Gritos, ruidos... Caos.

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Después de todo este embrollo, sólo me apetece hacer un poco el imbécil para olvidarme de lo macabros que están siendo estos días en la ciudad...
No sé qué está pasando exactamente, pero quiero despejarme.

— Hey, hablemos de algo.

— Ahm... Vale. ¿De qué quieres hablar? — respondió Lydia, mirándome con curiosidad.
Me crucé de piernas en el sofá, y ella se puso igual en frente de mí. Listas para sacar cualquier tema de conversación.

— A ver, a ver... — me limité a pensar, y no tardé mucho en sacar un tema aleatorio. — ¿Cómo van las cosas con aquella chica? Cómo era... ¿Alissa? — pregunté, de forma dudosa. Mi memoria para los nombres a veces es pésima.

— Alice. — me corrigió ella, en seguida.
Solté una pequeña risa, y asentí.

— Sí... Esa misma. — sonreí, sin dejar de mirar atentamente a Lydia. Alzando las cejas suavemente. — Cuéntame.

— Es complicado. Me confunde su forma de actuar. A veces siento que quiere estar conmigo, otras que ni siquiera quiere verme. — respondió rodando los ojos, deviando la mirada hacia otra parte.
Asentí comprensiva.

Lydia estaba empezando a desarrollar sentimientos por aquella chica. Y todo aquello estaba siendo nuevo y complicado para ella, puesto que nunca se había sentido atraída hacia alguien de su mismo sexo.

— Quisiera poder ayudarte con eso, pero no puedo. Simplemente te diré lo que yo haría en tu lugar. Estás descubriendo tu sexualidad, y creo que tienes miedo de que algo vaya mal. O quizá sientas inseguridad. Y puede ser que tú sola estés hundiéndote con esas suposiciones por miedo al rechazo. — ella asintió, entre avergonzada, y pensativa. Aún mantenía la mirada fija en cualquier otra parte.

— No sé, simplemente quiero que todo salga bien. No imaginas cuánto la quiero. — murmuró soltando un melancólico suspiro.

— Se nota que la aprecias mucho. Todo irá como tenga que ir, no actúes siguiendo esa sensación de miedo e inseguridad que tienes. Deja que todo se desarrolle por sí sólo. —

Continuámos hablando un largo tiempo, luego vimos una película.
Y sobre las 3:30 am, decidimos irnos a dormir.

[ . . . ]

La calma reinaba en la casa, el silencio nos acogía mientras dormíamos, cada una en una cama. Lydia y yo en la misma habitación, y mi hermana en la de al lado.

Me pareció escuchar algo, un ruido similar a una explosión, no de mucha intensidad, pero bastante audible.
No me sobresalté, tan sólo abrí los ojos lentamente.
Sentada en la cama, me restregué los ojos para acostumbrarme a la oscuridad del cuarto.

Cogí mi teléfono de la mesilla de noche, y vi en la pantalla los números 5:49.
Era de madrugada, y tenía que despertar un par de horas más tarde para ir a clase.
Intenté volver a dormirme, pero era imposible. Por alguna razón, mis ojos no querían mantenerse cerrados. Entonces, mientras miraba al techo de mi habitación, llega a mis oídos una multitud de gritos, y mucho ruido. No muy lejos de mi casa, deduje. De hecho, diría que en mi misma calle.

Desciendo de mi cama al suelo lentamente, y esquivando a mi compañera de cuarto que duerme plácida en la cama de al lado; camino descalza hasta la ventana de la habitación de mi madre, la cual se encontraba vacía. Aún estaba un poco confusa.

¿Qué es esto?
Mi cara no aguanta el asombro, e involuntariamente abro la boca, y los ojos.
Hay gente corriendo, fuego en un par de casas y edificios, gritos... Adolescentes perdidos en mitad de la calle, madres protegiendo a sus hijos de algo que yo desconocía, todos huían de algo...
Al estar en el segundo piso de mi casa, no veía con claridad lo que pasaba abajo.
Entonces, caminé escaleras abajo silenciosamente.
Por alguna razón, tenía la sensación de que no debía hacer ruido.

Al llegar abajo, me dirigí al salón, y me apresuré a mirar por la ventana.
Confusa, observo cómo todo es un completo desastre. Entonces, veo a un hombre, de unos 50 años... Que se tropieza mientras corre.
Juro que quise ir a ayudarlo, tuve un impulso que casi me llevó a hacerlo. Pero cuando quise reaccionar, fue demasiado tarde.
Un adolescente, o lo que quiera que fuera eso... Se paró junto a él, y se agachó a su altura. Todo esto a cámara rápida, muy rápida.
Esa cosa, a la que ni siquiera puedo llamar 'ser humano', empezó a destripar a aquel señor con rapidez... Mientras éste gritaba consumido por el horror. Vi perfectamente cómo sus manos se movían desesperadamente, intentando escapar. Pero aquel ser no pensaba soltarlo. Entonces, el "chico" mordió el cuello del hombre con un movimiento veloz, que le proporcionó un ultimo gesto de vida, dejando caer sus manos; ahora sin vida, al suelo. Aquella cosa seguía comiéndose a la desgraciada víctima, sin compasión.
Mis ojos no lo soportaron más, retrocedí de espaldas mientras me cubría la boca con las manos. Una lágrima se me escapó, y terminé sentada de golpe en el suelo. Mi cara expresaba horror... El miedo se apoderó de mí.
Me levanté, y noté que mi corazón latía con fuerza.
Al mirar por la ventana de nuevo, quizá hice un movimiento muy brusco, o golpeé sin querer el cristal de la ventana. No sé exactamente qué fue, pero de alguna forma, atraje la atención de esa especie de monstruo.
Me miró, sus ojos eran de un azul casi transparente, inyectados en sangre... Y tenía pedazos de carne, con una viscosa mezcla roja por toda la boca... Empezó a correr hacia mi puerta.

— ¡Mierda! — grité desesperada.
Corrí lo mas rápido que mis temblorosas piernas me lo permitieron, crucé el pasillo a toda prisa y cuando llegué a la puerta, con la intención de cerrarla con llave, sólo por mayor seguridad, no pasó ni un segundo cuando un fuerte golpe la hizo temblar desde fuera. Mi susto fue a tal punto, que volví a caer de espaldas al suelo.
Por suerte, la puerta soportó el impacto.

Nunca había sentido tanto pánico. Empecé a llorar.

— ¿Beth? — giré el rostro, y vi en lo alto de las escaleras a mi hermana y mi amiga. Era la voz de Lydia.— ¿Qué está pasando?

This is not a zombie apocalypse.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora