¿Habéis visto La Ola? Pues no me da ni la mitad de miedo que despertarme un día y que no esté.
***
-Apuesta por ella, tío -Me aconseja, y me paso la mano por el pelo nervioso.
-¿Por qué debería hacerlo?
-No sé -Suspira desganado-Tú sabrás porque c...
–Eres una fea, ¿sabías?–Me mira mal y me río bajito–Con esos ojos verdes mezclados con marrón...–Sonríe clavándome la mirada e intento aguantársela sabiendo que no puedo–Un flequillito adorable...–Se lo peina y se tapa la cara con las manos. Me río atrayéndola de la cintura–Hueles a...–Hundo la nariz en su pelo–A Marta, no sabría explicar el olor.
–Eres bobo–Se queja y le masajeo la oreja–Y un pervertido de las orejas–Apoyo la cabeza en su hombro y continúa –¿No te molará que te toquen las orejas mientras lo haces, no?–Levanto las cejas sorprendido. ¿Está tía se acaba de poner roja porque le he dicho que me gusta su flequillo? Me está vacilando.
–Claro que sí, ¿Lo dudabas?–Intento sonar lo más serio posible.
–Me estás tomando el pelo.
–¿Yo? ¿Por quién me tomas?–Levanto una ceja y me mira raro.
–A vacilar te vas a tu casa –Se aguanta la risa y se levanta de mi lado–Ahora te quedas solo, por tonto.
–Veeenga... Ven a mi vera...–Le pongo la mejor sonrisa que tengo, esa que derrite a todas. Y me gano su dedo corazón en mi cara–La rubita se ha enfadado...–Se sienta otra vez y hundo la cabeza en su cuello.
–Pues sí... Me habías dado un susto de muerte...–Dejo varios besos en su clavícula y noto como me acaricia el cuello con una delicadeza increíble.
–¿Por qué?–Consigo preguntar, aunque la voz se me amortigua con su piel.
–¡Cómo que por qué!–Coloco mi mano derecha en su cintura y la atraigo más a mi–Pensaba que te iban cosas raras–Se ríe vergonzosa–Que te toquen las orejas mientras haces el amor no es algo normal, Dani–Me río en su cuello porque mi mente no se imagina a una Marta diciendo «Follar», «Tirármela», «echar un polvo»... Es tan dulce e inocente que me la comería a besos.
–¿No serías capaz de hacer eso por mí?–Le chincho, y niega rotundamente–Vaya decepción...–Subo los besos desde su cuello hasta la mejilla y acabo besándola despacio en los labios–Yo que ya me lo había imaginado y todo.
–¡Dani! ¡Dios!–Se ríe y me coge de la cara para obligarme a esconderme en su cuello y que no la mire–No me vaciles más...–Susurra, y decido por su tono de voz que ya está, que también necesita que le hable enserio.
–Vale bonita, ¿me perdonas?–Hago un puchero mirándola y se ríe dándome un puñetazo en el hombro–No me va eso de las orejas–Me acerco a su oreja izquierda sonriendo–Aunque la tuya parece comestible... A ver...–Muerdo despacio el lóbulo mientras se ríe a carcajada limpia sin retirar sus manos de mi espalda–Es de las mejores orejas que he probado...–Rueda los ojos–Lo de morder orejas mientras echo un polvo me va, ¿eso me lo perdonas?–Se ríe y la imito. Es tan bonita que me da miedo por si la toco y la rompo, madre mía, esto no debe ser bueno–¿No te gusta?
–No me lo imagino, Dani, ya está –Comenta sincera y dejo un beso en su mejilla.
–Pues yo sí –Levanta las cejas–¿Quieres que te cuente al detalle lo que está pasando por mi mente?–Le miro con una cara de pervertido que le hace reír como nunca y me pega una colleja.
–¡Suficiente por hoy, niño salido!–Le muerdo la mejilla y me acaricia el pelo con una sonrisa.
–Ya lo siento... No puedo evitarlo...–Se muerde el labio y no puedo evitar bajar mi vista hacia ellos–Muchas burradas me estoy aguantando decirte–Susurro cerca de sus labios y noto que cada palabra le afecta, y me encanta.
–Aguántatelas de momento–Me pide bajito antes de besarme. Y sé que lleva razón, que me tengo que controlar y no tratarla como si fuera cualquiera de las tías con las que he estado. Porque no es así. No sé porque pero no es así.
–Eres muy bonita, ¿Te lo he dicho ya?–No le dejo contestar porque le cojo la cara con las manos para tener un acceso directo a sus labios.
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Y no sé cuanto rato la beso, pero el timbre me hace salir de esa nube que ha creado ella.
–Será Raquel...–Susurra triste al darse cuenta que me voy a tener que ir. Yo tampoco quiero irme, jo.
–Voy yo...–Pulso el telefonillo y oigo a Raquel reírse.
–¡Ya lo siento Danielín! Pero es hora de que te pires, ahora Marta es toda mía.
–Eso habrá que hablarlo...—Contraataco y sonrío con ternura a Marta mientras se acerca a mí –¿Está lloviendo?
–Así es, bro. Tu moto se va a quedar aquí y mañana vienes a por ella, ¿sí?–Asiento y digo que ahora bajo.
–¿Moto?–Pregunta sorprendida metiendo su manita instintivamente dentro de mi camiseta y acariciando mi espalda.
–Una historia muy larga...–Susurro, y sonríe el notar un escalofrío por mi parte –Hace frío –Miento. Tengo un calor de la hostia.
–Será el frío...–Se mofa, y le beso los labios para que se calle–Mañana cuando vengas a por la moto me avisas–Pide al separarse–Y me despido, que os vais a Santander–Asiento medio sonriendo–Yo tengo una casita allí, no sé cuando iremos.
–¿Sí? Mis padres querían pillar una por algún pueblo de por allí, a ver si coincidimos, eh...–Me río porque sabemos que es imposible y me abraza.
–Hasta mañana entonces –Sonríe contra mi pecho y le dejo un beso en la coronilla.
–Hasta mañana, niña pervertida tocadora de orejas...
–¡Habló!–Se separa de mi dejándome un besito en los labios y otro en la mejilla y abre la puerta para que salga–Venga, no rechistes más –Se ríe y salgo al rellano.
–Me quedaría aquí para siempre, lo sabes, ¿no?–Sonríe tiernamente y niega.
–No tengo Play ni sé hacer mussaka, así que morirías.
–He cambiado de comida favorita –Levanta las cejas y me siento un cursi.
–¿Ah, sí?
–Pero te la digo otro día mejor–Se ríe y asiente.
–Hoy no quieres perder más el orgullo, ¿No, Oviedo?–Asiento riéndome y le beso la frente antes de llamar al ascensor y empezarla a echar de menos.
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