Me despierto y un punzante dolor de cabeza llega repentinamente, intentó abrir los ojos pero la luz no me lo permite. Después de varios segundos sintiéndose horas logró abrir completamente los ojos.
Me encuentro en la enfermería, la ventana esta abierta haciendo que el hermoso pero en esta ocasión terriblemente molesto sol se filtrara hacia mis ojos, cuando por fin me adapto a la luz, caigo en cuenta que Paulina esta durmiendo a mi lado en un sillón. La veo dormir tranquilamente y una añoranza recae en mi corazón, odiaría despertarla para que siguiera viviendo este infierno, prefiero dejarla en su mundo donde ella domina en vez de este donde la dominan.
El añoro que sentía es remplazado rápidamente por la angustia y la duda, ¿Que hago aquí?, ¿Que fue lo que me paso?, si estoy en la enfermería entonces ¿Donde esta Diego...? Diego.
Los recuerdos me llevan como varios cubos de agua fría, ¿Mate al Comandante?, pero si es así, ¿Por qué sigo viva?, de seguro están esperando a que me despierte para matarme lenta y dolorosamente, ¿y si mataron a Diego?, de seguro lo hicieron de venganza hacia mi, pero...¿Por qué Paulina esta conmigo?, un montón de preguntas se amontonan en mi mente, trayendo con si varias respuestas y otras mil preguntas mas, pero todas vuelven a la inicial, ¿Mate al comandante?, el recuerdo no es nítido y cuanto mas intento acordarme, mas borroso se vuelve.
Todo lo que he hecho, hice y pensaba a hacer se perdieron, ¿Cómo pude matar al Comandante?, estaba tan ciega, tan débil y tan fuera de mi, que no pude controlar mis actos. Mis manos están tan sucias, se que a los únicos que he matado han sido personas malas pero siguen siendo personas, al matarlos me manche las manos tanto como ellos, creí ser Dios y ahora voy a tener que pagar por mis pecados.
-¿Cómo te sientes?.-Alzo la cabeza al instante que identifico la voz de Diego.
Se dirije a mi cama mientras el impacto de su presencia hace que me hiele, por dentro y por fuera. SIGUE VIVO.
-¿Como? ¿Como es que tu...?
-Hey hey calamate, perdiste mucha sangre de esa herida que te hiciste.- Me mira con una mezcla de rabia y preocupación, me lo quiero comer de un pedaso.- Ni siquiera yo se como le diste al blanco.
Mi blanco... el comandante, justo cuando le voy a preguntar Paulina despierta.
-O por Dios, ¡estas viva!- Ahora que tiene los ojos abiertos, sus pupilas delatan lo mucho que lloro, que me lloro.
-Aparentemente.- Le digo con una sonrisa tranquilizadora.- No me acuerdo bien de todo, ¿podrían refrescarme la memoria?
-Obvio, después de que desmayaste...
-Yo corrí e intenté reanimarte, al ver que no respondías llamé rápidamente al Doc, entre los dos te llevamos a la enfermería. Tu herida está infectada y era un poco profunda, por suerte no fue nada grave o fuera de nuestro campo de curación, estuviste dormida aproximadamente dos días, porque no teníamos como inyectarte sangre, no sabíamos que clase de sangre eres y probablemente la mitad de los que están aquí tienen sida, decidimos alimentarse con suplementos hasta que recuperaras tu color.- Me responde la voz del hombre que creí haber matado.
Sin saber que responder me le quedo mirando, <<yo te mate, ¡¿Porque sigues vivo?!>> perdí mucha sangre... de seguro fue una maldita alucinación, una hermosa mentira de mi mente, una fantasía que al estar de la mano con la muerte, mi subcinciente quizo darle un placer de la venganza a mi alma, sólo lo un momento.
El comandante al ver que no le respondia y al sentir la tensión de la habitación de aclara la garganta y dándose la vuelta dice.
-Como aunque en momentos de delirios y debilidad, le diste a uno de tres blancos, fuiste una de las vencedoras. Te felicito.
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Guerrera
PertualanganEl conflicto armado en Colombia involucra las vidas de muchas personas, en este caso se muestra desde la perspectiva de una adolecente de 16 años llamada Salome Rodríguez, la cual protagoniza esta historia y aunque mezcle ficción con realidad sigue...