29. A Escondidas

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PABLO

"Ponete algo cómodo y trae tu guitarra - me dijo Anto cuando estaba subiendo los escalones con destino a mi habitación.

¿Para qué? - pregunté con curiosidad.

Ya vas a ver - sonrió con picardía.

Una vez que estuve listo salimos de mi casa y nos tomamos un taxi. El cual había por qué lo tomábamos si sólo íbamos a la plaza y considerando que no íbamos tan cargados, podíamos caminar hasta allá tranquilamente; pero como era de esperar, no recibí respuesta alguna. El recorrido fue en completo silencio. Ese silencio que me estaba volviendo loco de la curiosidad.

¿Me podes decir a dónde vamos Antonella? - pronuncié su nombre completo para tratar de intimidarla, pero, por el contrario, ella soltó una carcajada.

Estoy muy intimidada, me muero del miedo - ironizó entre risas y la miré ofendido - solo espera un poquito más que ya llegamos. No seas tan impaciente, amor - pronunció la última con un toque de dulzura e ironía que no sabía si enojarme o pasar por alto el comentario. Decidí pasarlo por alto. Crucé los brazos a la altura de mi pecho y puse toda mi atención en los árboles y el pavimento que pasaban a gran velocidad tras el cristal de la ventana.

Unos 15 minutos más tarde el auto se estacionó frente a un lugar que parecía una especie de club al aire libre, o mejor dicho, un camping.

Anto tomó mi mano entre la suya y me guio hacia el interior. Allí habló con un señor mayor que la trató con mucha dulzura. Al parecer la conocía hace tiempo.

No Estoy Sola [HISTORIA SIN TERMINAR]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora