Había sido un verano de locos. Lauren estaba sentada en su escritorio, sonriendo para sus adentros una tarde a principios de septiembre. Se había lanzado al ambiente con entusiasmo, y con Camila siempre a su lado. El grupo principal de amigas de Camila la había adoptado con una actitud cariñosa y protectora. Ahora ella era miembro oficial del Clan de los Chichis de Camila. Incluso aquella veleidosa Shannon había dejado de mirarla con ojos de becerro degollado, ya que había encontrado a una ninfómana de diecisiete años con la que ocupar sus noches.
Ahora, los fines de semana salía habitualmente por los bares de la zona o a los barrios de gays y lesbianas que había por todo el país. Por lo menos dos veces a la semana Lauren y Camila pasaban una velada en uno de los bares locales o en el piso de Camila. Allí estudiaban minuciosamente los anuncios de contactos clasificados, recopilaban respuestas escritas a los apartados de correos o ensayaban guiones para los mensajes de voz. Lauren esquivaba la propuesta de
Camila de que ella pusiera su propio anuncio.
—Novata alta, delgada y desesperada necesita preciosa muñeca para que le apriete las clavijas. ¿No? ¿O qué te parece: zorra rica necesita servicios regulares. ITV superada y se garantizan pezones engrasados? ¿O: cachonda madura que se muere por hacerlo necesita urgentemente una larga, lenta y sensual sesión de sexo con absolutamente cualquiera? —le preguntó Lauren.
Se atragantó cuando empezó a reírse con la boca llena de cerveza. Nunca le había gustado la cerveza, pero ser miembro del clan implicaba unas reglas estrictas. La cerveza en botella y los piercings en la oreja eran los primeros requisitos. Así que Lauren aprendió a pillarle el gusto a la Budweiser (le alivió ver que el Jack Daniel's también se permitía) y se había armado de valor para llevar pendientes de doble aro en una oreja. Su anillo de casada aún seguía bien metido en el bolso desde la primera vez que salieron juntas. Luis no había hecho ninguna observación al respecto, seguramente ni siquiera se había dado cuenta, y ella había hecho que le ajustaran el sello que le regalaron cuando cumplió dieciocho años para poder llevarlo en el meñique de la mano izquierda.
Camila había sugerido algunas otras muestras de elegancia lesbiana, pero Lauren creía que podían resultar demasiado delatoras. Hacerse piercings en otras partes del propio cuerpo no le atraía en absoluto, aunque en diversas ocasiones había admirado el pequeño piercing que Camila llevaba en el ombligo. No obstante, todavía no se sentía como una lesbiana hecha y derecha, y aún no dominaba el arte de reconocer a una hermana en cualquier sitio que no fuera un local de ambiente.
Camila le había dicho que le llevaría un tiempo y mucha práctica. Tenía algo que ver con La Mirada: al parecer se trataba de una inflamación instantánea del clítoris que se producía cuando una mujer miraba a otra de una cierta manera en un entorno heterosexual. Lauren, lamentablemente, aún no había experimentado La Mirada fuera de los clubs y bares que ahora frecuentaba.
A decir verdad, tampoco la había experimentado demasiado dentro del ambiente. Camila y el clan habían hecho todo lo posible para animarla cada vez que ella se iba sin haber conseguido ligar. Se turnaban para bailar provocativamente con ella en los pubs y consideraban su obligación presentarle regularmente a sus otras amigas. También empezaba a acostumbrarse a la enorme cantidad de coqueteo que había dentro del grupo.
Todas se mostraban abiertamente cariñosas con las demás y le costó un poco de tiempo acostumbrarse al hábito de besarse en los labios cuando decían hola o adiós, pero ahora le salía tan natural que tenía que recordar conscientemente no hacerlo con sus amigas heteros. Verónica la hubiera abofeteado.
Invariablemente, cuando una del grupo tenía una crisis emocional o atravesaba un período especialmente sensible, las demás acudían a ofrecerle su apoyo, como gallinas cluecas o como suelen hacer las tías favoritas.
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Placeres ocultos- Pausada(Camren)
RomanceCUIDADO! Contenido explícito. El cambio del milenio se acerca y lo mismo sucede con el cuarenta cumpleaños de Lauren. Lleva casada veinte años y está harta de su papel de esposa trofeo en una pequeña ciudad donde no puede luchar adecuadamente para l...