CXX: El asedio

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El sol brillaba alto sobre La Perla, tiñendo de dorado las calles mientras Samira, Tamara y Melanie cruzaban el portón de la casona. Las risas nerviosas de las tres acompañaban sus pasos, como si el peso de los días recientes se aligerara con esa compañía.

—No puedo creer que nos convenciste de ir a clases de oyentes. Odio la escuela. —comentó Melanie, con una mueca de ironía—. ¿Cómo nos convenciste de ir a clases en nuestras vacaciones? Nos debes una Samira. —

—Jejeje. No puedes quejarte mucho. Al menos tuviste buena vista ¿eh? No hay muchos jóvenes de nuestra edad en la escuela, pero los pocos son casi todos hombres. —rio Samira.

—Pero no llegaban ni a diez y todos estaban comprometidos ya... Aquí los hombres de nuestra edad son demasiado solicitados. Tuviste suerte Samira. — dijo Tamara con desilusión en su voz.

—Lo único bueno de todo esto fue que con la nota que dejó escrita Zeth y la presentaste a la directora, no tendrás que cursar todo el último año. — agregó Melanie.

—La nota que dejó Zeth es un permiso por escrito, nada más. Como mi esposo debe autorizarme a seguir estudiando. Algo que él le parecía absurdo, pero igualmente lo hizo. —sonrió Samira recordando como había despotricado Zeth en contra de cada uno de los miembros del consejo por tener que escribir aquella nota. —Si me esfuerzo, solo rendiré algunas materias libres distintas a nuestra escuela, ya que con el viaje al Este pude aprender sobre lo que respecta a la vida en el desierto... Lo demás será fácil, espero...—

Melanie alzó una ceja con picardía. —¿Y si no apruebas?. ¿Qué hará tu guerrero? ¿Desafiará a duelo a los maestros? Jajaja—

—No le des ideas. Apuesto que con una sola de sus miradas afiladas Samira se gradúa de inmediato. Jajaja — se rio Tamara.

Samira, contuvo su carcajada, aunque el eco del nombre de Zeth le golpeó el pecho con una punzada. Daría lo que fuera para que él sea su maestro todo este tiempo.

Al entrar, los recibió el murmullo tenso de una discusión. Zahid, con los brazos cruzados y el rostro endurecido, hablaba con firmeza en el salón. Frente a él, Josh gesticulaba con evidente desesperación.

—¡No puedo quedarme más tiempo! —protestaba Josh—. La situación en este continente es... es terrible. Necesito volver al Nuevo Continente cuanto antes, y llevarme a mi hermana lejos de todo esto. — dijo Josh.

—Ya te dije —replicó Zahid, con la paciencia apenas contenida—, los buques no están zarpando. El puerto Norte sigue cerrado. No depende de mí. Lo bueno es que allí está Mehmet y en la última respuesta que enviamos a sus informes le pedimos que nos avise cuando los puertos retomen su actividad. —

—¿Y si tomo otro camino? Cualquier puerto, cualquier barco... No puede ser que solo el puerto Norte este habilitado con buques al Nuevo continente...—

—Ya te expliqué que, si vas por el puerto Oeste, pondrías tu vida en manos de los vientos y de corsarios desesperados. No, es no, Josh. Esperar es lo más sensato ahora. — cerraba la conversación Zahid como si hablara con uno de sus hijos.

—Debería haberme ido con Selim... Esto es insoportable...— refunfuñaba Josh alejándose a su habitación. 

Samira, que había permanecido en silencio, junto con sus amigas al entrar, se adelantó.

—Zahid... ¿Alguna noticia de Zeth? — le preguntó.

—No aún. Estoy seguro que apenas puedan, enviarán mensajeros. Ten en cuenta que estamos a dos días en caballo del Oasis de paso. — Zahid suavizó su tono al verla.

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⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

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