Tercer acto: El inicio del apocalipsis.

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– Niño despierta.– dijo aquel señor que resulto ser mi tío, vaya vida tan hermosa y llena de sorpresas.

– ¿Qué quieres? ¿Qué no ves que deseo descansar? Me persiguieron militares y cabalgue con un anciano loco que resulto ser un familiar quien odia a su hermano.– me mantuve acostado sin abrir los ojos.

– Hora de que veas lo que pasa cuando un hombre se gana al odio de países enteros y crea una guerra.– dijo alzando la vista al cielo

Aviones pasaban por encima nuestro ¿Cómo no me desperté antes por el ruido de sus motores? Ahora avanzaban hacía una dirección rara, iban hacia la ciudad, comencé a escuchar disparos.

– Observa como por culpa de tu padre, la humanidad cayo en guerra.– dijo mi tío

Pasaron unos minutos, comencé a escuchar vocinas potentes, un avión enorme sobrevolaba la ciudad, el mas grande que vi en toda mi vida. Los aviones pequeños se alejaban a máxima potencia

– Uno...– comenzó a contar mi tío.–  Dos... Tres... Cuatro... Cinco... Seis...-

Una explosión, una enorme explosión. Una luz intensa salio de aquella ciudad, una luz cegadora. Por unos minutos estaba ciego y cuando la luz había cesado la ciudad se encontraba en ruinas. Se escuchaban los gritos de las personas, los autos con sus alarmas encendidas, un caos causado en tres minutos.

– Y ahí va la capital de este estado chico.– dijo mi tío

– ¡¿La capital?!– grite alarmado

– Si... ¿Por qué?

–Mi madre se encuentra ahí...– dije con lágrimas en mis ojos.

– ¿Lo ves? Tu padre causo esto. Por su culpa la ciudad mas grande del país fue reducida a escombros. La guerra inicio chico y tiene tres bandos principales: América, Asía y Europa... Todos con deseos se sobrevivir.

– ¿Sobrevivir?– cuestione confundido.

– También hay grupos milicianos que buscan mi cabeza y dinero para sobrevivir claro. Pero yo tengo mi propio grupo para defenderme, a mi y a mi gente.

Al voltear vi como cerca de diez autos con blindaje pesado se acercaban por el desierto a toda velocidad, algunos llevaban ametralladoras pesadas en la parte superior y otras enormes defensas delanteras para chocar lo que fuera y a quien fuera.

– ¿Porque crees que me persiguieron esos soldados hace rato? Soy el fugitivo numero uno del país, soy un Creispad Contreras pero se lo que es bueno para mi gente, sin matar personas inocentes, solo a los que lo merecen. Mi rebelión va a sobrevivir, unete a nosotros.

– No puedo, mi lugar no esta aquí. Soy un soldado y debo luchar para defender mi país.– lo mire a los ojos.– Es la vida que me toco llevar.

– Entiendo, si algún día cambias de opinión, buscanos. Estaremos hacia donde el sol nace. Cuidate mucho sobrino mio, y no dejes que tu padre te mate.– subió a su caballo y espero a que llegará la caravana.
Una chica se me acerco, me dejo armas y provisiones tanto balísticas como alimenticias.

– De parte de tu tio.– dijo con una sonrisa, un hombre a caballo vino por ella y se fueron.

Solo, en el desierto, tengo una misión, descubrir los secretos de este país, cueste lo que cueste. Saber quien es el bueno, quien es el malo. Y a quien mataré por la muerte de mi madre. Tome todo, y camine directo a la ciudad, ya nada me parará. Ni los soldados, ni los rebeldes, ni la radiación.

– Ante la noche que se avecina y el frio que se arrima, juro por mi nombre que seguire mi destino, y si es necesario, matar a quien sea culpable de este terrible suceso.– dije al viento.

Una fuerte ventisca soplo, levantaba mi ropa. Saque un arma y la recargue, le coloque el seguro y la puse en mi bolsillo.

– Listo para la acción, si de verdad esto es tu culpa padre... No te lo perdonare.– dije entre dientes.

Comencé a caminar por aquel inhóspito desierto. Al cabo de unas horas llegue a la entrada de la ciudad. Desdé aquí todo se veia bien, escuche varias camionetas y volte hacia mi izquierda, solo eran eso, camionetas, sin conductor, supongo que la radiación restante las afecta.

Camine despacio, me sentí un poco mareado, efecto de esta radiación. Encontré una casa, la revise y estaba vacía, cerré la puerta y me dirigí a la habitación principal, deje mis cosas a excepción de mi pistola y baje. Prendí la tele pero no habia nada de señal, ni comunicaciones, busque comida pero solo encontré una lata de frijoles y un poco de carne enlatada.

La cocine y me fui a dormir, miles de cosas pasaban por mi mente, desdé mi madre y padre, hasta mis amigos, me quede dormido.

Me desperté de golpe, revise mi reloj y vi que eran las 8:00 am así que decidí bajar a revisar. Algo me golpeo la cabeza y caí adolorido, eran dos chicas y dos chicos, comenzamos a pelear pero no pudieron contra mi, sin pensarlo dos veces saque mi arma y dispare al techo.

– ¡Ya basta! ¡¿Quien mierda se creen para atacarme?! ¡Si yo llegué primero!–  cuestionaba muy enojado

– Pensamos que eras una de esas cosas.– dijo una chica

– ¿Que cosas?– pregunte con una cara demasiado confusa y a la vez con enojo.

Se escucharon golpes en la puerta

– Esas cosas.– dijo uno de los chicos

– Preparense para luchar ¿Nos ayudarás?– me pregunto una chica dandome un machete.

– ¿Ayudar a que?– pregunte tomando el machete.

– ¿Donde has estado los últimos días después de la bomba?– me dijo la otra chica.

– ¿Ultimos días? Pero si la bomba exploto ayer.– se miraron entre si extrañados, los golpes se volvieron cada ves mas y mas fuertes.

– Te lo diremos si salimos con vida de esto.– me dijo uno de los chicos.

La puerta cedió ante los golpes, unas criaturas entraban... Parecían humanas pero no lo eran, o al menos ya no mas.

Subí rapido a por mis cosas, tome mi mochila y baje disparando a toda criatura que intentase entrar a la casa. Era divertido poder matar algo después de un día, o quizá ya era una semana.

Uno se abalanzo hacía una chica, pero uno de los hombres lo pateo en la cara tumbándolo para después clavarle su machete.

– Pero que ágil. Apuesto cinco pesos a que fue militar.– dije sin percatarme de uno que se acercaba mucho hacia mi.

Lo note y rápidamente apunte a su cráneo y dispare, mas no salio ninguna bala.

Se lanzo hacía mi, el machete se me cayo un poco lejos. Logré tomarlo y se lo clave por la boca, recargue y mate a los sobrantes. Por fin todo había quedado en paz, echo un desastre con sangre por todos lados y un olor horrible a carne en descomposición. Uno de los chicos me dio las gracias.

– La bomba ocurrió hace siete días.– me dijo

– No mames.– dije asustado.– ¡Dormí una semana entera!

La vida que me toco llevarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora