaba a papá con un apretón de manos.

Sombras del orgulloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora