Andrea es una chica huérfana a la cual adopta una pareja que nada mas recogerla del orfanato se marcha de viaje de negocios durante dos años. Al dejarla en casa le informan de que vivirá con 27 adolescentes. ¿Qué pasará cuando conozca a Nash, Ashton...
-Tss, prima.-me llamó Shawn desde el otro lado de la clase.
-¿Qué?-le pregunté en un susurro.
-Al salir te llevaré al sitio dónde te he dicho antes en casa.-asentí y volví mi atención al profesor de historia.
Sonó el timbre y seguí a Shawn hasta su coche después de despedirnos de los chicos.
-¿A dónde vamos Shawny?
-Quiero enseñarte algo.-dijo conduciendo.
-¿Sigues enfadado?
-No estoy enfadado, sólo decepcionado.-suspiró.
-Quería contártelo, pero estaba tan bien que se me olvidó.-dije encogiéndome de hombros y él rió.
-¿Y cómo es él?
-¿Quien?
-Logan.-lo miré y estaba sonriendo así que le contesté.
-Es un niño adorable y encantador, es muy inteligente para tener sólo cuatro años y es precioso.
-¿Lo hechas de menos?
-No sabes cuanto.
-Espero que este sitio te alegre.-dijo aparcando el coche.
Bajamos del coche y fuimos andando hasta llegar a un pequeño lago totalmente solo situado justo debajo de dónde estábamos nosotros.
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Bajamos al lago y nos sentamos en unas piedras grandes. Shawn sacó de su mochila dos bocadillos y dos refrescos y me dio uno de cada. Empezamos a hablar y a recordar cosas de cuando éramos pequeños y vivíamos en el orfanato, no parábamos de reír.
-Y cuando Pottorff puso pintura en la cama de Susan.-dijo Shawn rojo de la risa y yo solté una gran carcajada recordando ese día, pero al minuto quedamos totalmente callados mirando al agua.
-¿Sabes algo de él?
-No...-dijo nervioso rascándose la nuca-Voy a ir al coche a por una cosa, en seguida vuelvo.-dijo poniéndose en pie.
-Voy contigo, no quiero quedarme sola.
-Si voy sólo tardaré menos, serán cinco minutos, lo prometo.-asentí no muy convencida y se fue corriendo.
Pasó un rato y Shawn no volvía, de repente comencé a oír ruidos y me encogí abrazando mis piernas. Los ruidos cada vez estaban mas cerca y me puse a llorar por el miedo. De repente noté una mano acariciando mi rodilla y miré a esa persona. No me lo podía creer.
-No llores princesa, soy yo.-dijo con una sonrisa de lado. Había crecido muchísimo, se había pintado el pelo de blanco y se había hecho un tatuaje. Llevaba un piersing en el labio, lo que hacía su sonrisa mucho más irresistible. Sam, el mismísimo Sam Pottorff al que hacia unos diez años que no veía estaba justo delante de mis narices, muy cambiado, pero era él, porque a pesar de solo tener una foto de recuerdo de cuando teníamos seis años en el orfanato en la que aparecemos en la clase de manualidades, lo reconocería en cualquier sitio y en cualquier momento, porque Sam no solo era mi amigo, era mi hermano. Él estaba ahí también porque era huérfano, pero el sólo lo era de madre y vivía en el orfanato porque su padre no podía cuidar de él por el trabajo y no tenían más familia, pero en verano iba con él y desde los tres años hasta los siete que fue adoptado íbamos con él y su padre cada verano de vacaciones.
-¿Tú también eres adoptado por los Smith?-le pregunté aún mirando sus ojos y él asintió. En seguida que reaccioné me lancé a sus brazos y lo abracé. Yo lloraba contra su pecho mientras él con su mano formaba círculos en mi espalda y me susurraba que me había echado de menos. Aparté la cara de su pecho y apoyé mi barbilla en su hombro así mirando a su espalda, dónde se encontraba Shawn apoyado en un árbol de brazos cruzados mirándonos sonriendo.