Capítulo 13: Olvidando lo inolvidable. Tratando.

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¿Cuándo me van a dejar sola? Ya no aguanto, ya no soporto todo esto.

Estaba llorando detrás de uno de los salones. De tanto que corrí anocheció y ahora me daba miedo moverme de la escuela, por eso me quedé aquí.

–Ma-Mamá~– lloré alzando la cabeza hacia el cielo, levantándola de mis piernas donde anteriormente las tenía escondida.

Miré las heridas en mis brazos y toqué sobre la ropa los moretones en mi abdomen y mi pancita.

–M-Me duele– me quejé sujetándome el estómago.

Yo sólo quiero ser feliz, sólo quiero vivir despreocupada; ¿por qué no logran entender eso?

Escuché sonidos, realmente no sabía de qué se trataba pero guardé silencio para escuchar más atentamente. Mi corazón no dejaba de palpitar en mi pecho, hacía parecer que se escaparía de él por lo nerviosa que estaba.

Jadeé, y me atemorizaba pensar que ellos me alcanzaron, pero tras pasar unos cuantos minutos y al no escuchar ningún sonido de ningún lado...respiré agusto.

Exhalé todo el aire que acumulé y al instante comencé a llorar de nuevo.

Todo está muy oscuro. Me da miedo irme a mi casa. ¡Quiero a mi mamá~!

Me levanté del suelo y comencé a caminar, dejando salir hipidos en todo el camino y tallándome el rostro. Estaba pasando una tienda de accesorios cuando al final de la calle vi a un señor vestido de negro con un pasamontañas en la cabeza. 

Era aterrador, ésto me daba mucho miedo. De inmediato entré a la tienda de al lado, una heladería, y me recargué en la puerta de cristal.

–Oye– 

Me erguí separándome de la puerta ya que de seguro me estaban hablando para burlarse de mí o decir cosas como: "No vayas a romper eso, elefante" "Es peligroso que las morsas se acerquen demasiado al vidrio" "Las gordas como tú no tienen suficiente dinero para pagar TOOODO lo que rompen".

Miré al frente ya que era de dónde se oía que venía la voz. Una señora mayor era la que hablaba. Me señalé con el dedo.

–Sí, tú, dulce niñita– afirmó con sus dos manos sobre el mostrador.

Me acerqué hasta allá, desconfiando y mirando alrededor. Ni una otra persona nos acompañaba, sólo éramos esta señora y yo; cuando por fin llegué hasta ella, observé cientos de sabores de helado detrás del vidrio que los protegía.

–Wow– exclamé pegando mi nariz contra el vidrio.

–¿Cuál vas a llevar?– preguntó amablemente.

Un helado no me vendría mal, y dos suenan sensacionales.

–¿Queso con arándanos?– leí el nombre de uno de los botes. –¿No es eso asqueroso?– pregunté haciendo una mueca.

–No, de hecho. Es algo delicioso– explicó con una gran sonrisa.

Esto es en serio. Me estoy arriesgando a comprar un sabor de helado que no me guste y habré gastado dinero en vano, pero puede que sí sepa rico y sea algo bueno...pero puede que sepa feo y habré gastado dinero en vano.

Qué difícil decisión...

Tomé mi mentón, pensando éste problema.

–Me da de ese, por favor– dije parándome de puntitas y apoyando mis brazos en el mostrador.

La señora comenzó a preparar mi cono de helado y lo tuvo listo en dos segundos.

–Aquí tienes– me lo extendió.

Mi ángel pelirrojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora