Capítulo 18

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—No puedo creer que esté yendo a almorzar con tus padres —dijo Alison, más nerviosa que emocionada, su voz quebrándose apenas en la última palabra.

—Ni yo me lo creo —respondí mientras entrelazaba mis dedos con los suyos, intentando calmar el inquieto tamborileo que marcaba contra su muslo.

El taxi serpenteaba entre calles saturadas, avanzando con la misma determinación que mamá había tenido para organizar este encuentro. Honestamente, no estaba seguro de que fuera una buena idea. No porque dudara de Alison, sino porque conocía a mis padres. Mamá, en especial, era una fuerza de la naturaleza cuando algo se le metía en la cabeza.

El celular vibró en mi bolsillo por tercera vez en diez minutos: mamá. Otra vez.

Alguien está un poco intensa hoy.

A Alison no se le escapaba nada. Cada vez que su mirada caía en la pantalla iluminada por las notificaciones, su expresión de nerviosismo se acentuaba. Era la quinta vez desde que la recogí que revisaba su atuendo, como si el vestido pudiera cambiar mágicamente mientras nos acercábamos al restaurante.

—Te lo dije antes y lo repito ahora —dije con una paciencia que no sabía que tenía—: estás perfecta.

Y lo estaba. Mucho más que perfecta, de hecho. El vestido negro que llevaba no era ostentoso, pero abrazaba su figura con una cantidad justa de descaro que tenía un efecto devastador. Y yo que creía que nada superaría verla en su traje deportivo, lista para jugar vóley. Pero entonces apareció con ese vestido negro y todos mis conceptos sobre el universo cambiaron.

¿Quién necesita leyes de la física cuando ella entra a la ecuación?

Cada vez que giraba ligeramente el cuerpo o ajustaba un mechón de cabello detrás de la oreja, sentía que perdía la capacidad de razonar. Y sí, probablemente estaba siendo demasiado obvio, pero, francamente, no me importaba.

—¿Estás seguro de que no es demasiado formal? —insistió, mordiéndose el labio inferior, algo que, para ser honesto, no ayudaba a mi ya tambaleante autocontrol.

—Te ves hermosa, y eso es suficiente. ¿Qué importa si es muy formal o no?

—Tal vez debí elegir algo más casual... —murmuró.

—Si decides que volvamos para cambiarlo por uno rojo, no me voy a quejar, tomatito.

—Bromitas ahora no —me fulminó con la mirada, pero el rubor en sus mejillas la traicionó.

—¿Quién dijo que era una broma? —murmuré mientras me inclinaba hacia ella—. Aunque claro, un vestido rojo podría ser aún más... interesante.

El codazo que me lanzó no fue suficiente para disimular el sonrojo que subió hasta sus orejas.

—Eres un idiota.

—Uno enamorado, sí.

Alison rodó los ojos, pero no pudo evitar reírse suavemente.

—A ver —resopló mientras intentaba cambiar de tema—, solo tengo que ser yo misma, ¿no?

—Pareces haberlo entendido al fin.

Ella suspiró, pero noté que al fin una sonrisa se reflejaba en el cristal antes de que se girara hacia mí. En ese instante, los rayos de luz que entraban por la ventana del taxi parecían jugar con sus facciones. El negro del vestido contrastaba con la calidez de su piel, haciendo que mis pensamientos vagaran peligrosamente lejos del almuerzo con mis padres.

Lo que necesitas es un baño de agua fría.

O tres, mejor.

—Creo que puedo hacerlo.

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⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

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