Jess
Ya han pasado cinco días desde el incidente con mi madre y tan solo nos quedan cuatro para disfrutar de nuestra luna de miel. Admito que extraño a Emma y a Jake, vaya que me hacen falta, y a Dallas igual aunque no lo acepte. Hemos visitado muchísimos lugares como el Museo del Louvre, la Catedral de Notre Dame, el Arco de Triunfo, obviamente la Torre Eiffel, y algunos más. Ha sido la mejor luna de miel, el mejor viaje y con la mejor persona.
Hoy vamos a ir a Disneyland Paris.
Le doy un beso y coloco mis manos en su cuello. Sonríe y me levanta del piso, haciéndome girar un par de veces. De pronto, siento unas náuseas incontrolables y me tapo con una mano la boca y Dallas me coloca en el suelo.
- Dallas.- Intento hablar pero un asco se apodera de mí inmediatamente.
- Amor, ¿estás bien?- Me pregunta preocupado y me revisa la cara como buscando alguna señal.
No consigo responder y corro disparada hacia el baño. Dallas me alcanza y me recoge el cabello. Termino de devolver todo el desayuno y cuando lo miro, está frunciendo el ceño, preocupado. Me acerco al lavabo y me lavo los dientes.
- ¿Segura quieres ir al parque de atracciones? Podemos ir mañana.
- No, Dallas, quiero ir hoy, no me lo arruines por favor.- Hago un puchero y sonríe.
- Si me pones esa cara es imposible decirte que no.- Admite y minutos después salimos del hotel.
Una hora después, por fin llegamos al parque de Disneyland. Estoy tan emocionada, recuerdo que de niña me encantaba subir a la montaña rusa con Jake. No recuerdo cuándo fue la última vez que me subí en una porque desde que mi tía me adoptó, no volví a un parque de atracciones jamás.
- Por Dios.- Se me abre la boca al ver el inmenso castillo frente a mí.
- Es genial, ¿no? - Dice Dallas igual de sorprendido que yo.
Agarramos un par de mapas del parque y empezamos a caminar por ahí. Señalo en el mapa la atracción más grande y mi chico acepta emocionado. Planeamos todo nuestro recorrido y dejamos las tiendas de recuerdos para el final.
- ¿Por qué demonios no nos casamos aquí? - Pregunto y suelto una carcajada al igual que él.
- Porque queríamos que nuestra boda sea cerca de casa para poder terminar en la cama lo más pronto posible.- Me guiña un ojo y me paso la lengua por los labios.
Ni siquiera puedo explicar lo que siento en este momento, es tan fuerte, tan real. Es de las mejores cosas que me ha pasado, este es uno de los momentos en los que me doy cuenta de que no me equivoqué al elegirlo. Lo elegí porque lo necesitaba, porque lo quería, porque se ganó mi corazón, mi amor y se convirtió en mi vida. Dallas es mi vida, y no puedo escapar de ella.
- Debí saber que desde el primer beso me darías problemas.- Comento y me mira con una media sonrisa.
- Vamos aclarando el asunto – reclama – yo nunca quise causarte problemas, tú me causaste problemas a mí.
Acerca su rostro al mío haciéndome sentir su aliento sabor a menta justo sobre mis labios. Me besa con desesperación, sin importarle la gente que nos mira alrededor, sólo somos él y yo en este preciso momento.
El día pasa muy rápido y la obscuridad empieza a inundar el ambiente. Después de hacer un montón de filas y largas esperas, nos dirigimos a la montaña rusa más grande del parque, dejamos lo mejor para final antes de ir a las tiendas de recuerdos.
- Espera.- Le pido mientras subimos un montón de escaleras para llegar.
- ¿Qué pasa?- Me pregunta y me apoyo a la pared, vaya que estoy agotada. – Estás pálida, Jess.
– Estoy bien, creo que es la altura.- Respiro hondo.
- No tengo problema en cargarte, si quieres.- Propone pero me niego de inmediato y continúo.
En el penúltimo piso hay un baño así que entro y de repente siento un leve dolor de estómago. Recuerdo enseguida que entre estos días iba a tener la regla y ruego que no me esté bajando justo ahora. Saco mi celular, reviso la aplicación que utilizo para seguir al pie de la letra mi fertilidad, ya saben, es lo que se debe hacer cuando tienes una vida sexual activa, y veo que se me ha retrasado un par de días pero no me preocupo, suele pasar.
Salgo del baño y sorprendo a Dallas con un beso en la mejilla.
- ¿Todo bien? - Pregunta.
- Sí. - Lo beso rápidamente y luego por fin, hacemos la fila.
Unos minutos más tarde, bajamos del juego y ambos estamos muy contentos.
- ¡Fue sensacional! - Grito,
- Creo que mi corazón va a explotar.- Dice entre risas.
- Definitivamente valió la pena.
Decidimos que es hora de ir de compras y mientras caminamos hacia la salida, pasamos por las tiendas que nos llaman la atención, comprando una que otra cosa de recuerdo. Dos horas después, estamos esperando un taxi en la salida con un montón de fundas. Cuando llegamos al hotel, los botones nos ayudan a cargar todas las bolsas y entramos.
- ¿Agotada? - Pregunta mi chico mientras se quita la ropa para tirarse en la cama.
- Algo.
Me quito las botas y mi abrigo y me acerco a la cocina de la habitación. Agarro unas papas y una jarra de limonada rosa.
- ¿Quieres que pida pizza?
- Sí, por favor.- Le pido sonriendo.
Me miro el anillo en la mano y no puedo evitar sonreír, de pronto, siento de nuevo un dolor en el estómago y esta vez siento que algo anda mal. Vuelvo a entrar en la aplicación y empiezo a analizar la fecha. Abro los ojos como platos al darme cuenta de que leí todo mal.
Dieciséis.
Qué día es hoy, qué día es hoy, qué día es hoy.
Veintisiete.
El corazón se me acelera y empiezo a analizar. La regla tenía que haber llegado ya. Entonces todo va tomando lugar; las náuseas, los cambios de humor, el hambre, la hinchazón en mi estómago.
Ay por Dios.
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Inesperadamente Enamorados
Teen FictionNos equivocamos al decir que nos odiábamos, porque nos amábamos y no lo sabíamos... Dos personas completamente diferentes, Dos caminos distintos que seguir, Dos vidas complicadas que vivir. Destinados a enamorarse, juntos experimentarán cosas que n...