Segundo acto: Movimiento de fuerzas

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Los ejércitos del mundo empezaron a movilizarse por todas partes. Ningún lugar era seguro para la población a nivel mundial, nadie quería desatar una guerra, pero era inminente.

A donde fueras encontrabas soldados, y nuestro protagonista, bueno... El estaba en algo muy grande.

– ¡Como mierdas llegue a este puto desierto!gritaba en una carretera de un desierto, abandonada y árida.– Y para colmo se me acabo la comida, el agua, las energías... Ya estoy viendo cosas, ahí va un caballo, una vaca, otra vaca, y otra... Y otra... Esperen un momento.

– ¡Hola señor! ¿Qué lo trae a este lindo desierto?– gritaba un granjero desde su caballo mientras dirigía una manada de vacas.– ¿Usted no esta muy lejos de la ciudad? Se nota que no es ganadero o granjero.

– ¡Si! ¡Una persona al fin! ¡Soy tan feliz que podría morir ahora mismo!– y así caí al suelo cerrando mis ojos.

– ¿Esta muerto?... ¿Me deja sus cosas si esta muerto?

– !No estoy muerto!– le dije abrazándolo de tal forma que atrape sus brazos y lo cargue.

– Oigame, oigame. Yo no soy de esos usted me confunde.

– Digame ¿Dónde vive usted?

– ¿Eh? Si que eres raro... Vivo a 10 minutos en trote de caballo.

– ¿Y ha pasito de soldado?

– ¿Soldado? ¿Quien? ¿Usted? ¡Jajajaja!-se tira al suelo a reir.

– No le veo la gracia.

– S-simple niño ¿Quién es tu padre?– pregunto mientras me inspeccionaba  levantándome los brazos y tocando mis músculos.

– Alfonso Creispad Contreras, el máximo general de...

– Si, si si. El máximo general de toda la república mexicana y de la unión de latinoamérica.– dijo interrumpiéndolo

– ¿Lo conoce?

– Trabaje con el, un hijo de puta en muchos sentidos, pero con una visión de justicia muy incorrecta.

– ¿A que se refiere?

– Tu padre esta demente pues mataba a cientos de civiles si era necesario. Acabo con tres ciudades enteras en un ataque combinado. Vidas inocentes asesinadas por un alma negra y podrida.

– ¡Retire eso sobre mi padre!– tal vez no me agrade de todo quien es mi progenitor, pero es mi padre y lo respetó.

Me lanzo al ataqué y trato de darle un puñetazo directo al rostro pero el logro esquivarlo sin problema. Continúe intentando golpearlo o patearlo pero solo esquivaba todo lo que yo le lanzará. En cierto momento detuvo uno de mis puñetazos y golpeó mi abdomen para después abrazarme por mi pecho y derribarme y preparo su puño para un golpe en mi rostro, pero nunca lo dio.

– Tu padre es un bastardo.– dijo soltándome, alejándose unos pasos y colocandose en guardia de boxeo.

– Callate.

Me levanté y rápidamente lo derribo y ya una vez en el suelo comienzo a golpearlo sin parar. El esquiva uno de mis golpes y con un rodillazo en mi espalda me quita de encima suyo.

– No puedes vencerme niño, rindete ya.

– Jamás me rendiré. Insultaste el apellido Creispad. Yo te mataré.

Corro hacia el y derrapó cruzando por debajo de sus piernas. Lo tomo por sus píes y lo tumbo a la arena, salto y con mi rodilla izquierda trato de atacarlo pero el rueda evitándome para colocarse de pié y tratar de patearme pero bloqueo su patada con las palmas de mis manos y después me levanto dando una vuelta hacía atrás. Viene hacia mi con mucha rapidez, me golpea en el abdomen sacandome el aire, luego me da una patada doble, la primera fue a mi pierna y la otra a mi cara, por poco y caigo al suelo por la fuerza.

Sus ataques son muy fuertes y demasiado rápidos, pero no me rendiré. Me pongo de pie pero mis pierna no resisten mas y caigo al suelo, el se me acerca y se coloca en frente de mi.

– Veo que ya no hacen a los soldados como antes. Eres débil e inútil, no tienes fuerza ni rapidez, mucho menos técnica.

– Cierre la boca.– le digo mientras caigo al suelo del cansancio y dolor.

– ¿Está muerto? ¿Me da sus cosas si está muerto? Por cierto, el desierto hace que la gente se deshidrate mas rápido. Debió haber considerado tomar agua.– decía sacando un fiero extensible de su chaqueta.

– Ojala muera comido por sus vacas.– dije regresando la cara en la arena, sin voltear a verlo.

Comienzan a sonar motores de aviones y de vehículos a las cercanías, el sujeto se alarma y busca por todos lados el origen de ese sonido hasta encontralo.

– ¡Oh mierda!– maldijo guardando su arma.– Si de verdad eres un Creispad me lincharan por dañarte.

Me toma de mis piernas y arrastra hasta llegar a su caballo. Trato de resistirme pero logra subirme a este y se monta el también mirando hacía atrás, lo cual yo también hago.

– Oh mierda.– diez autos no blindados del ejercito iban a gran velocidad hacía una dirección diferente pero al ver al viejo giraron hacia nosotros. El tipo comenzo a cabalgar a toda velocidad, de un giro inesperadonme coloca tras las riendas del caballo y el en el asiento de acompañante. De una de las bolsas que traía la silla de montar saca cerca de diez minas terrestres, y con total tranquilidad las va lanzando por el camino mientras silba un tema del ejercito.

– ¡¿Que mierdas haces viejo?! ¡Son soldados! ¡¿Por qué huimos?!

– ¡Callate y conduce! Si son lo que creo, no importa que te vean, también te van a matar.

De otra bolsa saca piezas para armar un rifle de francotirador y de otra bolsa saca munición explosiva.

– Valió madres. En cerio que estas loco maldito anciano.– dije volteando hacia atrás para ver lo que hacía.

Comenzó a disparar a las minas, las cuales logran darle a unas cuantas camionetas. De otra bolsa saca granadas de implosión, las cuales son mas peligrosas por crear un efecto de vacío que terminan en una gran explosión cinco veces mas potente que las demás.

– ¡Como chingados consigues estás madres!

– ¡Callate y conduce! ¡Luego te cuento!– dice dándome un golpe en mi cabeza.

Lanza todas las granadas juntas, pasan unos segundos... La explosión fue tal, que la onda expansiva nos alcanzo a dar. Caímos del caballo y ya no nos seguían mas. Una luz blanca cubría la parte donde las granadas fueron lanzadas, la cual se esfumo segundos después dejando ver un enorme cráter en la arena.

– ¡¿Quien mierda eres?!

– Yo soy, Carlos Creispad Contreras, tu tío

– Valió madres ¡¿Tengo un tío?! ¡Me debes veinticinco cumpleaños!– lo único que recibí fue un golpe en mi estómago sacandome el aire.

– Conformate con eso niño. Ahora vámonos.

La vida que me toco llevarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora