2~ 𝔢𝔩 𝔡𝔢𝔪𝔬𝔫𝔦𝔬 𝔩𝔩𝔞𝔪𝔞𝔡𝔬 𝔖𝔬𝔪𝔟𝔯𝔞

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Perder nuestro nombre es como perder nuestra sombra; ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra

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Perder nuestro nombre es como perder nuestra sombra; ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra.

-Octavio Paz

En el sueño estoy de pie sobre una gran planicie negra, como todo a mi alrededor. Distingo unos ojos mieles, fríos y distantes muy lejos de mí. Hay voces que me susurran en la mente, ecos que van y vienen entre mis pensamientos y palabras.

Las imágenes pasan rápido entonces: el choque simultáneo de autos ocasionado por una figura negra y alta, el enfoque hacia uno de ellos y el rostro difuminado de una mujer que grita y grita entre el ruido de las bocinas.

-Por favor, cuida de mi hija. Promete que...

La figura se agacha a su lado, dice algo en algún idioma extraño, y entonces responde:

-Lo haré.

Cuando me despierto estoy acostada sobre el suelo. Lo primero que hago es reducir la velocidad en la que sube y baja mi pecho por la pesadilla que tuve. Aspiro y dejo salir el aire unas cuantas veces, incluso mucho antes de poder abrir los ojos por segunda vez y observar todo a mi alrededor. Estoy en la ciudad, en medio de un callejón amplio. No hay botes de basura, nada tirado e incluso sucio. Distingo voces por algún lado y al voltearme todavía en el suelo, veo lo que parece ser una gran fábrica abandonada. Tiene ventanales tapados con alguna cosa oscura, pero sus vidrios están rotos. Las paredes están pintadas con graffitis, dibujos que no puedo ver en la oscuridad. Pero lo que sí alcanzo a ver es la pequeña llama que asciende entre los edificios a un lado.

-Buenas noches.

Retrocedo asustada, gateando. Al darme cuenta de quién es, todo lo que hago es ponerme en pie y pegar mi puño una y otra vez en el pecho del ojiazul. A él parece no dolerle, es más, siento cómo los disfruta. Hace menos de unos cuantos minutos apareció en el baño del boliche armando una pelea como si fuera...magia.

-¡Eres un...!

-Alto ahí, vaquera-dice de golpe. Con un solo movimiento toma mis muñecas y las baja con fuerza. Apenas puedo emitir algún grito, porque también me tapa la boca con una de sus palmas. Me da vuelta y mi espalda choca contra su pecho-Muy bien-dice luego, lentamente-Si sigues gritando, lo único que obtendrás es que te maten antes de tiempo.

Hablo por encima de su tacto. El resultado es todo menos una respuesta coherente.

-Prometo soltarte si te callas.

Sin dudar, lo acepto. Está sacando su mano de mi boca cuando mi pierna se dobla hacia atrás y le doy en la entrepierna. Escucho el quejido lastimero que emana de él, aunque eso no me detiene para salir corriendo a toda velocidad. El error fue haber volteado para ver si me seguía. Pierdo de vista su figura negra y escurridiza y, una vez más en la noche, mi frente toca su tórax firme.

 Daemonium/ Los hijos del Diablo: el comienzoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora