33.1 Extra

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Luke golpeo levemente con el mango de su escoba el costado de Georgina para llamar su atención, la joven se espabilo saliendo de su letardo. Se sorbio la nariz enrojecida, agarrando el balde y el coleto para desaparecer por el pasillo una vez el trabajo estuvo listo.

Una vez solos, Shanks no pudo evitar sacar a colación una conversación que se estuvo posponiendo durante mucho tiempo.

—Será un problema si no le dices lo que sientes —dijo, sin miramientos. Beckmann no respondió de inmediato a su provocación. Su mirada permanecía clavada en la puerta cerrada, como si con solo observarla pudiera recuperar el control de algo que ya se le escapaba. —Tendremos que dejarla en Water 7.

El vicecapitán cerró los ojos, como si ese destino inevitable doliera más cuando se pronunciaba en voz alta.

—Es demasiado joven —murmuró al fin, con pesadez.

Shanks alzó las cejas, con una sonrisa irónica.

—Vaya, para estas cosas serias sí te importa que tenga más de treinta... —bromeó con un tono que no ocultaba su sentido del humor.

Beck lo miró de reojo. Ambos sabían que convertir a Georgi en algo más era un camino peligroso, y que la joven merecía algo más que ser “el dulce del verano”. Shanks volvio a acomodarse en su asiento.

—Reina le tomó cariño. Podría convencerla de quedarse.

Beck suspiro pesadamente, dejando por zanjado el asunto antes de que escalara a un lugar peligroso.

—Primero tienes que convencer a Reina de que vuelva a tu lado.

Shanks iba a replicar, pero un golpe leve en la puerta lo detuvo. Beckmann fue quien ordeno a la persona detras que pasara, mientras Shanks se estrujaba los ojos con cansancio. El vicecapitan suavizo el entrecejo en cuanto observo a Georgi entrar nuevamente a la habitación de navegación.

—Pequeño George— la llamo el segundo al mando mientras le hacia un gesto con la mano, animandola a acercarse a ellos. Georgi lo observo con cierto recelo mientras le obedecia, para ella, beckmann seguia siendo un hombre que le causaba un extraño sentimiento, él le sonrio ligeramente— ¿Haz terminado tus labores?

Ella nego con la cabeza, para luego observar al Capitan.

—¿Puedo tener una reunión con usted, Jefe?

Shanks observo a beck por un segundo antes de volver su atención a la joven grumete.

—Solo estamos Beck y yo...— dio su negativa a quedarse a solas con ella en la habitación. El pelirojo sabia que Reina y Georgi habian establecido un vinculo en el poco tiempo de convivencia, por lo que reconocia cual era la queja principal de la muchacha— Cualquier cosa que tengas que decir, Beck tambien puede escucharlo.

Georgi dudó. Su mirada regresó al vicecapitán, sopesando si valía la pena postergar aquella conversación. Pero antes de ceder al temor, alzó la barbilla con firmeza.

—¿La rescatará? —preguntó con determinación. Sus ojos reflejaban una obstinación feroz, impropia de su puesto. El silencio que siguió fue tan espeso como el aceite, hasta que Shanks soltó una carcajada breve.

Su obstinación solo sirvio para confirmar el hecho que habian conversado antes. Reina tenía esa maldita habilidad para ganarse la lealtad de los demás, aún sin buscarlo.

—Debe de estar asustada —añadió Georgi—. Y nosotros podríamos acabar con el Cazador Blanco sin sufrir bajas.

Beck frunció los labios con dureza. A Georgi le faltaba mucho para ser una guerrera; tenía altura, sí, pero no fuerza ni temple suficiente. Apenas había logrado salir ilesa contra los Marines borrachos y crueles del G5... y aun así, se ofrecía para desafiar al mismisimo Cazador Blanco. Shanks no dijo nada, pero la curva de su sonrisa hablaba por él.

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