Narra Inuyasha:
Todavía casi podía sentir su cuerpo temblando debajo de mí, había sido tal y como lo pensé, no voy a negar que había estado esperando el momento para someterla a mis caprichos y a mis maneras. Había sido tan intenso, ella se había sometido a sí misma, sospecho que la mismísima Kagome fue quien se planteó acceder a mí, antes de que yo pudiera planearlo, pero ¿con qué fin? Hacerla desear un orgasmo había sido mi plan desde el inicio, un único orgasmo, uno solo, el cual estaría bajo mi permiso de liberarse o no, y había salido a la perfección.
Y eso apenas había sido el inicio. Su mente debía estar en una encrucijada, en la cual sus pensamientos se disputaban entre rechazarme y aceptarme. Pero lo obvio es que ganó la aceptación. Pese a su resistencia, pese a que yo le doy asco, pese a que me odia tal y como yo la odio a ella. Ese sentimiento de repulsión no me disgusta para nada, es más, me incentiva a querer seguir tomando más y más de ella, robando todo rastro de decencia y de orgullo propio que quede en su ser. No quiero dejar nada bueno en ella, quiero que luego de mí se encuentre tan devastada y destrozada que no quede nada más que un recipiente vacío... Como una muñequita de barro, vacía, hueca, sin nada que ofrecer ni dar, a la que nadie pueda llegar, a la que nadie pueda querer.
Su gran estupidez y mi paranoia se llevan bien, estoy pasando por uno de los mejores momentos de mi vida y no voy a permitir que nadie, por ningún motivo, estropee este apogeo.
Volví a ducharme, la sola idea de que su esencia quedara, de alguna manera, impregnada en mi cuerpo me daba asco. Lo llamativo de todo fue que Sesshômaru no llegó durante la madrugada, tampoco llegó por la mañana, lo cual demostraba que mis sospechas eran acertadas: el muy desgraciado andaba tras una nueva presa. Pero mientras Kagome siguiera viviendo en esta casa y mientras siguiera enamorada de él, todo iba a seguir funcionando para mí.
Eran las nueve y media de la mañana y Sesshômaru no llegaba aún, Kagome tampoco se dignaba a salir de su habitación, supongo que la vergüenza de verme a la cara a plena luz del día no se lo permitía. Así que decidí ir por ella, si es que ella no iba a venir por mí.
-Kagome -golpeé la puerta de su habitación.
-Lárgate -dijo como en un gruñido.
Volví a llamar como si no la hubiese escuchado.
-Kagome, voy a entrar -advertí.
Abrí la puerta y la encontré sentada en la cama, con los brazos abrazando sus piernas. A medida que fui adentrándome en su cuarto me fui dando cuenta de que tenía los ojos ligeramente hinchados y ojerosos, como si no hubiese podido pegar un ojo en el resto de la noche y como si hubiese estado llorando en demasía. Pero ella no lograba conmoverme en lo más mínimo.
- ¿Qué es lo que quieres ahora, Inuyasha? -cuestionó mirándome como si fuese un criminal.
-No me veas de esa forma... Sólo vine a ver que fueras a desayunar, no piensas quedarte todo el día encerrada aquí, ¿o sí?
-Qué te importa.
-Wow... Vamos, no seas así, pareciera que tuviste una mala noche, y según recuerdo... ambos la pasamos muy pero muy bien.
El odio que había en su mirada se incrementaba palabra a palabra.
-Lárgate, no tengo ganas de ver tu asquerosa cara, mucho menos de escucharte.
-Puedo verlo, todos tus ademanes dicen "fuera de mi vista, imbécil" -reí, aunque era cierto -, es una pena que yo sea tan testarudo y que tú tengas... la flexibilidad para complacerme. Vamos, sólo es un desayuno.
-Prefiero morir de hambre antes de compartir un desayuno contigo.
-Tus comentarios me dan risa, Kagome, hace tan sólo unos días me decías que querías que nos llevemos bien, ¿y ahora dices esto? Es bastante contradictorio, si me lo preguntas.
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