Las tinieblas que consumían mi vista volvieron a mí en noviembre.
Estaba eventualmente en ella, salía y venía. Donde nada se veía y por eso, aunque malo, siempre escogía a las tinieblas como mi hogar. Eran neutras, frías, me entendían. Era un ser lejano del sentir, la ilusión y emoción, simplemente estaba ahí en una constante decisión de quedarme allí o adentrarme en la oscuridad, allá donde se encontraba mi fin.
Un día, como siempre, estaba en mi frío, mal pero necesario aposento; ocurrió algo que me dejó atemorizada. De un árbol aparentemente muerto empezaron a florecer grandes raíces, ¿Acaso ha llegado la primavera a mi helada casa? Estaba desconcertada. Nunca acostumbrada a germinar, tan infertil. En septiembre lo entendí todo, girasoles, maíz. Esto cosechaba mi valle que sólo hace unos meses estaba muerto. Hermoso paisaje, las hojas del árbol eran un café tan profundo, tan secas pero aún así tenían vida. Cómo él.
¡A mi no había llegado la primavera! ¡Era el otoño! ¡El otoño de sus ojos! Ocres, profundos, claros como las hojas y secos como una parte de su corazón. Todo esto me envolvió de una manera inimaginable. El tono ocre del valle, era todo lo que me había enamorado, el tono ocre...sus ojos, un ocre que algunas veces ardía; en septiembre comenzó y en octubre fue la pasión en toda su profundidad, las hojas caídas, las cosechas germinaban como nunca antes, mi corazón iba y venía con el mismo color. La pasión de dos, de un otoño y una tiniebla que sin saberlo era todas las estaciones combinadas. El viento soplaba fuertemente y las hojas se desordenaban cada vez más en mi suelo. Ahí fue cuando llegó la caída final de noviembre. ¡Vuelvan hojas ocres! ¡Por favor! ¡vuelve ocre mío! ¡vuelve mi otoño! ¡vuelve amor mío! Y se fue.
Se fue y también yo me alejé. Amo mi otoño, pero acabó. ¿Por qué otoño no pueden ser todos los meses de un año? ¿por qué no puedo vivir en el otoño de tu alma toda la vida? El viento sopló y sopló, y recordé como una vez aquél hizo puntos cardinales en mi cuerpo, marcó de luz mi corazón y también lo dejó caer como el árbol a sus hojas en otoño, pero, también sostuvo todo en mí, e hizo fértil la infertilidad de mis sentimientos, por ello, cuando cayeron las hojas, yo no podía si quiera odiarlo. Igual, yo tampoco ayudé a recogerlas, pero no sé si él quería tener más otoños conmigo. Este otoño que llegó por primera vez en mi vida, fue todo lo que me ayudó a saber que aún sentía. La madurez no cabe porque fue loco. Mi otoño literario no fue maduro, fue emotivo. Mi otoño representó un despertar y un dormir en mi vida. El otoño ignorado, hermoso pero doloso, era mi eterno amor, el primero. El primero en todos los sentidos, hasta el más inocente al más crudo. El otoño se fue, pero sigo viéndolo y aún es mi amor eterno, el inolvidable.
Volvieron las tinieblas pero aún hay hojas secas en mi puerta y eso, amor, me emociona. Esperaré por ti, esperaré a que el otoño vuelva a mí, no estoy decidida a dejarlo del todo. Vivir en otoño, vivir en tus ojos que ya ni siquiera quieren mirarme cuando antes me reflejaba en ellos. Esperaré por ti, otoño, quizá toda la vida. Aunque es demasiado grande para algo pequeño para como yo. Esperaré por ti otoño hasta que otra estación venga a mí. Serás mi otoño siempre, porque eres lo más semejante a un otoño que conozco. Devastador, hermoso, sentimental pero inexpresivo, pasional. No te digo que te recordaré siempre, pero serás hasta mi muerte mi otoño.No te digo que siempre me gustará el otoño pero me gustará lo que viví en él. No te digo adiós porque de alguna manera aún espero tu llegada. No te digo que siempre te amaré pero te amé con todas mis fuerzas. Quizá no fueron tan potentes para detener los vientos, hice todo lo posible. Quizá venga otra estación y que me quede en ella por siempre, pero siente orgullo por ser el primero. En unos diez años, olvidaré el otoño. Ya lo habré olvidado. Pero por ahora alégrate porque aún en tinieblas yo tenía la valentía de haberte recordado.
Una parte de mí, ya le da igual el otoño, pero la otra se quedó atrapada en su estación. Era feliz incluso cuando yo sólo fui una hoja más en tu árbol, que con tu consentimiento se secó y se cayó. Pero fui feliz, créeme, fui demasiado feliz. Ojalá algún día vengas y seamos felices en esa estación, que sean días eternos en los que el viento será testigo de la fricción de nuestros cuerpos y de nuestros corazones latiendo al compás de uno solo. Era el comienzo de un final que penosamente olvidé. Olvidaba que eso sucedería, y ese fue el error. ¿Quién iba a creer que en tan buen momento todo se desvanecería tan fácil?
Olvidaba que todo en la vida era algo así como una estación pasajera.
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