Capítulo 29 (parte 2)

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La cara de Sam se deformó en sorpresa, pero sonreía, mirándolo fijamente, haciendo que se mordiera el labio con nerviosismo y diera media vuelta para correr hacia la cocina. Cerró las piernas, notando como se le aceleraba la respiración al oír sus pasos acercándose, se pegó a la encimera y cogió el teléfono inalámbrico sobre ella, que no había dejado de sonar en ningún momento. Se lo llevó a la oreja y cogió aire antes de contestar.

-Arthy, cariño, ¿te he despertado?

Abrió la boca para contestar en el mismo momento en que los brazos de Sam rodearon su cintura, jadeó, se mordió el labio y le indicó que guardara silencio llevándose un dedo a los labios. Sam asintió, apoyando la barbilla en su hombro y pegó la oreja al teléfono.

-N-no, ¿ha pasado algo?

-Oh, no, tranquilo. Solo quería saber cómo estabais, ya que Mickey me ha explicado lo del cumpleaños de Sam. -el pecho pegado a su espalda vibró mientras Sam reía en silencio. Cogió aire con la nariz intentando disimular, pero estaba tan, tan nervioso y abochornado. Joder, se encontraba prácticamente desnudo entre los brazos de Sam -cosa que lo llegaba a excitar bastante- mientras hablaba con su madre- ¿Le has hecho algún regalo?

-Estamos en ello. -abrió los ojos muchísimo al escuchar a Sam hablar, con una gran sonrisa en su cara.

¡Le había dicho que se callara!

-¡Sam, cielo!

-¡Hola, Jade!

Genial, lo que le faltaba, que su madre se pusiera a hablar con Sam. No pensaba decírselo, y mucho menos con su madre del otro lado, pero necesitaba seguir con lo que estaban haciendo. No se había vestido así para hablar por teléfono. Volvió a abrir a boca para decirle algo a su madre, principalmente cualquier cosa que la hiciese colgar, pero ella habló antes y Arthur sacó su labio inferior inconscientemente. Qué rabia.

-Tendrías que haberme dicho que estabais con el manos libres, Mickey se ha ido a dormir pensando que no estabas.

-Bueno, habría contestado yo, pero tengo las manos algo ocupadas.

Había llegado a retomar una respiración más o menos normal, una expresión algo tranquila e incluso había puesto los ojos en blanco al oír a Sam sonreír ante las palabras «manos libres», pero no se esperaba que justo después de decir que tenía las manos ocupadas, las deslizara hasta su espalda y bajara a sus nalgas, apretándoselas. Arthur volvió entonces a abrir los ojos como platos, acelerando su respiración, poniéndose rojo de nuevo y apretó los labios para esconder el gemido que quería salir de ellos. Apretó el teléfono entre sus dedos, deseando que su madre no se diera cuenta de nada.

-No sabéis cómo os echamos de menos, y aún nos quedan cinco días para volver. -¿solo cinco días?- Puedo ir a despertarlo si queréis, seguro que se alegra de...

-¡No! -su madre se calló asustada por su grito, por el de los dos, que se miraron sorprendidos por su compenetración, aunque Arthur volvió enseguida a fijar sus ojos en la encimera avergonzado y Sam sonrió, paseando sus dedos por su cadera sobre la camisa.

-E-estamos agotados. -la cabeza de Sam se apoyó en su otro hombro, donde no estaba el teléfono para impedirle hundir sus labios en su cuello. Arthur se mordió el labio. Odiaba mentirle a su madre, ¿pero qué otra cosa podía hacer? Ya fuese porque se odiaban o porque estaban en una situación como aquella, siempre era mejor que sus padres creyeran que se llevaban como hermanos normales. Al menos de momento. Iban a dejarles disfrutar de su luna de miel y, cuando volvieran, ya pensarían en algo.

-Entonces llamaré mañana.

Sam bajó sus manos tanto que en lugar de camisa tocaron la piel sobre sus rodillas y las subió lentamente mientras pasaba a besarle bajo la nuca, mordiendo suavemente, haciéndolo encogerse y soltar un «vale» ahogado pero que ella escuchó antes de darles las buenas noches y colgar. Entonces oyó el pitido desde el auricular y estiró el brazo para dejar el teléfono en su sitio, soltando por fin el gemido que soportaba en su garganta mientras Sam le acariciaba los muslos.

Hasta que el cuerpo aguanteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora