Capítulo VIII

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—Mi señor, levántese —escuchó Kai, mientras algo lo sacudía suavemente.

—¿Qué ocurre? —dijo incorporándose de un brinco.

—Necesito que se levante, iremos por un permiso de porte de arma.

—Está bien —respondió Kai levantándose de la cama, caminó al baño mientras se frotaba los ojos. «¿Qué hora es?, ¿qué día es? ». Se preguntó mentalmente. Miró en su teléfono, eran las 9: 08 a.m.

Desconcertado, su alteza real príncipe de Lisdan volvió corriendo al centro de la habitación y revisó atentamente todo el espacio. Ya George no se encontraba allí «¿Acaso George se ha vuelto loco?». Le pareció improbable. Cogió su teléfono de nuevo y llamó al número de George.

Eso era más fácil que bajar todas las escaleras y buscarlo por toda la gran mansión. El teléfono tardó un momento en localizar una señal dentro de la enorme habitación. Finalmente empezó a sonar.

Contestó el hombre con acento europeo que era tan parecido al de Kai.

—¿En qué puedo ayudarle, mi señor?

— ¡George! —dijo Kai, aliviado—. Parece que hubo algún tipo de confusión. No entiendo para que vamos por ese permiso.

——No lo creo, señor. Iremos porque usted lo necesita.

—No me gustan las armas —protestó.

—Lo sé, pero se trata de su seguridad. Hay un loco suelto que se atreve a amenazarle, es preciso que lleve una con usted.

—Lo comprendo —susurró. Hubo un silencio en la línea —. Está bien, iremos.

De esa forma fue, Kai solicitó su permiso para porte de arma, debido a su posición privilegiada se le aprobó de inmediato así que George lo llevó a una tienda al centro de la ciudad a comprar la pistola. Él no se sentía tan cómodo de tener que llevar una, no le gustaban. Desde que estuvo en el ejército las odiaba, pero George tenía razón.

Seven era un tipo peligroso y Kai debía estar armado. Después de comprar el arma salieron rumbo a una conferencia. Kai olvidó cancelarle a Julia y ella llegó a la mansión por sus propios medios. Faret autorizó su entrada.

Él iba camino a la conferencia cuando ella llegó. Y no sabía cuánto tiempo iba a tardar, sin embargo; ella decidió quedarse a ver qué podía averiguar.

Cuando comenzó la ponencia, se quedó atento a los puntos expuestos hasta que su teléfono celular no paraba de vibrar una y otra vez. Él trató de ignorarlo, pero la insistencia le llamó la atención

Salió con cautela del lugar y respondió:

—Espero sea importante, porque estoy jodidamente ocupado, Justin.

—No soy Justin, mi señor. Soy Marlon, el asistente que envió la agencia.

»Lo llamo desde el teléfono de Justin para infórmale que han llamado desde Francia, el embajador. Desea verle esta misma tarde en el aeropuerto, claro si Su Alteza desea ir a recogerlo —dijo el hombre americano.

—Claro Marlon, con gusto iré. Gracias por avisarme, dile a Justin que no hace falta que venga a recogerme, iré con George y Samuel que están aquí conmigo.

—Como usted ordene, mi señor.

Kai recibió un mensaje de Justin indicándole la hora de llegada del vuelo donde venía el embajador de Francia, a él le convenía verlo para cerrar un convenio de sus dos países. Francia y Lisdan.

MALO HASTA LOS HUESOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora