Capítulo 4: "Este es el plan..."

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A la mañana siguiente, después de que Robin se fuera a su habitación y yo me fuera a dormir, baje con más fuerzas bien entrada la mañana a preparar el desayuno.

Comprobé que en el carro había fruta y pan fresco por lo que me senté en el mismo tronco de roble que la noche pasada, saqué de mi bolsa mi cuchillo y mi cuaderno donde tenía todos los diseños de mis trampas y me dispuse a comer mientras dibujaba un rato.

-Se te da bien eso de las trampas Amelie Snare -me sobresaltó Henry.

-Y a ti eso de dar sustos sin avisar Henry Swift.

-No lo pretendía- dijo soltando una carcajada-¿Puedo ver tus ideas?

-Claro, pero no creo que las entiendas; están escritas con un lenguaje que me inventé con mi tío y dibujadas de tal forma que solo las comprendo yo- respondí llena de orgullo.

-Ya veo. Se nota que eres digna prima de John. Hablas con el mismo orgullo con el que habla él sobre sus cosas más preciadas..-dijo pensativo.

-Yo antes era una de esas cosas- murmuré tristemente.

-No pretendía desanimarte, lo siento. ¡Mira! Ahí vienen Michael y el jefe, vamos a hacer un repaso del plan, ¿te parece?

-¡Claro!

-Buenos días compañeros. Bien, este es el plan...

Me encontraba en el establo donde dejé a Willow; el cual estaba echado en el mismo lugar desde hace dos noches.

-Siento haberte dejado solo amigo...-dije acariciando su pelaje.

Una vez pagué al cuidador, que casi me deja sin nada, me dirigí junto a mi caballo a un claro cerca del castillo, donde lo dejé junto a mis cosas tranquilamente pastando.

La misión no comenzaría hasta bien entrada la tarde, y hacía ya dos horas de que habíamos comido, por lo que no me quedaba mucho tiempo para hacer lo que me habían encomendado. debía conseguir muchas cuerdas para mis trampas y rocas (que buscaría por ahí) para que tuviesen peso y volumen.

Llegué a la plaza y fui hacia una pequeña tienda en una bocacalle que no llamaba mucho la atención y, como me indicó Robin qu hiciera, llamé dos veces flojo, una fuerte y otra con la palma de la mano.

- Cuando la Luna cae y el Sol florece...-dijo el hombre desde la rendija de la puerta; indicándome que terminase la contraseña.

- El fenix renace y crece - finalicé.

Al abrir la puerta, me encontré con un hombre de mediana edad, y que. al igual que su tienda, no tenía visualmente nada de especial.

- Bienvenida. Soy Arnold Blacksmith; uno de los aliados de Robin Hood. No te conozco, ¿eres nueva en la rebelión?

- Me llamo Amelie Snare, y no, no pretendo quedarme mucho, la verdad. Me envía Robin a por cuerdas y buenos instrumentos para construir trampas. Vamos a rescartar a Jho... a Little John.

- Pues no hay más que hablar; ten, un suministro de cuerdas, martillo, hacha, polea... No tenemos nada más de momento...

- Muchas gracias, con esto será suficiente.

Y una vez compradas mis herramientas, volví con Willow y me puse a trabajar.

Cuando la Luna comenzó a salir y los habitantes de Sherwood se recogían a sus casas, yo ya había terminado las trampas y con Michael y Henry, me dirigí al castillo para ponerlas en su lugar una vez Robin terminase de dormir a los guardias.

Después de una hora aproximadamente, divisamos a Robin que nos hacía señas para que comenzáramos a buscar a John.

Al llegar a donde nos esperaba nuestro compañero, nos adentramos sigilosamente en el temible castillo del príncipe Joan.

Íbamos en fila india, con cuidado de no hacer ningún ruido y de no encontrarnos con ningún guardia o sirviente que nos pudiera delatar.

Robin estaba al frente, le seguía Henry, después yo y finalmente Michael que nos cubría las espaldas.

Yo seguía con confianza a mis compañeros ya que ya habían estado en este castillo más veces. Cruzábamos rápidamente los pasillos y nos escondíamos con cautela al escuchar el susurro de una voz.

Bajamos dos escaleras y el aire se hizo mucho más húmedo y denso, con olor a moho y suciedad.

Al fin llegamos a las puertas del calabozo, custodiadas por un par de guardias.

- Bien,-dijo Robin- Henry tú eres muy rápido así que saldrás ahí y dejarás que te persiga uno de los guardias. En cuanto a ti Michael, aprovechando la confusión noquearás al otro y Amelie y yo abriremos la puerta, ¿de acuerdo?

Todos asentimos y nos pusimos en posición.

A la cuenta de tres, Henry salió de nuestro escondite, le lanzó una piedra a uno de los hombres y salió escopetado seguido del guardia. A continuación, Michael corrió a por el otro y en un abrir y cerrar de ojos le dejó en el suelo. Cogiéndome de la muñeca, Robin me llevó rápidamente con Michael, le quitamos las llaves al aturdido guardia y mientras él vigilaba, yo intentaba dar con la llave correcta.

Al abrir la puerta nos llegó un fuerte olor humedad y se podían oír sollozos y gritos de los encarcelados.

Nos reunimos todos y comenzamos a buscar cada uno por un pasillo.

Miraba con cuidado de no pasarme de celda, sin prestar atención a los gritos y llamadas de los ladrones y criminales encarcelados.

Llegué al final del pasillo y no lo encontré así que volví corriendo al lugar de inicio donde me esperaban Michael y Robin con mala cara.

-¡Chicos lo encontré!-oímos el grito de Henry.

Corrimos por su pasillo lo más rápido que pudimos dirigidos por la voz de nuestro compañero.

Al llegar a la celda, casi se me saltaban las lágrimas. Veía a mi primo atado por las muñecas, vestido con unos harapos como pantalones y marcas de heridas en el pecho, como de latigazos.

Busqué la cerradura de la puerta e intenté rápidamente abrir la puerta.

Una vez cedió corrí hasta mi primo, la cogí la cara con cuidado para ver si abría los ojos.

- John...¿Johnny?-pregunté mirándole con preocupación.

- ¿Ammy?, ¿eres Amelie?- preguntó después de unos segundos.

-Si soy yo y vamos a sacarte de aquí.

AMELIE SNAREDonde viven las historias. Descúbrelo ahora