Los dos se pasaron ayer unos veinte minutos sentados en el banco donde se besaron por primera vez. El chico improvisó algún que otro beso más, y la chica se dejó llevar todas esas veces. Tiene muy claro que no le gusta Allan, pero se siente bien con él, y lo que más le agradece al chico, sin duda, es que ha conseguido que olvide casi por completo lo que pasó con Marc la tarde anterior.
En el recreo, se enteran de que hoy también hay partido, y Allan decide jugar, para estar entretenido y reprimir el impulso de abrazar a Victoria y no soltarla.
Aparece Marc con aspecto indiferente, como siempre, pero esta vez no mira ni un momento hacia donde está su hermanastra con los demás. Allan lo nota, y va a hablar con él.
-Hoy voy a jugar, Marc. -Le dice.
-Hoy han hecho dos equipos, y estamos en los contrarios, ¿lo sabías?
-¿Qué? ¿Entonces nos vamos a tener que enfrentar?
El chico asiente sin decir una palabra.
El partido empieza. Allan también juega bien al fútbol, pero Marc está imparable, más que ayer incluso. Lo que no saben es que está jugando por no recordar lo que vio ayer desde su ventana, que juega para olvidarlo.
Los dos equipos van empatados a cero los primeros veinte minutos. Quedan diez para que termine el recreo, y aún no han metido ningún gol.
Pero, entonces... sucede. Marc, poseído por la rabia, le pega una patada al balón, que se dirige hacia la portería, con fuerza, y marca.
Victoria aplaude. Aunque su mejor amigo, ¿o algo más?, piensa, está en el otro equipo, no va a ignorar el gol de su hermanastro.
Allan se sorprende, especialmente al ver la expresión de ira que tiene el otro chico. Pero no puede dejarlo pasar, tiene que meter un gol, aunque le cueste la vida...
Y ve la oportunidad. Hay vía libre hacia la portería, así que se pone en posición para pegarle una patada a la pelota hacia la izquierda, pero le da hacia la derecha. Esto consigue despistar al portero. Gol.
El chico, feliz, va corriendo hacia Victoria, la abraza y exclama:
-¡Te lo dedico, Victoria!
La chica no sabe qué decir. Pero él se ha ido ya a seguir con el partido. Apenas queda un minuto para que se acabe el recreo. Pero, espera, ¿qué ha pasado? ¡Allan ha metido el segundo gol! El árbitro pita con el silbato, anunciando el final del partido. El chico le sonríe a la chica que tanto le gusta, a la que le ha dedicado sus goles.
Marc sigue ahí, de pie en mitad del patio, mirando al suelo, conteniendo la ira.
Pero, cuando Allan se le acerca y se dispone a darle la mano, este la rechaza, de forma violenta.
-Marc, ¿qué te pasa?
-¿Qué te traes entre manos con ella?
-¿Con quién? -Pregunta Allan desconcertado.
-Venga, lo sabes muy bien. Ayer os vi besándoos enfrente de mi casa. ¿Y ahora le dedicas goles?
-¡No tienes derecho a espiarnos! -Le dice Allan, empezando a alterarse.
-¡Tú tampoco tienes derecho a liarte con esa niña! Y no te hagas ilusiones, no le gustas, ¿vale?
Allan no soporta oír eso, así que, hartándose cada vez más, le pega una patada en el tobillo a Marc. Él lo retiene, agarrándole con dureza el hombro.
-Ah, conque esas tenemos, ¿eh?
Allan forcejea con Marc para que lo suelte, y en este intento, lo tira al suelo. Es al escuchar el fuerte quejido de su hermanastro, cuando Victoria se da cuenta de lo que está pasando, y corre hacia donde están los dos, pálida.
-¡Parad! ¡Parad los dos ahora mismo, que os vais a hacer daño! -Dice la chica, asustada.
-¿Estás oyendo lo que dice este? ¡Dice que no te gusto! ¿Es verdad? ¿Eh? -Allan se vuelve, mirando a la chica con dureza.
Pero no obtiene respuesta.
-¡Ves, Allan! ¡Te lo dije, no le gustas!
-¡Y a ti quién te ha pedido tu opinión, cállate ya! -Y dicho esto, le pega un puñetazo que le acierta en la nariz a Marc, y empieza a sangrar, después de gritar de dolor.
Victoria también grita, de la impresión que le ha dado ver a Allan comportándose así con Marc. Empuja a su amigo, para quitarlo de encima de su hermanastro, al que levanta del suelo con cuidado.
-Estás loco. -Le dice Victoria a Allan. -No me vuelvas a hablar. No después de lo que has hecho.
-Victoria, espera... -Pero la chica no lo escucha, y carga con Marc, directa a su casa, con intención de curar a su hermanastro.
Allan, mientras, se queda allí, inmóvil. Es la primera vez que le pasa eso, la primera vez que se descontrola de esa manera. Y ahora... ha perdido a la chica de sus sueños, por culpa de haber reaccionado así.
Solloza en silencio, solo.
Victoria ha llamado a su padre, le ha dicho que Marc se había hecho daño, sin especificar cómo, y que se iban los dos a casa. Le ha pedido que no vaya con ellos. Ahora que los dos hermanastros van a estar solos, tienen mucho de lo que hablar. Y puede que, pronto, se den cuenta de que, en realidad, se hacen falta el uno al otro, aunque ninguno de los dos lo quiera demostrar.
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