PETER
Domingo 9, 11:30 a.m., Cariló, Argentina.
Después de cuatro horas de viaje, mamá estacionó el auto justo frente a nuestra casa. Esta casa que me trae tantos recuerdos y la cual no visito hace ya mucho tiempo.
-Muy bien, llegamos -dijo mamá al tiempo que se desabrochaba el cinturón de seguridad y bajaba del coche, seguida por Ángela.
Voltee un poco mi cabeza, ya que estaba sentado en el lugar del copiloto, para mirar a mis amigos, quiénes seguían en la misma posición en la que estuvieron durante todo el trayecto.
Anto con su cabeza en el pecho de Pablo hecha una bolita en su lugar y él rodeándola por los hombros con sus brazos, mientras su cabeza descansaba contra la ventana.
Sonreí con un poco de maldad.
¿No se enojarán si les hago una pequeña broma o si?
Desabroché mi cinturón de seguridad y con cautela me acerqué hacia ellos por entre los dos asientos delanteros.
-¡ARRIBA DORMILONES! -Grité lo suficientemente cerca para que ellos se despertaran sobresaltados y con cara de pánico. Estallé en una carcajada demasiado sonora a decir verdad.
-¿Sos pelotudo, Lanzani? -preguntó una adormilada y muy enojada Antonella, mientras yo no paraba de removerme en mi asiento producto de la risa, y Pablo miraba todo sin entender nada.
-Fue una "bromita" -dije haciendo énfasis en la última palabra.
-Te odio -me contestó mi amiga y yo, una vez que mi risa cesó, le di la sonrisa más inocente que encontré.
-Bajen que ya llegamos -concluí para luego bajar del auto y caminar hacia la entrada de la casa.
Al entrar vi a mi madre y a Ángela observando absolutamente todo e imité su acción.
-Parece que tenemos mucho trabajo por delante -dije una vez que estuve junto a ellas.
-Sí, pero yo creo que primero deberíamos almorzar algo -dijo mamá y asentí.
-Yo podría preparar algo, señora -habló Ángela.
-No, está todo sucio, vayamos a comer afuera. Yo invito -sonrió - y ya te dije que no me digas señora, decime Clau. Podes tutearme Angelita - le dedicó otra de sus tiernas sonrisas y los tres volteamos para dirigirnos hacia la puerta, en donde vimos aparecer al par de tortolitos.
-Vamos a comer afuera -expliqué.
̶ ¿Entonces para qué nos haces mover el culo del auto? -me preguntó Anto, con notable molestia y toda la sutileza que la caracteriza. Me reí cuando sus ojos se abrieron de par en par al notar que no estaba solo sino que mi madre estaba allí. Sin embargo, mi mamá no la reprendió, sólo se rió por su actitud.
-Vamos caminando, el centro está tan sólo a dos cuadras y, de paso, recorremos un poco -dijo mamá. Anto se encogió de hombros y movió su cabeza en una afirmativa.
Cuando comenzamos a caminar no es necesario preguntar dónde almorzaremos porque ya lo sé de antemano.
Anduvimos unos cuantos minutos hasta parar frente a la entrada del local de Luisito, un amigo de la infancia de papá que hace las mejores pizzas de todo Cariló, incluso me animo a decir que prepara las mejores pizzas de todo Buenos Aires.
El almuerzo transcurrió de manera tranquila. Todos conversábamos de forma amena, contábamos anécdotas de viajes o de cuando éramos pequeños. Incluso Ángela se atrevió a contar algunas anécdotas muy divertidas de cuando era una niña o del lugar donde nació.
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No Estoy Sola [HISTORIA SIN TERMINAR]
Fiksi PenggemarTodos tenemos esa persona que no nos deja caer, que esta en las buenas y en las malas, esa que nos ama incondicionalmente y nos hace saber que NO ESTAMOS SOLOS. Una historia que mezcla amor, desamor, engaños, amistad, tristeza, alegría, felicidad y...