Evan. Nueve años y cinco meses atrás.
Desde ese día, han pasado cinco meses. Cinco meses en los cuales, papá sigue igual. Esta todo el tiempo en su oficina, con botellas de wisky y cigarrillos en su mano. Mamá seguía sonriente, eso me encantaba.
¿Será que no tenía preocupaciones? ¿Acaso nada podría arruinar su sonrisa? Ojala fuera eterna.
Esos eran mis pensamientos en ese momento. No sospechaba nada. No sentía lo que vendría.
Recuero que justo, el día donde se cumplieron los cinco meses de aquel día, me encontraba fuera de casa jugando con mi Avión, y el libro que mi padre escribió para mí.
Cuando de pronto vi llegar un camión de mudanzas.
-mamaaa!- Comencé a gritar para que ella viniera a explicarme que sucedía y mientras tanto el camión se paraba en la cochera de la casa al otro lado de la calle, justo al frente de la mía.
-¿Qué sucede cariño?- pregunto mi madre, que salió con su delantal. Recuerdo todavía el olor a aquellas galletas de miel y chips de chocolates que solía hacerme diariamente.
-¿Qué es eso?- pregunte señalando el camión, del cual se bajó una mujer, de cabello rubio y ojos azules.
-un camión de mudanzas cielo, son los nuevos vecinos- dijo ella mientras tocaba mi cabello.
-ojala vengan niños- dije mirándola con una sonrisa en mi rostro.
-ojala sean buenos cariño.- dijo riéndose.
- espero que no sea una señora mayor como la señora Mercy, ella es mala mamá- dije mientras movía mi avión de un lado hacia otro.
-ella no es mala cielo, el problema es que ella no tiene paciencia con niños como tu- dijo mi madre sonriendo.
-yo no soy un niño mamá- dije con cara de enfado.
-¿Qué eres entonces?- pregunto mirándome con cariño.
-soy un hombre grande- dije poniendo mis manos sobre las suyas.
-¿a, sí? ¿Un hombre grande?- pregunto.
-si grande, grande, grande- repetí varias veces dando vueltas.
-eso es genial cielo- dijo moviendo mi cabello con su mano.- más tarde iremos a visitar a los nuevos vecinos y les llevaremos unas de tus galletas- dijo mi madre.
-bueno mamá- dije sonriendo.
******
A la tarde fuimos con mi madre y les llevamos las galletas, como regalo de bienvenida. La nueva vecina se llamaba Nora, estaba con un pañuelo en su cabeza mientras terminaba de acomodar algunas de las cajas que había traído por la mudanza.
-Logan- grito aquella rubia mujer- ven, están los vecinos- termino de decir con una sonrisa. Y al instante vi un niño bajar corriendo las escaleras.
-hola- dijo el niño.
-Hola- dije yo, él iba a ser mi nuevo mejor amigo.
-¿vamos a jugar?- pregunto. Y yo la mire a mi madre y esta me dijo que si.
Fuimos a su habitación y nos sentamos a jugar a la play.
-¿Por qué vinieron a vivir aquí?- pregunte a Logan.
-No lo sé- dijo levantando sus hombros.
-ah.
- ¿tienes hermanos?- me pregunto.
-no, soy hijo único. ¿Y tú?
-sí, una hermana, es más chica que yo.- dijo aun concentrado en el juego.
- eso es genial- conteste.
Y desde ese día, Logan y yo fuimos muy buenos amigos, inseparables, casi hermanos. Y nuestras madres, eran muy buenas amigas. Fue un buen día, pero no iba a terminar bien.
Era tan solo un niño de diez años, no podía saber que la felicidad no dura todo el tiempo. En ese entonces yo pensaba que siempre iba a ser feliz, y que todavía podía ser un héroe. El héroe de mi madre.
****
En la noche de ese día, mi padre tomo las llaves del auto, y con los ojos rojos por el alcohol salió como un rayo de casa, lo hacia todos los días, constantemente. Hoy los había oído. Mientras estaba en mi habitación haciendo los deberes, los oí discutir. Mi padre gritaba, pero mi madre le pedía, "por favor, baja la voz, Evan puede oírnos". Pero mi padre no hacía caso. En la voz de mi madre había un pequeño hilo de miedo. Pero en ese momento, siendo solo un niño, no podía identificar el miedo de los demás sentimientos.
Odio esto, desde aquel día, hace cinco meses, todo esto pasa seguido. Deje de hacer lo que estaba haciendo y me senté en un rincón de mi habitación, tapando mis oídos. Intentando que se formara una pared más fuerte a mi alrededor y evitar oír aquellos gritos. Solo podía sentarme allí y pedir en silencio por favor detente. Nada más podía hacer solo tenía diez años, no podía saber lo que vendría mucho tiempo después. Tan solo era un niño que no entendía la gravedad de los problemas.
"por favor papá, basta. Mamá lo hace porque te ama, por favor papá, se preocupa por ti. Por favor papá, basta, no me gusta escucharte gritar así, por favor papá, tan solo vuelve a ser el de antes"
...Por
Favor
Papá
No
Grites
Más...
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Recuerdos de mi primer amor
RomanceEl, una montaña de problemas, la persona con menos autoestima a pesar de su fachada de "mujeriego", tiene el pasado más despreciable de todos, y en sus acciones se reflejan las ganas de olvidar y seguir adelante. Pero los vicios lo llevan a alejars...