Kyle nunca fue bueno haciendo amigos, pero tras mudarse a Everless se encontrará con muchas personas que le cambiarán la vida. En especial uno, Alex.
****
La infancia traumática que tuvo Kyle lo dejó con una marca de por vida, un trastorno de ansied...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Kyle, ¡Kyle despierta! No pienso seguir insistiéndote.
«Por Dios, hombre. Te escuché la primera vez, de hecho, ya estoy despierto. ¿Es mucho pedir que me dejes en paz otros cinco minutos».
—Llegarás tarde.
Mustié y me puse la almohada encima de la cara con el propósito de silenciar toda la contaminación auditiva a mi alrededor.
Los lunes por la mañana se vuelven especialmente ruidosos.
Odio el sonido de las aves cantando, odio a la gente que pasa trotando por la acera y grita buenos días a medio mundo, odio los autos que van tocando el claxon sin importarles nada. Odio a la gente que se levanta temprano porque me despierta a mí.
Y a todo esto, le añadimos a mi obstinado tío que no paraba de llamarme una y otra vez.
—Cinco minutos más, no pasa nada si llego tarde —hablé con mi voz adormilada e inentendible.
Larry me arrebató la almohada y la tomó como arma para soltarme un golpazo en el rostro, al menos así terminó de despertarme.
—¡Oye! ¿qué te pasa? —reclamé indignado—. Hay mejores maneras de despertar a la gente.
—Contigo no —me miró enojado—. Además, no es posible que a tus diecisiete sigas haciendo esos berrinches para no levantarte de la cama.
Ese maldito sol me traicionó cuando más lo necesité. Hoy había decidido esconderse tras una densa capa de nubes grises.
Era más que una costumbre para mí levantarme todos los días gracias a los molestos rayos del sol que entraban por las rendijas mal cerradas de mi persiana, pues me golpeaban directo a los ojos.
Siempre que nos mudamos pasaba igual, tenía la suerte de que mi habitación quedara de cara a dónde salían los primeros rayos del amanecer, bañando de luz al resto del mundo y, sobre todo, mi habitación (siempre y sin excepciones). Comenzaba a creer que Larry lo hacía a propósito para que me levantara temprano.
El clima no estuvo de mi lado, pero todavía tenía algo de esperanza de que, en lo que le quedaba del día, no me fuera tan pésimo. Como es usual, en cualquier primer día de escuela de Kyle.
Antes de tomar un baño me paré frente al espejo y observé las grandes ojeras que se me habían formado por la falta de sueño de días anteriores. Debido a mi tes blanca, las ojeras me hacían parecer todavía más muerto.
Abrí la llave y el chorro comenzó a correr, me lavé la cara con agua fría para terminar de despertar antes de abrir el botiquín y no equivocarme de píldoras, como sucedió la última vez. De ahí saqué mi medicación para la ansiedad y me pasé las píldoras con la garganta seca, el sabor amargo de los medicamentos se quedaba por un rato en el paladar cuando no me las pasaba con ayuda de un trago de agua, dejando una sensación aspera en la lengua que aborrecía.