Un hilillo de luz entraba por mi ventana haciendo que mi habitación pareciera la cueva más misteriosa jamás vista. Lentamente me giré y miré el reloj que marcaban las 9:23a.m.
Nada había sido un sueño, estaba en Londres. Reinaba el silencio dentro de mi habitación. El único ruido que se podía diferenciar eran las gotas de lluvia impactando con el suelo.
-Buenos días mamá.
-Hola cariño, ¿cómo te encuentras?
¿Cómo me encuentro? Ni yo misma lo sabía, así que opté por desviar la pregunta.
-¿Qué hay para desayunar?
-Lo cierto es que... tenemos que hacer la compra, en la mesa hay dinero, cógelo y ve a descubrir las calles de Londres y aprovecha para disfrutar de un rico desayuno.
Qué remedio. Fui directa a la ducha, el agua caliente siempre ha relajado. Me puse unos jeans ajustados, una camiseta, mi jersey favorito y mis viejas converse.
Me disponía a salir cuando la voz de mi madre me detuvo.
-Cielo se me había olvidado decirte que, en el garaje han dejado una bicicleta, esta en buenas condiciones. Ayer la limpié por si te apetecía dar una vuelta en ella. Emocionada, fui al garage y allí estaba. Era perfecta, traía incluida una cestita delante. Me subí y emprendí mi camino.Había dejado de llover, pero hacía frío. Antes de desayunar me paré en un pequeño quiosco donde encontré un candado para asegurar la bicicleta, después, divisé un Starbucks. No lo dudé y entré. Siempre me había gustado el ambiente de aquella cafetería. El local estaba lleno de gente para ser tan pronto. Hice la cola y me decanté por un chocolate caliente con avellanas y una big cookie. Subí las escaleras y encontré un sitio al lado de una gran ventana. Pero quién me diría a mi, que en aquel sitio, elegido al azar, me iba a encontrar con él . Un grupo de chicos estaban situados unas tres mesas mas lejos que la mía, aunque no lo suficientemente lejos para darme cuenta que uno de los integrantes era él, James. De pronto, dejé de tener hambre y sin saber porque me entraron ganas de salir de allí. Rápidamente me comí la galleta y decidí que me iría tomando el chocolate por el camino. Me disponía a levantarme e irme pero fue demasiado tarde, aquel joven me vio. Intercambiamos miradas y se levantó del grupito. Poco a poco se acercó a mi.
-¿Quién nos iba a decir que nos íbamos a encontrar?
Todo el grupo llevaba una chaqueta a juego con el resto. En ella había grabado un logo de un instituto, instituto West.
-James... ¿verdad?-dije.
-La inconfundible Mía...
Sin esperarlo me cogió la mano y me llevó con sigo.
-Te presentaré a mis amigos.
Yo no opuse resistencia pues me quede en shock cuando tomó mi mano.
-Chicos ella es Mia, la conocí en mi viaje de vuelta.El grupo se componía de cinco personas incluido James, parecían los típicos chulos del instituto, los desagradables que siempre van con las populares, pero me equivoqué, y rara vez lo hago.
Hey Mia encantado- se levantó un chico moreno, de ojos castaños un poco mas alto que yo- Me llamo Eric.
-¡Qué pasa chica! Parece que James nunca pierde el tiempo, me llamo Alan.
Alan, el típico gracioso del grupo que nunca falta, pero era bastante agradable.
El siguiente que me saludo, fue Brandon. Muy educado él, me dedicó una sonrisa a modo de saludo.
Y por último fue Abraham, el más vergonzoso del grupo, o al menos daba la sensación de serlo.Siéntate con nosotros- me dijo James.
No sabía como decirle que no, pero tampoco tenía motivos para irme. Ahora más que nunca me convenía conocer a gente y hacer amigos.
-Así que vienes de España- comentó Alan.
-Sí, me acabo de mudar y mañana empezaré el instituto.
-¿A cuál vas a ir?- quiso saber Brandon.
- Si te soy sincera no tengo ni idea, solo se que en frente, hay una de las mejores cafeterías, o eso me han dicho.
- La mejor está en frente de nuestro instituto- dijo Eric con entusiasmo.
-Bueno bueno Mia, seremos compañeros- dijo Alan con un tono gracioso.
Solté una carcajada pues lo dijo con cierta gracia.
-Chicos tengo que irme, encantada de conoceros.
Me di media vuelta y me fui. Ya estaba saliendo por la puerta cuando escuché mi nombre. Era James que me estaba llamando.-Mia, ven, demos una vuelta. Seré tu guía turístico.
No pude evitar reírme, pues a la vez que decía aquello, hacía gestos como si fuera un azafata de vuelo.
-Claro, pero vengo en bicicleta...
-No importa, yo vengo en moto, si quieres damos una vuelta y luego te traigo.
-Está bien.James me llevó por los sitios más turísticos. Tenía un poco de miedo porque nunca había subido en una moto y porque prácticamente ¡James era un desconocido! Pero algo me decía que confiase en él.
-¿A dónde vamos?- pregunté
-Vamos a ver Londres desde las alturas, ¿qué te parece?
-Pues una... ¡gran idea!
-Las damas primero.
Me dejó paso, pero por dentro estaba llena de miedo, era la mayor noria que había visto jamás.
-¿No tendrás miedo? -me dijo con un tono burlesco.
-Para nada, quien será el que está temblando...
Continuamos hablando hasta que el movimiento de la noria cortó nuestra conversación.
La noria cada vez se movía más y más rápido y no pude contenerme y cerrar los ojos. Estaba llena de miedo. Hasta que la noria se quedó parada y nosotros quedamos en lo más alto del london eye.
-¿Tienes miedo a que sí?- lo pregunto riéndose a más no poder- Abre los ojos.
-No puedo, acabo de descubrir que tengo vértigo.
De pronto sentí como nuestra cabina se movía, y que James se había cambiado de sitio. Me tomó el brazo y me dijo:
-Abre los ojos, no tienes porque tener miedo, estoy contigo.
Había algo en el que me traía calma, y decidí abrir los ojos, todo era precioso, hasta que la noria se puso en marcha. Como una acción instintiva, me asusté y me acurruqué en James, en ese momento no podía pensar en la vergüenza pues el temor se apoderaba de mi. Una vez llegamos abajo y se había acabado, yo seguía en la misma posición.
-Ya ha parado... ¿te apetece bajar o quieres dar otra vuelta?
Lo dijo con tono burlón y fue en ese momento cuando volví en mi y no dude en bajarme de la cabina.
-Lo siento...
-No te disculpes, sigamos con el tour.
No le contesté, pero notaba como mis mejillas ardían, y me subí de nuevo a la moto.Finalmente llegamos a una tienda de souvenirs. Y algo llamó mi atención. Había expuesto en una vitrina de dentro, una pulsera de amuletos. La pulsera se vendía a parte y supuestamente cada quien le iba añadiendo cada abalorio. No lo dudé. Era preciosa, única. Me aleje de James y fui al mostrador a comprarla. Ya eran las 13:34p.m cuando salimos de la tienda. Me lo estaba pasando como nunca, pero dentro de poco iba a ser la hora de comer y no me había comunicado con mi madre.
-Tengo que irme ya a mi casa, se me ha hecho tarde.
-No te preocupes, te llevo enseguida. Por cierto bonita pulsera.
Una sonrisa bastó para darle las gracias por el cumplido. Volvimos al Starbucks donde había dejado mi bicicleta.
-Me lo he pasado muy bien, muchas gracias guía turístico, has hecho tu trabajo a la perfección.
El me guiñó un ojo y dijo:
-No hay de que, pero quería darte algo para que recuerdes tu tour.
De su bolsillo, sacó un amuleto, un abalorio pequeñito, como si fuese acorde con mi nueva pulsera. Era el londone eye.
-Espero que te haya gustado tu primer día en Londres.
-James es precioso, sinceramente ha sido el mejor domingo de la historia.
El se rio, con esa preciosa sonrisa que tenía.
-Me alegro Mia, mañana nos vemos en el insti ¿okay?
Y antes de que pudiera contestarle, se marchó en su moto.
Me subí en mi vieja pero nueva bicicleta para irme a casa. No dejaba de mirar la pulsera, tanto así, que no prestaba mucha atención por donde iba. Alcé la mirada y pude ver como un coche estaba frente a mi y como hizo pitar la bocina. Todo fue tan rápido... Lo único que recuerdo es esa sonrisa, su sonrisa.
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El diario de Mia
Teen Fiction10 de septiembre. ¿Qué harías si volvieses a empezar tu vida en otro país? ¿Qué pasaría si allí estuviese la peor de tus pesadillas alias; Elisabeth ? ¿Y si desmantelaras todos los dramas familiares?¿Qué pasaría si estuvieras al borde de la muerte...