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El taxi avanzaba y su cabeza estaba inclinada hacia arriba. Observando los altos edificios de la ciudad de Nueva York. La madre Geneva le dijo que ahí había muchísima gente extravagante y no llamaría demasiado la atención.

Todo le parecía increíble. Solo había visto un teléfono inteligente algunas veces en el convento, sin embargo jamás había tenido uno entre sus manos. Ya sabía lo que compraría primero.

Con el dinero de su padre le alcanzó para el boleto de avión y le sobraba mucho más. 

─Te bajas aquí chico, no hay espacio para estacionarse ─el chofer soltó antes de sacar el cigarrillo de su boca y botar todo el humo por la ventana. El rizado asintió confundido y le dio algunos billetes de más, obviamente el hombre no protestó, ni siquiera le dijo que estaba entregándole treinta dólares extras. 

Bajó del vehículo con su maleta y comenzó a buscar la palabra que la madre Geneva le había dicho.

Hotel.

Tenía un papel en donde tenía escritas palabras que él no conocía pero le servirían, aparentemente.

Encontró un edificio con la palabra que buscaba y se apresuró a entrar allí. Una vez en medio de lo que parecía una sala, una voz llamó su atención.

─¿Puedo ayudarte? ─una chica detrás del mostrador habló. Su mirada denotaba desconfianza y lo observaba con cierto disgusto. Tal vez era porque no se había bañado en dos días y ella lo había notado. 

─Uhm, quisiera quedarme aquí ─respondió sosteniendo su maleta con un poco de más fuerza. La forma en la que estaba parado y el tono de voz tan inseguro de Harry hizo que la secretaria soltara una risita y le hiciera señas con las manos para que se acercara.

─¿Cuánto tiempo quieres quedarte?

─No sé ─titubeó.

─¿Qué te parece pagar una noche? Si decides quedarte mañana también vienes a pagar otra vez.

─¿Cuánto tengo que pagar?

─Son ciento veinte la noche. ─respondió y él chico sacó algunos billetes de su bolsillo. Los observó con confusión y la muchacha volvió a reír.

─A ver, déjame te ayudo ─tomó los billetes y tomó los ciento veinte correspondientes, después le entregó el cambio al muchacho. ─¿Eres extranjero o algo así?

─Algo así ─respondió no sabiendo muy bien el significado de la otra palabra.

─Bien─ dijo tecleando un poco en su computadora ─Ahora solo necesito tu identificación.  

─¿Mi qué?─ murmuró ─Soy Harry, me llamo Harry.

La chica volvió a reír.

─Está bien Harry, necesito tu permiso de conducir.

─No sé conducir.

─Está bien─ ella negó con la cabeza riendo ─¿Cuántos años tienes?

─Dieciocho.

─Uhm ¿Tienes algún documento en esa maleta?

Harry pegó la vista a su maleta y asintió sentándose a abrirla. Apartó algunas cosas y sacó todos los papeles que encontró.

La chica esperó con una sonrisa divertida en el rostro, el botones la miró con confusión y ella se encogió de hombros.

El cierre de la maleta siendo cerrada se escuchó y pronto el chico ya estaba de pie frente a ella.

─Bien, creo que esto servirá─ ella tomó el pasaporte ─Deberías cambiarlo pronto, se vence en dos meses. ─Le dijo mientras se paraba junto a la copiadora para poder tener una réplica de aquel documento.

─Sí ─respondió confundido.

─Okay, todo listo, tu habitación será la 405, sexto piso. ─le entregó la llave. ─John, lleva las maletas de Harry a su habitación. ─llamó al botones y le dedicó una sonrisa al rizado cuando este agarró torpemente su maleta y siguió al otro chico hasta el elevador.



PSYCHODonde viven las historias. Descúbrelo ahora