[Capítulo 14]

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MINA.

Con el corazón latiéndome fuerte, intento moverme alrededor de la sala. Con pasos lentos y silenciosos, mientras reprimo miles de sollozos acumulados en mi garganta. Miro hacia todos los lados tratando de ver algo por encima de la oscuridad, pero no hay nadie. Y el silencio me esta volviendo loca.

Busco la salida de la casa con la idea de huir. Quizás Jenny y su abuela también lo hicieron. Quizás la abuela se dio cuenta de las malas intenciones de ese hombre y lo mató. Si fuese así, con seguridad no están en la casa. Así que yo también debo hacerlo.

Sin embargo, la idea se rompe cuando al llegar a la puerta esta se encuentra cerrada. Me cubro los labios conteniendo el llanto. Que este cerrada solo me indica que estoy atrpada. Y que alguien está adentro. Conmigo.

Todo empeora cuando escucho un disparo. Salto en mi sitio y caigo de rodillas, aterroizada y con el corazón casi saliéndose de mi pecho. Se ha oído muy cerca. Como si proveniera del sótano.

No lo pienso más, inteneto subir las escaleras hacia la habitación. Con la estúpida idea de encontrar una salida, hasta que el llanto de alguien más me detiene casi en el primer escalón. Retorno, lentamente y descubro que bajo estas hay una pequeña puerta. Un cobertizo. Al principio dudo en abrirlo o no, hasta que unos pasos determinados y lentos me obligan a abrirla y adentrarme en la oscuridad de la pequeña habitación.

MAX

Tan pronto me subo al auto para ir por esa niña, tomo mi móvil y hago la llamada.

—La tengo —digo, tan pronto alguien contesta—. La he ubicado, está solo a unos kilómetros de las afuera de Des. Ahora quiero que dejen en paz a mis padres y a Annette.

—Nosotros también la tenemos.

Mis labios se abren lentamente.

—¿Qué significa eso?

—Que mis hombres también ubicaron a Romina —me increpa—. Y ahora necesito que vayas por ella.

—¿Por qué no envías a tus malditos hombres por tu hija?

—Porque están muy lejos y no llegarían a tiempo y tu sí.

Tardo un poco en admitir que me ha inteigado como inquietado una parte de su frase.

—¿No llegaría a tiempo para qué?

—Todos han ubicado a Romina, ¿entiendes? No solo nosotros y tú, también ellos.

—¿Por ellos te refieres a quienes la secuestraron?

—Así es.

El mundo parece reducirse al sonido del motor encendiéndose.

Mierda.

Romina está marcada.

—Sé lo que pasó hace un año, Max —continúa él—. Y sé que no vas a permitir que se repita.

Mi mandíbula se endurece.

—No metas eso aquí.

—Quieres redimirte. No es solo por tu familia. No es solo por Romina. Es por lo que pasó con la hija del ministro.

Mi respiración se vuelve pesada.

—No pronuncies su nombre.

Pero él lo hace.

—Nuria.

El recuerdo me golpea como un disparo.

Y acelero.

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