CAPITULO 31

55 8 1
                                        

Mase

—¿Me seguirás haciendo la ley del hielo o hablaremos como los adultos que somos? —sigo tecleando en mi computador ignorando a mi hermana —dios Mase, solo fue una salida, no exageres —cierro estrepitosamente la computadora para mirarla.

—¿Sabes si quiera lo que pudiste haber desatado? —ella frunce el ceño y cierra la puerta detrás de ella —la memoria de Alexandra aún es frágil, cualquier contacto con algo de su pasado puede desencadenar en recuerdos.

—¿Y qué pretendes? —pregunta enojada —¿mantenerla entre 4 paredes?, ¿evitar que haga cosas comunes solo por miedo a que recuerde? —golpeo mi escritorio con la mano abierta.

—¡HASTA QUE LA DROGA ESTE PREFECCIONADA SI! —grito sintiendo como mi pecho duele, veo como mi hermana me mira asombrada por mi reacción, "nunca le había gritado así". Respiro profundamente que tengo que cerrar los ojos y caigo de nuevo sentado en mi sillón.

—Respóndeme una cosa, Mase —abro lo ojos en su dirección —¿tú sabes exactamente como fue el tratamiento al que sometieron a Alexandra? —frunzo el ceño.

—¿A qué viene esa pregunta?

—Respóndeme —exige —¿sabes o no?

—No a detalle —veo como su mandíbula tiene un tick. Va hasta uno de los asientos y se sienta frente a mí.

—Le dieron terapia de electrochoques Mase —sus palabras me impactan que siento como si me hubieran disparado en el pecho —aparte de inyectarle con esa porquería —dice con verdadero asco y enojo —la sometieron a electrochoques.

—Eso no...

—Si es posible —me corta —y tú lo sabes mejor que nadie —no me quedo quieto y salgo de la oficina buscando a mi tío. Llego hasta la cocina donde lo encuentro riendo con Alexandra.

—Mase —la sonrisa de mi mujer flaquea al verme que se apresura a ir a mi lado —¿estás bien?, ¿Qué pasa? —tomo su rostro imaginándola a ella en una cama de hospital, dormida y después... "merda".

Apoyo mi frente con la de ella y simplemente cierro los ojos, "sé que sin eso ella no estaría aquí, pero..." —perdóname...

—Mase —la voz de mi tío me saca de mi cabeza y levanto la vista hacia él. Su mirada me dice una orden muy clara, "No. Digas. Nada". Vuelvo a mirar hacia Alexandra y la confusión baña sus rasgos.

Dándole una sonrisa, beso suavemente sus labios como si fuera un cristal muy frágil que en cualquier momento pudiera romperse, "voy a compensárselo, cada día, le compensare el maldito infierno que de seguro pasó para que este aquí". Escucho unos pasos detrás de mí que al girar veo a Raquel, esta se apoya en la pared y cruza sus brazos, la mirada que me da no es amigable, mas ya no es tan dura como la que tenía en la oficina.

Al volver la vista a mi tío sé que debo actuar ya —llama a los hombres a una reunión, tengo que dar un anuncio importante —sin preguntar ni nada, mi tío asiente y sale de la cocina.

—Mase —habla Alexandra —dime, ¿Qué está pasando? —vuelvo a sonreírle y sin hablar la alzo, ella enrolla sus piernas en mis caderas hasta que la llevo encima del mesón.

—Se que esto es lo menos romántico que podría hacer —me mira confusa y luego a mi hermana —pero ya no quiero esperar —tomo su mano izquierda y con lentitud beso su dedo anular, dándole una clara señal que ella entiende ya que sus mejillas se sonrojan de ese tono que me encanta en ella —se mi esposa, mia Ninfa.

Raquel

"Maldito idiota", cuando le revelé sobre el tratamiento de Alexandra era para evocar a la mínima conciencia que apostaba que podía tener, no para que venga y le pida matrimonio, "esto está escalando muy rápidamente".

REYESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora