─¿Harry? ─la dulce voz de Anne Cox invadió la habitación mientras buscaba al pequeño de ojos verdes y cabello rizado.
Dejó la comida sobre la mesa antes caminar hacia la habitación de la pequeña Gemma, quién tenía casi tres meses de nacida.
─¿Harry? ¿Qué haces aquí?─ ella frunció el ceño, abriendo la puerta de la habitación mientras el pequeño escondía algo en su espalda.
La preocupación la invadió y de un segundo a otro ya estaba frente a la cuna.
─¡Oh Dios mío! ─ella chilló ─¡¿Pero de dónde has sacado todo esto?! ─gritó, enojada viendo aquel líquido rojo embarrado en todo el rostro de su bebé.
Levantó a Gemma en brazos antes de dirigirse al baño a limpiar el rostro de su hija.
Entonces el pequeño Harry soltó una risita, observando aquel animal muerto que él mismo había conseguido, en sus manos.
*
─Mierda ─él susurró viendo la hora que era.
3:56am
Ya era tarde, aunque había podido dormir mucho más de lo que acostumbraba. Las pastillas ya no funcionaban, los terrores nocturnos y los recuerdos habían regresado.
Su camisa se sentía mojada al igual que su sábanas, por lo que supo que no podría dormir más.
Decidió salir al jardín para así poder tomar un poco de aire, el verano había comenzado semanas atrás así que el clima era soportable en ese entonces. Tomó unos pantalones y salió sin hacer mucho ruido.
Estuvo tal vez cinco minutos sentado en el pasto cuando la madre Geneva apareció a algunos pasos de él.
─Sabes que no puedes salir antes de las seis ─ella mencionó pero él no hizo caso, ni siquiera la miró.
Lo único que podía escucharse era el sonido de los grillos y la fuente del jardín.
─¿Sabes? Yo sé que tú puedes entender todo lo que decimos ─habló ─También sé que no tienes déficit de atención o algún retraso.
Harry la miró por algunos segundos, aunque su cara no reflejara ninguna expresión.
─Tus padres se fueron hace casi 13 años Harry, no puedes lamentarte para siempre.
Él seguía sin decir nada.
─Eres un buen chico, lo sé, pero mañana cumples la mayoría de edad y...
─Y tengo que irme, ya lo sé ─habló por primera vez después de algunos días, no solía hacerlo mucho.
─No tiene que ser mañana, puedes quedarte algunos días más si lo necesitas.
Aunque él no lo demostrara, estaba asustado, asustado de verdad por primera vez en su vida, sin embargo tampoco le importaba demasiado lo que sucediera con él.
La madre Geneva no esperaba ninguna respuesta, sin embargo él volvió a hablar.
─Estaré fuera de aquí mañana a primera hora.
