Capitulo 2

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Con un desafío 2 a 1 a favor de los Granates, y casi con el tiempo de juego cumplido, los Rayados avanzaron por la derecha y el Loco lanzó un centro precioso al punto penal. Mario Malparitti (que en lugar de quedarse de último hombre había preferido buscar la heroica) cabeceó con un lindo frentazo. Y la pelota pegó en el codo del Liso, que había saltado con Mario, justamente para marcarlo.

-¡Penal! -gritó Malparitti.

-¡Penal! ¡Penal! -gritaron el Capi, el Beto y algunos más.

-¿Qué decís? ¿Qué cobrás? -se defendió el Liso-. ¡Si yo o tuve intención!

-¡Qué intención ni intención... la tocaste y punto!

-¡Hay que juzgar la intención, flaco! ¡Leé el reglamento!

-¡Qué reglamento ni ocho cuartos! ¡Penal y a otra cosa!

  La mano es la única infracción, en el fútbol, en la que se juzga la intención. Si te pegan una patada se cobra foul, no importa si fue a propósito o sin querer. En camio, con la mano, solo se cobra si el que la tocó lo hizo queriendo. Y en ese desafío, si árbitro para que decidiera, pasó lo que tenía que pasar.

-¡Tramposo!

-¡Mentiroso!

-¡Atorrante!

-¡Piojoso!

  A esa altura, el Liso y el Mellizo, cansados de insultarse, empezaron a pecharse, y después de pecharse, a manotearse, y después de manotearse, prefirieron pasar a las trompadas. Y se armó un lindo tumulto entre los que querían separarlos, los que querían participar y los que querían curiosear. Menos mal que jugó llegó Amadeo y disolvió el alboroto, porque si no capaz que alguno terminaba lastimado.

METEGOL: EQUIPO EN PELIGRODonde viven las historias. Descúbrelo ahora