Salek
El vuelo estuvo algo largo, aunque tuvimos bastantes comodidades, la verdad es que solo queríamos llegar para empezar a movernos, "pronto te recuperaremos mi niña". Estos cuatros meses han sido como vivir en el maldito infierno. No había forma de encontrarla, una huella, alguna imagen, algún rastro que nos diera alguna pista a donde ese imbécil se la había llevado, "voy a hacerlo sufrir".
Sumándole a la desaparición de Alex, venia también las obligaciones de su cargo. Rossi si bien tenía una buena autoridad con los Don, no faltaban los que en vez de aportar, aumentaban la carga, "al menos tuvimos apoyo en ese sentido". Con los Petrova y Baruk apoyándonos fue más fácil mantenerlos bajo control, "aunque eso no los va a tener en regla mucho tiempo".
—Es raro volver a pisar suelo italiano —dice Dan al pararse a mi lado.
—¿Eres de aquí? —niega.
—Nací en Roma, pero esta ciudad la visité unas cuantas veces para desconectar de todo lo que conlleva la vida dentro la mafia.
—¿Por qué entraste? —este sonríe de forma nostálgica.
—En ese momento solo pensaban en apoyar a Mase, ayudarlo a recuperar ese puesto que según su padre, le habían quitado hace años de forma injusta y traicionera —mira donde los hombres que contrató están arrastrando al jefe de la policía de Madrid —si no hubiera conocido a Alex aun seguiría apoyándolo ciegamente —coloco una mano en su hombro.
—Es hora de movernos —este asiente y caminamos hacia una especie de galpón que hay en la pista improvisada en la que aterrizamos. Los hombres atan a una silla al jefe que por 4 mese nos estuvo viendo la cara de imbéciles.
—¿Le gustó el viaje oficial Castañeda? —este apenas levanta el rostro dejando ver como sus dos ojos están morados e inyectados en sangre —no me diga que su asiento no fue de su gusto.
—Se están metiendo en graves problemas —agita las muñecas —¡soy un miembro del cuerpo oficial!, ¡esta agresión les costará la permanencia de por vida en la cárcel!
—¿En serio? —suelto y me agacho hasta quedar a la altura de su rostro —¿entonces a usted le esperará la pena de muerte por apoyar a un criminal? —el color se pierde de su piel.
—No sé de qué está hablando —saco de mi bolsillo mi teléfono, busco entre los archivos y reproduzco el audio. Sus ojos se abren de sobremanera cuando oye como él le avisa al hijo de puta de Pierelli que fuimos a verlo —ese no soy yo.
—Pues se oye muy verídico —me enderezo.
—Les juro que yo no sé nada sobre la chica —empieza a agitarse —el solo... —titubea—solo debía mantener la investigación tibia, solo eso, se los juro.
—Por gente como usted es que nadie ya puede confiar en las leyes —saco el arma de mi espalda y la apoyo en su frente provocando su nerviosismo —entonces señor Castañeda, ¿empezará a decirme la verdad o tendré que usar otros métodos menos limpios para que me diga lo que quiero?
—Por favor...—las lágrimas aparecen —yo no sé nada...
—150 000 euros evidencian lo contrario —acota Dan, Castañeda solo niega alternando la vista entre los dos —vamos oficial, cante para mí.
Noto como la mancha entre sus pantalones va apareciendo mientras larga desde que Mase Pierelli lo contrató. Al tener deudas que con su sueldo no podía cubrir, aceptó. Le dijo que se abriría un caso de desaparición sobre una mujer, así que con su autoridad él debía hacer que toda cámara cerca de las calles y avenidas que iban hacia el aeropuerto estuvieran en mantenimiento cosa que no quedara ninguna grabación de como David salía con Alexandra en brazos.
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REYES
RomanceLIBRO 2: SAGA REENCUENTROS Y SECRETOS Carreras, diversión y estudios, en eso consistían nuestros días y estábamos bien con eso, hasta la noche en que volvimos a verla. En nuestras mentes vivía su imagen de infancia; frágil, gentil, hermosa y con uno...
