Desesperación

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[...] Y fue así que, viéndose incapaz de huir, en aquella desesperación, decidió que si ella no podía correr se otorgaría a si misma una falsa libertad.

En pos de esto, fabricó su propio laberinto, alrededor de ella, alrededor de su ser; encadenando su corazón en el centro de este. Un laberinto de fuertes y robustos sentimientos, cual antiguos robles; un laberinto de palabras rotas, palabras vacías, palabras sin sentido, palabras lastimeras, palabras tanto ajenas como propias; un laberinto de cadenas autoproclamadas, cadenas que no le pertenecían. Pero, con el pasar del tiempo, se fundieron en su carne y, bebiendo su sangre, se volvieron propias.
En fin, un laberinto infinito, el cual no sólo sirve para encerrarla en su propia libertad, sino para que los curiosos fuegos ajenos se pierdan en él y no logren nunca, a pesar de intentarlo, alcanzar aquél sangrante corazón que decidió olvidar."

Fragmentos InconclusosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora